Diálogo entre el clavel y la mariposa

¿De dónde vienes 
cargada de amargura?

De buscarte desesperado
por el laberinto de mi locura.

Te esperé hasta el alba
bajo un sueño despierto.

Me perdí en la noche
por los espacios siniestros.

¡Te siento palidecer!

Aún me sofoca el miedo.

Apoya tus alas sobre mi pecho.

Así lo he de hacer,
que el destino consiente
que nos volvamos a ver

¡Habrás volado lejos,
habrás volado alto!

Más lejano vuelo
en el sosiego de tu regazo.

Mi alma se había dormido
al no sentir tus brazos.

Ahora que cerca de ti estoy,
mi clavel apasionado,
beberé la sangre que brota
de tu cuerpo encarnado.

¡Arráncame la entraña,
mariposa de fuego,
que me renace la vida
cuando me abrasan tus besos!

En tu sereno vientre
se acallarán los sudores
que recorren mi frente.

Mis pétalos de terciopelo
velarán por la noche
los temores de tus sueños.

¡Arrópame en tu seno!

¡Cobijaré tus suspiros!

Me adentraré dulcemente
en tu rojo encendido.

Como un halo de viento
abriré mi cintura…

Para acunar mis lamentos…

Para amar tu hermosura…

Poema incluido en el libro «El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud» (viveLibro, 2016)

Siento

Siento como mío 
el dolor de los surcos
que hienden sus frentes,
atraviesan sus almas, 
sus miradas abatidas,
sus voces acalladas,
sus esperanzas rotas,
sus vidas sesgadas.

Siento como mía
la honda agonía	
de sus corazones oprimidos,
sus hogares derruidos,
sus deseos quebrados,
sus odiseas sin rumbo 
traspasando fronteras
de alambres con espinas.

Siento como mío
su éxodo a cualquier parte
huyendo de holocaustos,
batallas sin sentido,	
guerras sin cuartel,
cruzadas fútiles
que solo engendran
rencores letales.

Siento como mía
la tristeza que los ahoga,
la amargura que los derrumba,
la agonía que los atenaza,
el presente que los detiene
hurtándoles el futuro,
sus sueños extraviados
en aguas turbulentas.

Siento como mía 
su rabia condenada
a navegar mar adentro 
en barcos de papel 
que mendigan salvavidas,
un soplo de viento
que los lleve a tierra firme
para sembrar su semilla.

Siento como míos 
los áridos desiertos
por los que han de penar
camino del destierro,
allí donde nada tienen
ni nada esperan,
apenas unas migajas de caridad
para lavar conciencias.

Siento como mío 
el hedor de la miseria
que sin pudor los exilia 
a tierras que desconocen,
con sus manos vacías
y sus bocas sedientas,
abandonados a una suerte
que ni siquiera es suya.

Siento como mío
el atroz sufrimiento
que los atormenta,
la insoportable levedad
del ser que anidan dentro,
la penuria que los obliga 
a abjurar de su memoria, 
de un tiempo que ya no existe.

A los migrantes en busca de una vida digna

Otoño

Una tímida llovizna
llora desconsolada 
la amarga despedida 
del estío que se exilia.

Sus lágrimas de espuma
sofocan la sed de los eriales,
el sudor que transpira
en sus hondas raíces.

En los castaños ya tiemblan
sus troncos de cintura recia,
sus copas redondas y anchas
sus hojas lanceoladas y blancas.

De sus ramas caen en silencio
frutos de tardes otoñales,
sembrando de tintes rojizos
la tierra recién empapada.

Con la tenue llamada del alba
del cielo encapotado de ensueños  
se descuelgan hilillos de agua
que el rocío se bebe a hora temprana. 

Los paisajes colorean de ocre
su suelo templado y mullido
para que las pasiones agostadas 
se recuesten en ellos. 

Por montes, trochas y senderos
se cuelan arroyos y riachuelos 
en busca de ríos revueltos
que los lleven a mares bravas.

Cerca de ti

Foto: Ljcor
Cerca de ti
y sin embargo tan lejos.
Cerca como mi boca
bebiendo tu aliento.
Lejos como tu cuerpo
evadido en la sombra.
Cerca de ti
y sin embargo tan lejos.

Cerca de ti,
tan próximo y tan cercano,
que a veces te siento mía.
Lejos de ti,
tan distante y tan lejos,
que sé que no te tengo.

Cerca de ti
y sin embargo tan lejos,
como quien atrapa un sueño
sabiendo que nunca despertará,
como quien alza sus manos al cielo
creyéndolo atrapar.

Cerca de ti 
y sin embargo tan lejos.
Cerca como mi vida
sintiéndose libre.
Lejos como tu indiferencia
hiriendo mi libertad.

Cerca de ti
y sin embargo tan lejos.

Poema incluido en el libro «Del amor y otras locuras» (Seleer, 2021)

Callejón de Aguirre

Palabra de escritor

Dibujo: Eugenio Rivera

Relucen en mi lívida memoria
las paredes encaladas de sueños
del callejón angosto 
en el que me asomé a la vida
un día lejano de otoño
con olor a castañas y acerolas.

En su inmaculada blancura
florean manojos de geranios verdes
ceñidos en tiestos de tierra erguida,
claveles reventones echando raíces
en macetas ungidas de barro,
azucenas enrejadas en balcones.

Extracto del poema «Callejón de Aguirre», incluido en el poemario «Reverso y anverso. Poemas de largo recorrido» (Libros Indie, 2022)

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Diálogo entre tus ojos y mis ojos

Ilustración de Robert Ruggiero
¿Qué miras?

Tus ojos.

¿Mi ojos?

Los luceros que tiemblan
en la oscuridad de tu rostro.

¿De qué color son
que no puedo verlos?

Del color de los silencios.

¿Acaso tiene color el silencio?

El color de tus ojos
callados e inmensos.

¿Y son hermosos?

Más que un crepúsculo
bordado en oro.

¿Tus palabras serán mentira?

Si no me crees,
contempla mi mirada herida.

¿Son grandes mis ojos?

Tan grandiosos como el amor
que por mis versos asomo.

¿Te burlas o me halagas?
Te digo lo que siento,
y cuanto mi pasión ama.

¿Tanto te dicen mis ojos?

Tanto, que cuando me hablan
olvido lamentos y enojos.

¿No te habrás cegado
mirando el sol de la tarde?
Tan solo observo
cómo tus ojos arden.

¿Cómo han de arder
si los siento helados?

Habrá sofocado su fuego
mi desesperado llanto.

¿Quizá es que hoy
cansados están mis ojos?

No preguntes, afirma,
cansados han de estar
de ser tan hermosos.

Y ahora dime, ¿y si mañana
no desearan volverte a ver?

No digas eso, insufribles ojos,
que aún la noche es larga
y en ella puedo perecer.

Poema incluido en mi libro «El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud» (viveLibro, 2016)

Diálogo entre la soledad y el recuerdo

—No dejes que muera,
que me domine el silencio
y me abata la tristeza.

—¡Qué puedo hacer por ti
si el destino eterno
me ha condenado a vivir
en los confines del sueño!

—¡Háblame de las soleadas tardes,
de la lejana quietud,
de los crepúsculos naciendo
en las entrañas de la luz!

—¡Cómo he de hablarte
si mi memoria se desvanece
como el fulgor de la tarde!

—¡Grita el rumor y las palabras,
grita la noche mía,
grita mi infancia,
grita la vida!

—Mi voz ha enmudecido.
Quizá nunca más exista,
quizá nunca haya existido.

—¿Y qué fue, entonces,
de aquella vieja felicidad,
de aquellas encendidas pasiones?

—Como luces anocheciendo
se habrán apagado
en la oscuridad del tiempo.

—No puedo creer
que me haya abandonado
todo cuanto amé.

—Soledad, no me llores tus penas.
Aunque la tarde ha muerto,
pronto alumbrarán las estrellas.

—Mi desolación me llevará
por las veredas del infierno,
donde tristes mueren
los alejados de sus recuerdos.

—Me duele saberte herida,
pero solo el vacío
clavó sus razones en tu vida.

—Ahora sé que nada soy,
ni nada he sido,
que mis años pasaron
como un fugaz suspiro.

Poema incluido en «El delirio de la palabras. Prosas y versos de juventud» (viveLibro, 2016)

Todo

Ilustración: Gaelle Marcel
Beber la luna
que tiembla en tu vientre,       
la desnuda noche
que en ti se estremece.

Aclarar las sombras
con la estrella de tus aguas,
y morir en el llanto
que gritan tus lágrimas.

Soñar el sueño de tu sueño,
y besar un alba
creciendo en tus labios
como un suspiro en llamas.

Sentir las rosas
que inundan tu cuerpo,
las calladas olas
que desatan tus vientos.

Acariciar el vértigo
de tu mirada furtiva,
y aspirar el aliento
que desprende tu vida.

Poema incluido en el libro Del amor y otras locuras (Seleer, 2021)

Luces y sombras

Foto: Jackson David
Te busqué entre las sombras
que nublaban mis sueños,
y encontré la luz
en el destello sostenido
de tus tersas caricias. 

Te busqué entre las luces
que cegaban mi alma,
y encontré refugio
a las orillas de tus brazos
adormeciendo versos.

Te busqué entre las dudas
que ofuscaban mi mente,
y hallé cordura
en la espiral que se agitaba
en el precipicio de tu mirada.

Te busqué entre quebrantos
que gemían desesperados,
y encontré sosiego
en el templado susurro
que emanaba de tu boca.

Te busqué entre las tinieblas
que envolvían mi vida,
y hallé reposo 
en el sutil resplandor
que irradiaban tus besos.

Poema incluido en el libro «Del amor y otras locuras» (Seleer, 2021)

Diálogo entre la hija y la madre

Ilustración de Katie M. Berggren
Siento aproximarse la noche
envuelta entre quejidos y sombras.

No temas, mi vida,
que no he de abandonarte
ni despierta ni dormida.

Tendrás que arrullarme
con tu voz de terciopelo
para que despacio me adentre
en la quietud del sueño.

Cuando llegue la hora señalada,
te susurraré al oído
una dulce y enamorada nana.

¿Y si el frío
de mi corazón se apodera?

Le diré al dios de los cielos
que envíe el fuego de una estrella.

¿Y si la oscuridad
prende el miedo en mi cuerpo?

Encenderé los luceros que habitan
en las entrañas del firmamento.

En tu regazo, madre,
los sueños se he me harán eternos.

Y si así no fuera,
acosaría a la noche
hasta dar con ellos.

Ahora sé que a tu lado
se acallarán mis temores.

Deja que te mire,
deja que te adore,
deja, mi niña, que bese 
tus manos de seda
y tus ojos verdes.

Si no tuviera cerca
tus ardientes brazos,
la pena de no sentirlos
me ahogaría
en mi propio llanto.

Si mis ojos dejaran de verte,
avivaría el fuego
que arde en mi vientre
hasta parirte de nuevo.

¡Nunca me abandones!

Siempre seré tuya.

¡Que no mueran tus amores!

¡Cómo han de morir
si eres mi sol y mi luna!

Poema incluido en el libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, 2016)