Poesía

Busqué poesía con desespero,
y la hallé en las cómplices miradas
que nos cruzábamos en la distancia
sin que nada ni nadie se interpusiera.
La busqué en cada rincón de mi alma,
y la encontré enredada en tus labios
aguardando a colmarme de besos
hasta dejar mi boca sedienta.
La hallé tímidamente escondida,
en el sosiego que me daban tus manos
cuando suavemente aquietaban
los temblorosos miedos de mi cuerpo
que, de tarde en tarde, me asediaban,
el dolor atrincherado en mi garganta.

Busqué poesía con denuedo,
y la hallé recostada en mis recuerdos,
en el hermoso paraíso de mi infancia;
en las pasiones que en mi interior se agitaban,
en las emociones que me robaban el sueño,
dejándome sonámbulo en mitad de la noche,
las que me desadormecían de madrugada
para decirme que vivir merecía la pena.
La hallé en la rabia que no podía contener,
en la angustia que me sofocaba,
en la tristeza que me ahogaba,
en la soledad que me abandonaba,
en ese tiempo que no discurría,
apresado en un laberinto sin salida.

Busqué poesía, y la encontré
en los sueños que me despertaban de niño,
los que me aterraban en la edad tardía;
en las voces que me gritaban te quiero,
por ti he de morir y muero,
sin ti nada soy ni nada quiero ser.
La hallé en las palabras que trenzaban versos
hasta acallar los silencios que bramaban.
Hallé la poesía en el amor desmedido
que por ti sentía con el corazón ardiendo,
en el combate cuerpo a cuerpo
al que con ardor nos entregábamos,
cuando la mañana de desvanecía
y la tarde reposaba en nuestros pechos.

Busqué poesía con vehemencia,
y la hallé atrapada a oscuras
en miserias secuestradas en vidas ajenas;
en ese dolor que sin pudicia desgarra;
en las tragedias con hedor a batallas
que se fraguan a cambio de nada;
en la mar en calma tras amainar la tormenta.
Hallé poesía en el fulgor de tus ojos,
diciéndome con una simple mirada
lo que no me decías con palabras;
en los paisajes que a hurtadillas diviso
desde de mi ventana de par en par abierta,
los que amanecen cargados de esperanza,
los que anochecen colmados de desconsuelo.

Con poesía desahogo mis lamentos,
deseco mis llantos, me empapo de lágrimas;
borro mis pesares, afloro mis alborozos;
confieso mis pecados veniales,
a buen recaudo pongo los mortales;
a ciegas deambulo por mi travesía sentimental
con el corazón y los ojos abiertos;
me asomo a mi agitado paisaje interior
para desvestir con un puñado de estrofas
el reverso y el anverso que en mí se agolpan
la cara y la cruz de mis amores y mis locuras,
el delirio que rezuma cada uno de mis versos,
aquellos que vierto en páginas en blanco,
aquellos que voceo a los cuatro vientos.

Del poemario inédito En la intimidad

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