Canción de sirena

Palabra de escritor

Dibujo: Sergei Tokmakov

Allá en las orillas de un mar embrujado hay pescadores de sueño y caracolas de espuma. Los revuelos del viento de alzan hasta la altura de las alturas, y luego descienden posados en las alas de una gaviota. Hay una ingenua claridad de luces despiertas; sin duda ha comenzado a amanecer en la dorada cuna de la montaña. Se desvelan las aguas enlutadas en la noche, los peces coloreados de tanto contemplar el sol, y una sirena con trenzas de oro entona una llamada de amor en una lágrima huyendo.



Cerca de los lejanos trigales vaga una canción envuelta en encajes de estrellas. Se dice que no es de nadie, que su corazón no existe. Ella se mira en el espejo de la tarde y, como el quebranto de sus ojos, se revuelve entre las ramas del aire, donde los jilgueros la acarician poniéndole en el alma…

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La llegada de Sara

Palabra de escritor

Nos habían dado día y hora, como el que reserva una mesa en un restaurante, de modo que el «efecto sorpresa» se había perdido por completo: nada de roturas de agua, nada de sobresaltos nocturnos, nada de preparativos improvisados, nada de volantes sin sellar, nada de contracciones incontrolables… Aun así, las fechas previas al «día H» las vivimos con la lógica inquietud y, al mismo tiempo, con el deseo de que todo acabara cuanto antes. Al fin y al cabo, el embarazo se había hecho interminable, con demasiadas complicaciones desde el principio que parecían no fueran a resolverse nunca.



En busca del «del paquete»

Pero, finalmente, a las nueve en punto de la mañana, ahí andábamos mi mujer y yo camino de la clínica, con la maletita en la mano y el corazón repartido entre nuestro hijo Alejandro, de ocho años, a quien, cómo no, habíamos dejado con sus abuelos…

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Canción a Isabel

Palabra de escritor

Aún me siento palidecer cuando me miras, como un huracán envuelto en luces blancas. Sé que la noche es tuya y, sin embargo, trato fugazmente de apresarla subido a las ráfagas cálidas de tu cuerpo. Me dejo llevar en el fondo de tu espuma brava, cuando a borbotones se desata desde la entraña de ese pozo misterioso y negro que en ti se agita y duerme. Todavía amanezco en tu luz y muero en tu ausencia; te digo que eres el alma de las cosas y la esperanza que asciende por mis venas como un arroyo verde anhelando escuchar el rumor de los mares. Sin ti no existe ni la espera ni el deseo; ni las voces del alba ni los sueños que en mí se enredan bajo el palio oscuro de la madrugada eterna. Por ti lucho en el infierno, en el fuego ardiente y crepuscular, en el vértigo…

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Canción de los mares

Palabra de escritor

Ilustración: Denis Azarenko
Imagen: Denis Azarenko

Sobre un velero cargado de dudas desesperada mi alma navega tras sus ansias desnudas. Surca las infernales olas, peinadas con tirabuzones y, cuando llega hasta el último aliento, se descubre flotando en un mar de girasoles. Se despliegan las luminosas velas que la bruma acaricia, se disuelve la niebla que en el aire agoniza. Mi alma se siente libre e inmensa, tan distante de sus baldíos amores, tan lejos de sus terribles pesares.



¡Navega, ligera navega, navega siempre hacia adelante, que la mañana es muy corta y la mar muy grande! Una canción salpicada de espuma, con un coro de gaviotas, aviva sus intentos por alcanzar el final de su locura. ¡Bajo el espléndido sol de la tarde qué enorme se ve la vida y qué furtiva mi destrozada alma! Solo el viento acompaña su huida de la memoria amarga, y solo él le da sosiego sobre…

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Canción de la muerte

Dibujo: Pretty Sleepy Art

Muero, mi amor, y muero, por lo que no debería morir. Muero al sentirte cerca y no poderte decir, decirte que muero y muero al encontrarme sin ti. Muero en la noche negra, muero en tus negros ojos. Muero en tu mirada blanca, muero en tu blanco cuerpo. Muero, mi niña, muero de tanto amarte en silencio. La canción de la muerte redobla en los redondos tambores del viento. Muero, que muero y muero, cuando tus labios se callan los dulces besos que yo quiero.

La más alta cima

Palabra de escritor

Ilustración: Pixabay

La arena del reloj celeste a veces se duerme en su propio sueño, alargando hasta lo imposible su último segundo misterioso. Deja, poco a poco, impacientar mi deseo de que una brisa cualquiera asome a través del ventanal resplandeciente y me anime a volar con ella hacia la abierta inmensidad de un universo aún por descubrir.

Desde lo alto, desde la cima más dibujada en el aire, he de observar caminos indescifrables, gigantes de humo, enanos de piedra, solitarios y mudos, que tratan de agitarse empujando sus vidas. No me sentiré ni más ni menos, ni alto ni poderoso. Solo pretenderé asomarme entre nubes hacia la confusa insolencia de un mundo que parece querer alejarme de ti. Volaré solo si es preciso, cubierto de lluvia, nieve o viento, hacia la luz, hacia un planeta con un infinito horizonte.

Si en un destello de suerte buscada pudiera adivinar tu…

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Un país lejano y próximo

Palabra de escritor

Cuando llegué a Madrid a mediados de los 60, después de haber pasado buena parte de mi infancia en Noruega, tuve la sensación de haber aterrizado en lugar ajeno, al que no pertenecía, en el que todo me resultaba extraño: el laberinto de calles con olor a gallinejas y vermú con sifón del barrio de Lavapiés al que nos trasladamos a vivir, las gentes con todos los acentos que lo poblaban, sus tiendas de ultramarinos todavía con decorados de posguerra…, e incluso el español, que era como mi segunda lengua.

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Canción a solas

Palabra de escritor

«Los amantes» (1928), de René Magritte (Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York)

Tú, tan solo tú, un anochecer suspirando y yo. Tú y yo, un espacio adormecido jugando entre ambos, el aire leyendo la despedida de la tarde. A solas tú y yo. Tímidamente a solas, entre paredes temblando como rosas de papel, tendidos nuestros corazones al pie de un rincón incendiado por una pasión llorando a solas.

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Aquel maldito escalón

Tropecé con aquel maldito escalón justo al tratar de subir al autobús. No fue nada, solo una caída tonta. Me levanté sin más y logré entrar en él, pero ya no estaba. ¡No me lo podía creer! Juraría que apenas unos segundos antes la había visto sentada junto a la ventanilla. Hacía diez años que no sabía nada de ella, pero era imposible no reconocerla, no oler su delicada presencia aunque fuera de lejos.

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Canción sentimental

Foto: Kalhh

Si no me hablas, te hablo. Con una sola mirada te digo mi mundo, mi pasión y mis sueños. En un solo gesto te brindo silencio, la palabra que no llega y un eco de amor que sin decir nada lo expresa todo. Con una sola mano cuento hasta cinco, hasta cinco caminos que he de recorrer para llegar a este lugar y beberme el amargo milagro de encontrarme enfrente tuya diciendo solo tuya, nunca mía. Con una sola duda te muestro mi recuerdo, imborrable y sentido que, aun sin dejarse rozar, vuelve a penetrar en el sendero de emociones que no atiende a razones ni huidas.