Aquel maldito escalón

Tropecé con aquel maldito escalón justo al tratar de subir al autobús. No fue nada, solo una caída tonta. Me levanté sin más y logré entrar en él, pero ya no estaba. ¡No me lo podía creer! Juraría que apenas unos segundos antes la había visto sentada junto a la ventanilla. Hacía diez años que no sabía nada de ella, pero era imposible no reconocerla, no oler su delicada presencia aunque fuera de lejos.

Durante todo este interminable tiempo la había estado buscado desesperadamente. Solo quería decirle que nunca dejé de amarla, que seguía sintiendo su respiración, el brillo de su mirada clavada en la mía, que sin ella mi corazón había dejado de latir y que yo andaba perdido en un laberinto sin salida. Pero aquel maldito escalón hizo que volviera a desaparecer de mi vida y que, sin ella a mi lado, la herida que me había provocado su ausencia continuara desangrándose.

PD

A veces, en nuestra vida debemos sortear obstáculos insignificantes que pueden hacerla cambiar para siempre.

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