Canción de los mares

¡Navega, ligera navega, navega siempre hacia adelante, que la mañana es muy corta y la mar muy grande! Una canción salpicada de espuma, con un coro de gaviotas, aviva sus intentos por alcanzar el final de su locura. ¡Bajo el espléndido sol de la tarde qué enorme se ve la vida y qué furtiva mi destrozada alma! Solo el viento acompaña su huida de la memoria amarga, y solo él le da sosiego sobre la mar en calma.

Velero, pequeño velero, de día te adentras por las temidas corrientes; de noche te acunan los susurros del cielo. Velero fantasma, romance nocturno, a mi alma la lleva hasta lo invisible del mundo. Sueño de corazones anchos, de infiernos estrechos, una canción lejana se anida en su pecho.

Subida en los mares del destino, el blanco velero se busca a sí mismo. Mi alma le ha puesto rumbo a lo incierto, y en sus velas de escarcha un lazo de terciopelo. ¡Cómo navega la barca, cómo se enciende mi alma! La canción de los mares alumbra sus esperanzas y al oído le susurra: ¡navega, ligera navega, navega siempre hacia adelante, que la mañana es muy corta y la mar muy grande!

Texto extraído del libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, 2016), página 73

https://www.casadellibro.com/libro-el-delirio-de-la-palabra/9788416705214/2993558

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