Canción a Granada

Palabra de escritor

Ilustración: «La Alhambra desde la calle Victoria», acuarela de Margaret Merry
https://paintingsofgranada.wordpress.com

¡Cómo te siento, Granada, cómo escucho el plenilunio de tu cielo infinito, el rumor de tus lágrimas debatiéndose entre fuentes y esquinas, en las callejuelas estrechas y dolientes que conducen a la entraña de lo desconocido! ¡Ay Granada, furtiva y eterna! ¿Qué tiene tu cuerpo que, al amanecer, se quiebra como los suspiros del viento?

Granada, flor naciente, cintura liviana y dormida, cada vez que la luna tiembla se escuchan tus pasiones y tus miedos. Lejana, siempre lejana. Próxima, siempre cercana: no llores, Granada, que tus penas se adentran en el fondo de mi alma. Luz encubridora, contorno amaneciendo en el corazón de los umbrales, inmenso sueño, envolvente, sumiso, total.

¡Granada, ay Granada, la noche en tus ojos es una estrella ardiendo! En ti vivo, Granada, en ti sufro durante tus largas agonías a la orilla de la…

Ver la entrada original 180 palabras más

Canción de la muerte

Palabra de escritor

Dibujo: Pretty Sleepy Art

Muero, mi amor, y muero, por lo que no debería morir. Muero al sentirte cerca y no poderte decir, decirte que muero y muero al encontrarme sin ti. Muero en la noche negra, muero en tus negros ojos. Muero en tu mirada blanca, muero en tu blanco cuerpo. Muero, mi niña, muero de tanto amarte en silencio. La canción de la muerte redobla en los redondos tambores del viento. Muero, que muero y muero, cuando tus labios se callan los dulces besos que yo quiero.



Muero en tus sollozos ahogado, muero en la ausencia de tus brazos. Muero, muriendo muero, cuando llamo a las puertas de tu vida y no respondes ni suspiras. Muero, que sé que muero, porque en las heladas noches de invierno ocultas tus ardientes pechos para que mis manos no los encuentren. Muero, despacio muero, que la muerte me espera y su…

Ver la entrada original 30 palabras más

Canción dolida

Ilustración: Natalia Lavrinenko

¡Cómo no he de amarte, dímelo tú, fuego de mi sombra, sabiendo que aún existes a mi lado! ¿A quién he de ofrecer mi corazón y mi cordura, si al mirarla recostada sobre mi pecho, lo siento lleno de ti?

No pretendas que otros ojos arrullen mi sueño, cuando tú eres mi paz y mi sosiego, el horizonte en el que ha de renacer mi crepúsculo apagado. ¿Por qué he de huir de tus cadenas si anhelo que tus labios esclavicen mi libertad?

Escucha, hermosa paloma, cómo mi voz se desgarra en el abismo de los silencios, y en su pasión anida esta amorosa canción. Le pone alma y le pone versos, un pétalo de rosa encendida y cientos de palabras ardiendo.

Miedo me da quererte tanto. Si por mí fuera, no permitiría ni que el sol existiera; me bastaría tu acalorado fulgor para que en mí brotasen raíces y vida.

¡Calla, no digas nada! Solo mírame como tú sabes mirarme, sumergiéndote hasta lo más recóndito de mis entrañas, donde las esperanzas parecen rebelarse contra el asedio de tus espadas. Nunca ceses de adormecer tus ojos sobre mis ansias. Aunque angustiosamente haya de pretender olvidar tu presencia, mi firme sabiduría entiende que solo tú eres mi eternidad.

¡Ahora, dame la mano y deslízala dulcemente sobre la mía! Siente cómo mi alma tiembla de miedo, mi rostro no acierta a disimular su incontenible espera. ¡Tanto tiempo aguardando, que parece haberse agotado hasta el más diminuto de los segundos!

Y sin embargo, ¿qué he de hacer si de mi lado te alejas, si me das la espalda y pones rumbo a la ausencia? ¿Qué habrá de pasar en el tiempo inmediato, en las horas que sucedan a tu despedida? Tal vez haya de perecer como los fieles enamorados, presa de un trágico solivianto o quién sabe si las estrellas dejarán de respirar destellos iluminados, para abandonar mi vida a la intemperie de una noche infinita.

¿Y aún puedes pretender que no haya de amarte, cuando esta dolida canción se estremece al saber que puedas oírla? Mi pasión, mi fuerza, mi sendero, mi alma; aunque el amor no fuera sino una fábula incierta, mi frágil corazón habría inventado la más ardiente manera de quererte.

Texto incluido en el libro «El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud» (viveLibro, 2016)

¿Por qué?

Palabra de escritor

Ilustración: Kalhh

No quisiera morir en mí mismo sin antes intentar luchar por alguien, por ti quizá, si de verdad el destino acabase mediando entre nosotros, introduciéndonos en su diminuto mundo mágico, que en una décima de segundo es capaz de cambiar cualquier rumbo y aliviar el más extenuante cansancio.

Querría dejar de vivir por mí y para mí, sabiendo que detrás de alguna esquina invisible me esperas impaciente a que llegue, sollozo ligero que sería imposible apaciguar, borrando la cálida turbación que invade hasta en el último rincón de mi cuerpo.

Desearía, imposible razón, que secaras con toda la delicadeza de tus manos el sudor frío de mi frente, mientras un inimitable trasfondo de memoria comienza a renacer confundiendo la edad y el tiempo.

Desearía tenerte siempre junto a mí, obligándome con más fuerza que nunca a seguir manteniendo el persistente inconformismo de hoy para vislumbrar un futuro lejano…

Ver la entrada original 48 palabras más

Tiempo de silencio

Palabra de escritor

Ilustración: Sara Molina

Se me fue el tiempo. Ni siquiera me despedí de él. Antes de que pudiera darme cuenta, ya se había ido sin decir una sola palabra. Es posible que en ese momento estuviera distraído o quizá mi mente anduviese perdida en la nada, pero su marcha me pilló a traición, con el paso cambiado y el corazón a punto de dejar de latir.



Al principio no supe cómo reaccionar. Todo me resultó muy extraño. En realidad, tuve la impresión de que nada había sucedido, de que todo aquello solo era un breve intermedio que pronto tendría continuación. Pero a medida que se fueron sucediendo los minutos, las horas y los días, empecé a sentir un gélido vacío apoderándose poco a poco de mí. Noté como si el aire estuviera cargado de un delirio sofocante y el rumbo de mi vida hubiese girado hacia no se sabe dónde…

Ver la entrada original 352 palabras más

Canción de sirena

Palabra de escritor

Dibujo: Sergei Tokmakov

Allá en las orillas de un mar embrujado hay pescadores de sueño y caracolas de espuma. Los revuelos del viento de alzan hasta la altura de las alturas, y luego descienden posados en las alas de una gaviota. Hay una ingenua claridad de luces despiertas; sin duda ha comenzado a amanecer en la dorada cuna de la montaña. Se desvelan las aguas enlutadas en la noche, los peces coloreados de tanto contemplar el sol, y una sirena con trenzas de oro entona una llamada de amor en una lágrima huyendo.



Cerca de los lejanos trigales vaga una canción envuelta en encajes de estrellas. Se dice que no es de nadie, que su corazón no existe. Ella se mira en el espejo de la tarde y, como el quebranto de sus ojos, se revuelve entre las ramas del aire, donde los jilgueros la acarician poniéndole en el alma…

Ver la entrada original 121 palabras más

La llegada de Sara

Palabra de escritor

Nos habían dado día y hora, como el que reserva una mesa en un restaurante, de modo que el «efecto sorpresa» se había perdido por completo: nada de roturas de agua, nada de sobresaltos nocturnos, nada de preparativos improvisados, nada de volantes sin sellar, nada de contracciones incontrolables… Aun así, las fechas previas al «día H» las vivimos con la lógica inquietud y, al mismo tiempo, con el deseo de que todo acabara cuanto antes. Al fin y al cabo, el embarazo se había hecho interminable, con demasiadas complicaciones desde el principio que parecían no fueran a resolverse nunca.



En busca del «del paquete»

Pero, finalmente, a las nueve en punto de la mañana, ahí andábamos mi mujer y yo camino de la clínica, con la maletita en la mano y el corazón repartido entre nuestro hijo Alejandro, de ocho años, a quien, cómo no, habíamos dejado con sus abuelos…

Ver la entrada original 763 palabras más

Canción a Isabel

Palabra de escritor

Aún me siento palidecer cuando me miras, como un huracán envuelto en luces blancas. Sé que la noche es tuya y, sin embargo, trato fugazmente de apresarla subido a las ráfagas cálidas de tu cuerpo. Me dejo llevar en el fondo de tu espuma brava, cuando a borbotones se desata desde la entraña de ese pozo misterioso y negro que en ti se agita y duerme. Todavía amanezco en tu luz y muero en tu ausencia; te digo que eres el alma de las cosas y la esperanza que asciende por mis venas como un arroyo verde anhelando escuchar el rumor de los mares. Sin ti no existe ni la espera ni el deseo; ni las voces del alba ni los sueños que en mí se enredan bajo el palio oscuro de la madrugada eterna. Por ti lucho en el infierno, en el fuego ardiente y crepuscular, en el vértigo…

Ver la entrada original 105 palabras más

Canción de los mares

Palabra de escritor

Ilustración: Denis Azarenko
Imagen: Denis Azarenko

Sobre un velero cargado de dudas desesperada mi alma navega tras sus ansias desnudas. Surca las infernales olas, peinadas con tirabuzones y, cuando llega hasta el último aliento, se descubre flotando en un mar de girasoles. Se despliegan las luminosas velas que la bruma acaricia, se disuelve la niebla que en el aire agoniza. Mi alma se siente libre e inmensa, tan distante de sus baldíos amores, tan lejos de sus terribles pesares.



¡Navega, ligera navega, navega siempre hacia adelante, que la mañana es muy corta y la mar muy grande! Una canción salpicada de espuma, con un coro de gaviotas, aviva sus intentos por alcanzar el final de su locura. ¡Bajo el espléndido sol de la tarde qué enorme se ve la vida y qué furtiva mi destrozada alma! Solo el viento acompaña su huida de la memoria amarga, y solo él le da sosiego sobre…

Ver la entrada original 144 palabras más

Canción de la muerte

Dibujo: Pretty Sleepy Art

Muero, mi amor, y muero, por lo que no debería morir. Muero al sentirte cerca y no poderte decir, decirte que muero y muero al encontrarme sin ti. Muero en la noche negra, muero en tus negros ojos. Muero en tu mirada blanca, muero en tu blanco cuerpo. Muero, mi niña, muero de tanto amarte en silencio. La canción de la muerte redobla en los redondos tambores del viento. Muero, que muero y muero, cuando tus labios se callan los dulces besos que yo quiero.