En nombre del padre (y VIII)

Nancy Sinatra & Frank Sinatra

Una dueto perfecto

Nadie le dijo a Nancy que fuera fácil ser la hija de Frank Sinatra, uno de los grandes mitos de la historia de la música del siglo XX, y por qué no también de la del cine, teniendo en cuenta los dos Oscar que ganó, especialmente el de mejor actor secundario por su extraordinario papel en De aquí a la eternidad (1953).

A pesar de que siempre reconoció que era su «hija favorita» —aunque nunca dejó de lado a Frank y Tina, sus otros dos hijos, también nacidos de su primer matrimonio con Nancy Barbato—, nadie le advirtió de que fuese sencillo mantener una relación estable y convencional con alguien no solo tan carismático y famoso como él, sino también tan controvertido, a quien, además, perseguía una especie de leyenda negra que poco a poco se fue forjando a su alrededor y que ya nunca lo abandonaría.

Sus cuatro matrimonios —con Nancy, Ava Gardner, Mia Farrow y Barbara Max—, amén de las numerosas relaciones sentimentales que la prensa de todos los colores, ya fuera rosa, blanca, negra o amarilla, le atribuía, fueran o no ciertas, son solo una parte de su enrevesada vida. A ello hay que añadir, además, sus supuestas «amistades peligrosas» con destacados miembros de la mafia, como Sam Giancana o Lucky Luciano, nada menos; su estrecha vinculación con el «Rat Pack» («Pandilla de ratas»), el grupo de actores y músicos estadounidenses que en los años 60 se organizó alrededor de Sinatra, y del que formaban parte personajes tan famosos del mundo del espectáculo como Dean Martin, Sammy Davis Jr., Joe Bishop y Peter Lawford, entre otros; y sus también supuestos devaneos con el alcohol y las drogas. Bueno, sin olvidar, por supuesto, la «cara A» de su vida, o sea, el clamoroso entusiasmo que provocaba cada vez que se subía a un escenario o protagonizaba una película, y los millones de fans incondicionales que tuvo a largo de su carrera artística, y que necesariamente hacía que nada en «La Voz», el apodo con el que era popularmente conocido, y aún hoy día sigue siéndolo, fuera «anónimo» ni pasara inadvertido.

A pesar de todo eso, y de muchas más cosas que sería difícil resumir en unas cuantas líneas, para Nancy su padre siempre fue «un ser humano muy especial». Incluso, aunque la temprana separación de sus padres marcó para siempre a la familia y las relaciones entre ellos, «solo puedo decir —afirma sin la más mínima duda— que siempre estuvo ahí cuando lo necesitamos. Nunca nos falló. Aunque viviésemos en hogares diferentes, siempre podías contar con él. Tuve muchos amigos cuyos padres vivían juntos y nunca podían contar con ellos. Ese nunca fue nuestro caso».

Para ella, su padre «era cariñoso, generoso, divertido, fuerte… Se preocupaba por todos y lo daba todo por los que lo rodeaban». Es más, a pesar de los ya más de veinte años transcurridos desde su fallecimiento, cuando alguien le pregunta por su padre, Nancy continúa respondiendo lo mismo: «Nunca he conocido a nadie como él en mi vida, ni creo que vaya a hacerlo». Por eso, añade sin titubeos, «cuando se trata de alguien así es más difícil acostumbrarse a su ausencia». Y es que a Nancy le resultó muy difícil superar la pérdida de su padre. «Todavía hoy —reconocía no hace demasiado— no me acostumbro. Aún le echo mucho de menos. Siempre pensé que llegaría a los cien años… Echo de menos poder descolgar el teléfono y llamarle, oír su voz respondiéndome, hablándome sobre las cosas que me preocupan, dándome consejo».

Está claro que nadie le dijo a Nancy que fuera fácil ser la hija de Frank Sinatra, «el viejo de ojos azules», el otro apodo con el que también se le conocía, pero tampoco le dijo nadie que llegaría a quererle tanto, como seguramente nadie le dijo alguna vez que incluso llegaría a ser cantante, como su padre, lo que hizo que el vínculo emocional que había entre ambos fuese cada vez más estrecho. Eso sí, siempre siguiendo el consejo que su padre no dejaba de darle: «No sigas mi camino, no me copies». Como ella misma cuenta, «él quería que tuviese mi propio estilo, y que la gente me admirase por lo que yo consiguiera, no por ser su hija. Y gracias a eso fui poco a poco encontrando mi propio estilo, lo que de verdad quería hacer. ¡Y funcionó! Y él siempre estuvo allí para apoyarme».

Desde luego, si hubiese que resumir de alguna manera la intensa relación que hubo entre Nancy y Frank Sinatra, lo mejor sería echar mano del álbum Sugar que ella grabó en 1967, y escuchar «Something Stupid», la canción que interpretó a dúo con su padre y que tuvo un fantástico éxito. Después de oír este precioso tema, que sigue teniendo la virtud de emocionar, seguro que es mucho más fácil entender el cariño que había entre ambos y por qué nada pudo romper el vínculo que existía entre padre e hija. ¡Pero si hasta el estribillo de la canción lo deja bien claro cuando repite: «Te quiero; te quiero; te quiero»!

Tienes más historias de paternidad en mi libro «¡Gracias, papá!» (Plus es más, 2019)

https://elretrovisorblog.wordpress.com/2019/02/26/gracias-papa-ya-a-la-venta/#more-2022

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