Llévate

Llévate mi razón si quieres

o llévate mis sueños.

Si quieres, llévate mi esperanza

o llévate mis anhelos.

 

Llévate mis alas si lo deseas

o llévate mis vuelos.

Si lo deseas, llévate mi destino

o llévate mis silencios.

 

Llévate mi reino si quieres

o llévate mi cielo.

Llévate mis ansias

o llévate mis miedos.

 

Llévate mi pecho si lo deseas

o llévate mi desvelo.

Si lo deseas, llévate mis suspiros

o llévate mi tiempo.

 

Llévate mi vida

o llévate mi cuerpo,

pero no me apreses el corazón

y con él huyas,

que si he de dejar de amarte

prefiero dejar de ser.

Me enamoro

Ilustración: Kalhh

Me enamoro del aire,

del viento que agita mis sueños,

de un espacio de cielos abiertos,

de una noche de fuego ardiendo,

de una mujer revolviéndose

como un mar de confusión.

 

Me enamoro del tiempo

que el tiempo no alcanza,

de trigales sembrados de rosas,

de horizontes que no llego a ver,

de una mujer distante

habitando el vacío.

 

Me enamoro de un quejido,

de la voz del silencio,

del orgullo del destino,

de la quebrada de la vida,

de una mujer de fuego

que abrasa mis sentimientos.

 

Me enamoro de la ansiedad,

de un clarear de ojos cerrados,

de una farsa simulando ser verdad,

de una duda inocente,

de una mujer amiga,

amante ajena.

 

Me enamoro de un instante,

de un instante me apasiono,

de un vano querer,

de un camino intrigante,

de una mujer que sufre,

que lamenta por otro ser.

 

Me enamoro de la espera,

de una senda sin retorno,

de un susurro al corazón,

de una puerta entreabierta,

de una mujer oculta

que no acierto a descubrir.

 

Me enamoro de una sombra,

de un sollozo escondido,

de un perfil impenetrable,

de un encuentro perdido,

de una mujer jugando a ser tuya,

para acabar siendo nada.

 

La cuenta atrás

Palabra de escritor

Foto: Pxhere

Diez, nueve…

Siento que ha empezado

la cuenta atrás,

pero no sé cómo parar el tiempo.

No sé si podré

adueñarme de él

o si ya no me pertenece.

Ocho, siete…

Siento que se me escurre

entre los dedos de las manos,

que fluye por las venas

de mi cuerpo

sin que pueda

atraparlo de nuevo.

Seis, cinco…

Cuando miro hacia atrás,

veo todo mi mundo

desvaneciéndose en

un horizonte infinito

sin límites ni distancias

que no acierto a reconocer con claridad.

Cuatro, tres…

Cuando miro hacia delante,

me ciega una pared tapiada de espanto

que silencia mi voz,

mi corazón y mi mirada,

enredándome en un laberinto oscuro

que solo conduce al vacío.

Dos, uno…

Ahora que la cuenta atrás

parece acelerarse

de manera inexorable,

ya no entiendo de horas,

de minutos ni segundos,

de instantes ni pausas.

Ahora que el tiempo

se va lentamente deteniendo,

no…

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Granada la roja

Yo sé que tienes el cuerpo

tendido bajo la nieve,

la mirada erguida,

los pechos ardientes.

Yo sé que tu pelo verde

se enreda entre vagas sombras,

mientras un fino hilo de agua

recorre tu cuerpo a solas.

Yo sé cómo emerges en la bruma,

izada en un barco de piedra,

surcando el alma de las horas

cuando tu torre de la vela se despliega.

Ya sé que tu boca brama

un grito de espuma roja,

como si te abrieras las venas

con alfileres de nácar.

Ya sé, luz de tinieblas,

cómo el brillo de tus huellas

asustado resplandece

cuando el sueño amargo te desvela.

PD

«La Alhambra y Sierra Nevada», el precioso cuadro que ilustra este poema, es de la pintora británica afincada en España Margaret Merry, cuyos dibujos de Granada pueden verse en su magnífico blog https://paintingsofgranada.wordpress.com

Entre tanto

Ilustración: Alina Louka

Tiritan tus manos en el aire

y entre tus dedos

se escapan versos inquietos.

 

Tiemblan tus pupilas y se esconden

como si fuesen de humo,

como si fuesen de nube.

 

Bajo el brillo de tus ojos

suspira la noche y susurra

una balada de luces despiertas.

 

Entre tanto, yo te veo asomada

en balcones preñados de violetas.

Veo cómo te besan la quietud y la calma,

y luego te das media vuelta

en dirección al firmamento,

donde la soledad de mi locura

sueña con poseer tu infinita ternura,

y mi corazón en amarte

bajo tu tímido resplandor.

Decir

Hay palabras sin sentido;

decir amor, decir destino

y no poderse contener,

como si un alud de pasiones

te asfixiara el corazón.

Decir vida ya eres mía,

decir ansia de libertad

y estremecerse tan hondamente,

que el alma parece haber huido

en busca del más allá.

Decir luz, decir esperanza,

o silenciar un vacío de sonidos

diciendo universo infinito

por qué no me quieres escuchar.

Decir firmamento cósmico y circular,

quién te puso nombre y te engendró

ahogado en tanta oscuridad,

quién te hizo símbolo del deseo

y tras un eco de miedos te ocultó.

Decir inmensidad, decir locura,

bajo tu ardor me siento palpitar

y hasta el alma se me solivianta

de tanto amar.

Decir busco el último final,

para respirar el aroma irrespirable;

busco tu silueta fundida en un ciclón,

busco la razón y el sentido

de tanta palabra dudando

si esconderse en el silencio

o conquistar un espacio de voces ardientes.

Granada atardeciendo

Puerta Real. Atardeciendo bajo la lluvia, acuarela de Geoffrey Wynne
http://geoffreywynne.blogspot.com/

No encontré la luz

que buscaba en Granada,

la luz dormida,

doliente y gélida del alba,

la luz de la muerte,

tan amarga y callada.

 

No hallé las sombras

ciegamente asomadas,

ni los negros ojos del tiempo

que tímidamente me miraban.

 

No vi la pasión oscura

sin sentido ni alma,

como una voz terrible

que no grita ni habla.

 

No pude adentrarme

en los vacíos inertes de Granada,

ni ver perdidos mi amor,

mi dulce miedo y mi esperanza.

 

Al atardecer, al filo mágico de la duda,

herido por sus ardientes espadas,

sentí crecer la vida

la larga huida de mis fantasmas,

la frontera que firme permanece

entre el todo y la nada.

 

Atardeciendo en tus brazos,

en tu recóndita impaciencia, Granada,

supe que tu cegadora luz

era incandescente y dorada.

Cómo duele

Ilustración: bubulina65

Cómo duele,

segundo insensato,

la inoportuna cadencia

del tiempo pasado.

 

Ella es un grito

de fuego ardiendo.

En cambio a mí

me invade el silencio.

 

Ella es la reina

del universo;

yo apenas si domino

mis sentimientos.

 

Cómo duele,

noche helada,

la ciega oscuridad

que cuelga del cielo.

 

Ella es un argumento,

una leyenda rosa;

yo no llego a palabra

ni tan siquiera a verso.

 

Ella tiene un mar en su pecho

y en sus manos el firmamento.

En cambio yo

no sé cómo es la vida

que me tiembla por dentro.

 

Cómo duele,

amada mía,

la triste mirada

que tus ojos me envían.

 

Ella es una espiga

preñada de sol;

yo apenas un desierto

sediento de besos.

 

Ella funde

estrellas en sus labios,

mientras yo temo

el arrebato del fuego.

 

Cómo duele,

sueño lejano,

sentirse morir

enredado en tus brazos.

 

Ella peina

una mañana en sus cabellos.

Mis ojos se nublan

de tinieblas sufriendo.

 

Ella es una amapola

volando en el viento;

yo una espina

hendida en la tierra.

 

Cómo duele,

imposible libertad,

sentirte llorar

cada aurora temprana.

 

Ella es un espejo

en una laguna apasionada.

Yo una pasión

reflejándose en su mirada.

 

A ella le sobra la vida.

A mí me falta la muerte.

Granada en un río

«Puente Espinosa, Carrera del Darro» (Granada), acuarela de Geoffrey Wynne
http://geoffreywynne.blogspot.com/2012/12/puente-espinosa-carrera-del-darro.html

Paseo verde,

triste paseo

llorando lágrimas

de amor y deseo.

Camino largo,

solitario camino,

a tu pies tiembla

el quebranto de un río.

Vereda de enamorados,

angosta vereda,

deja que te acunen

rumores heridos de pena.

Atajo nocturno,

sumiso atajo,

llevas el cálido aliento

que emerge del Darro.

Senda invisible,

entre velada senda,

siguiendo el impasible rastro

de la Granada que muere en la niebla.

Calle sin rumbo,

inaccesible calle,

eternos miran tus ojos

media luna teñida de sangre.

Paseo de los inmortales,

paseo de los tristes,

paseo de los sin destino,

paso de los que no existen.