Llévate

Llévate mi razón si quieres

o llévate mis sueños.

Si quieres, llévate mi esperanza

o llévate mis anhelos.

 

Llévate mis alas si lo deseas

o llévate mis vuelos.

Si lo deseas, llévate mi destino

o llévate mis silencios.

 

Llévate mi reino si quieres

o llévate mi cielo.

Llévate mis ansias

o llévate mis miedos.

 

Llévate mi pecho si lo deseas

o llévate mi desvelo.

Si lo deseas, llévate mis suspiros

o llévate mi tiempo.

 

Llévate mi vida

o llévate mi cuerpo,

pero no me apreses el corazón

y con él huyas,

que si he de dejar de amarte

prefiero dejar de ser.

En nombre del padre (y VIII)

Nancy Sinatra & Frank Sinatra

Una dueto perfecto

Nadie le dijo a Nancy que fuera fácil ser la hija de Frank Sinatra, uno de los grandes mitos de la historia de la música del siglo XX, y por qué no también de la del cine, teniendo en cuenta los dos Oscar que ganó, especialmente el de mejor actor secundario por su extraordinario papel en De aquí a la eternidad (1953). Sigue leyendo

En nombre del padre (VII)

Juan de Austria, «Jeromín» & Carlos V

Presentación de don Juan de Austria al emperador Carlos V en Yuste (1868), de Eduardo Rosales

Una historia muy «real»

Mucho se ha escrito sobre «Jeromín», aquel niño de «padres desconocidos» que, allá por mediados del siglo XVI, muchos veían corretear por las calles de la localidad madrileña de Leganés, y que con el discurrir del tiempo acabaría convirtiéndose nada menos que en Don Juan de Austria, destacado militar y diplomático que llegó a ostentar los cargos de Gobernador de los Países Bajos españoles y comandante de la Santa Liga de Estados, lo que hizo de él uno de los hombres más poderosos y afamados de su época y hasta un auténtico héroe nacional, dado su decisivo papel en la célebre batalla de Lepanto. Sigue leyendo

En nombre del padre (VI)

Margaret Hilda Thatcher & Alfred Roberts

Margaret Thatcher y su padre Alfred Roberts

A imagen y semejanza

Si hubiese que elaborar una relación de los personajes más influyentes del siglo XX, está claro que en ella no podría faltar Margaret Hilda Roberts; o sea, Margaret Thatcher, como fue popularmente conocida después de adoptar el apellido de su marido, Denis Thatcher, un rico y brillante empresario británico con el que contrajo matrimonio en diciembre de 1951. Sigue leyendo

Me enamoro

Ilustración: Kalhh

Me enamoro del aire,

del viento que agita mis sueños,

de un espacio de cielos abiertos,

de una noche de fuego ardiendo,

de una mujer revolviéndose

como un mar de confusión.

 

Me enamoro del tiempo

que el tiempo no alcanza,

de trigales sembrados de rosas,

de horizontes que no llego a ver,

de una mujer distante

habitando el vacío.

 

Me enamoro de un quejido,

de la voz del silencio,

del orgullo del destino,

de la quebrada de la vida,

de una mujer de fuego

que abrasa mis sentimientos.

 

Me enamoro de la ansiedad,

de un clarear de ojos cerrados,

de una farsa simulando ser verdad,

de una duda inocente,

de una mujer amiga,

amante ajena.

 

Me enamoro de un instante,

de un instante me apasiono,

de un vano querer,

de un camino intrigante,

de una mujer que sufre,

que lamenta por otro ser.

 

Me enamoro de la espera,

de una senda sin retorno,

de un susurro al corazón,

de una puerta entreabierta,

de una mujer oculta

que no acierto a descubrir.

 

Me enamoro de una sombra,

de un sollozo escondido,

de un perfil impenetrable,

de un encuentro perdido,

de una mujer jugando a ser tuya,

para acabar siendo nada.

 

Diálogo entre la hija y la madre

Palabra de escritor

Ilustración extraída del blog «Mi pequeño gran mundo» http://simplementemipequenogranmundo.blogspot.com

Siento aproximarse la noche

envuelta entre quejidos y sombras.

No temas, mi vida,

que no he de abandonarte

ni despierta ni dormida.

Tendrás que arrullarme

con tu voz de terciopelo

para que despacio me adentre

en la quietud del sueño.

Cuando llegue la hora señalada,

te susurraré al oído

una dulce y enamorada nana.

¿Y si el frío

de mi corazón se apodera?

Le diré al dios de los cielos

que envíe el fuego de una estrella.

¿Y si la oscuridad

prende el miedo en mi cuerpo?

Encenderé los luceros que habitan

en las entrañas del firmamento.

En tu regazo, madre,

los sueños se he me harán eternos.

Y si así no fuera,

acosaría a la noche

hasta dar con ellos.

Ahora sé que a tu lado

se acallarán mis temores.

Deja que te mire,

deja que te adore,

deja, mi…

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La cuenta atrás

Palabra de escritor

Foto: Pxhere

Diez, nueve…

Siento que ha empezado

la cuenta atrás,

pero no sé cómo parar el tiempo.

No sé si podré

adueñarme de él

o si ya no me pertenece.

Ocho, siete…

Siento que se me escurre

entre los dedos de las manos,

que fluye por las venas

de mi cuerpo

sin que pueda

atraparlo de nuevo.

Seis, cinco…

Cuando miro hacia atrás,

veo todo mi mundo

desvaneciéndose en

un horizonte infinito

sin límites ni distancias

que no acierto a reconocer con claridad.

Cuatro, tres…

Cuando miro hacia delante,

me ciega una pared tapiada de espanto

que silencia mi voz,

mi corazón y mi mirada,

enredándome en un laberinto oscuro

que solo conduce al vacío.

Dos, uno…

Ahora que la cuenta atrás

parece acelerarse

de manera inexorable,

ya no entiendo de horas,

de minutos ni segundos,

de instantes ni pausas.

Ahora que el tiempo

se va lentamente deteniendo,

no…

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En nombre del padre (V)

Aleida Guevara & Ernesto «Che» Guevara

Foto: Fundación UMMEP

Amor en la ausencia

Aleida Guevara es una pediatra cubano-argentina a la que su nombre la delata enseguida. Si se apellidara de otro modo, es más que probable que solo supieran quién es las personas de su entorno, o sea, sus familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Sin embargo, el apellido «Guevara» hace que de inmediato se la relacione con Ernesto «Che» Guevara, uno de los personajes más emblemáticos del siglo XX, conocido sobre todo por su activa participación en la Revolución cubana, lo que inevitablemente hace que su figura despierte grandes pasiones a favor y en contra. Sigue leyendo

Granada la roja

Yo sé que tienes el cuerpo

tendido bajo la nieve,

la mirada erguida,

los pechos ardientes.

Yo sé que tu pelo verde

se enreda entre vagas sombras,

mientras un fino hilo de agua

recorre tu cuerpo a solas.

Yo sé cómo emerges en la bruma,

izada en un barco de piedra,

surcando el alma de las horas

cuando tu torre de la vela se despliega.

Ya sé que tu boca brama

un grito de espuma roja,

como si te abrieras las venas

con alfileres de nácar.

Ya sé, luz de tinieblas,

cómo el brillo de tus huellas

asustado resplandece

cuando el sueño amargo te desvela.

PD

«La Alhambra y Sierra Nevada», el precioso cuadro que ilustra este poema, es de la pintora británica afincada en España Margaret Merry, cuyos dibujos de Granada pueden verse en su magnífico blog https://paintingsofgranada.wordpress.com