Canción a Granada

Ilustración: «La Alhambra desde la calle Victoria», acuarela de Margaret Merry
https://paintingsofgranada.wordpress.com

De la prosa poética…

¡Cómo te siento, Granada, cómo escucho el plenilunio de tu cielo infinito, el rumor de tus lágrimas debatiéndose entre fuentes y esquinas, en las callejuelas estrechas y dolientes que conducen a la entraña de lo desconocido! ¡Ay Granada, furtiva y eterna! ¿Qué tiene tu cuerpo que, al amanecer, se quiebra como los suspiros y los vientos?

Granada, flor naciente, cintura liviana y dormida, cada vez que la luna tiembla se escuchan tus pasiones y tus miedos. Lejana, siempre lejana. Próxima, siempre cercana: no llores, Granada, que tus penas se adentran en el fondo de mi alma. Luz encubridora, contorno amaneciendo en el corazón de los umbrales, inmenso sueño, envolvente, sumiso, total.

¡Granada, ay Granada, la noche en tus ojos es una estrella ardiendo! En ti vivo, Granada, en si sufro durante tus largas agonías a la orilla de la tarde; en ti respiro cuando el resplandor de tus mañanas me envuelven. Cuando tus miradas se yerguen en el abismo de las leyendas, veo en tu vientre una espada con mil silencios de sangre.

¡Ay Granada, temor sufriendo, mi pasión y mi memoria! Si fueras mujer, me entregaría a ti en alma y cuerpo y te empaparía con el delirio de mis besos.

¡Ay Granada, qué grave quejido se hiende en tu boca, como si un lamento desgarrara tus torres de canela! ¡Cómo te siento, Granada, cómo te necesito, cómo te amo! Mi canción arde en tu fuego, en tu risa y en tu desencanto. Alumbrados en tu regazo, crecen en ti mis raíces y en tus pechos beben la savia que las harán eternamente tuyas. ¡Granada, ay Granada, cómo ansiaría sucumbir en el sosiego de tu mirada!

… a la poesía prosaica

¡Cómo te siento, Granada, 
cómo escucho el plenilunio
de tu cielo infinito,
el rumor de tus lágrimas
debatiéndose entre fuentes y esquinas,
en las callejuelas estrechas y dolientes
que conducen a la entraña de lo desconocido!

¡Ay Granada, furtiva y eterna!
¿Qué tiene tu cuerpo que, al amanecer,
se quiebra como los suspiros y los vientos?

Granada, flor naciente,
cintura liviana y dormida,
cada vez que la luna tiembla
se escuchan tus pasiones y tus miedos.
Lejana, siempre lejana.
Próxima, siempre cercana:
no llores, Granada,
que tus penas se adentran
en el fondo de mi alma.
Luz encubridora,
contorno amaneciendo
en el corazón de los umbrales,
inmenso sueño, envolvente,
sumiso, total.

¡Granada, ay Granada,
la noche en tus ojos
es una estrella ardiendo!

En ti vivo, Granada,
en si sufro durante tus largas agonías
a la orilla de la tarde;
en ti respiro cuando el resplandor
de tus mañanas me envuelven.
Cuando tus miradas se yerguen
en el abismo de las leyendas,
veo en tu vientre una espada
con mil silencios de sangre.

¡Ay Granada, temor sufriendo,
mi pasión y mi memoria!
Si fueras mujer, me entregaría a ti
en alma y cuerpo
y te empaparía
con el delirio de mis besos.

¡Ay Granada, qué grave quejido
se hiende en tu boca,
como si un lamento desgarrara
tus torres de canela!

¡Cómo te siento,
Granada, cómo te necesito, cómo te amo!
Mi canción arde en tu fuego,
en tu risa y en tu desencanto.

Alumbrados en tu regazo,
crecen en ti mis raíces
y en tus pechos beben
la savia que las harán eternamente tuyas.

¡Granada, ay Granada,
cómo ansiaría sucumbir
en el sosiego de tu mirada!

Texto extraído de mi libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, 2016).

Entrevista en «El Guateque de Sol Radio»

El pasado domingo, 25 de enero, tuve la suerte de pasar por «El Guateque de Sol Radio», el programa dirigido y presentado por Claudio de Miguel. En él presenté «radiofónicamente» mi última novela, Diario de un joven en pañales. Así que, si te apetece, te invito a que escuches la entrevista cuándo y cómo quieras, ya sea mientras desayunas, meriendas, te duchas o te echas la siesta, en mi canal de YouTube:

Entrevista en «La Orilla de las Letras»

«Queridos amigos de La Orilla de las Letras, volvemos a la carga con nuestras entrevistas; esta vez con la que nos ha concedido el autor José Molina Melgarejo. Sin más dilación, os dejamos con las palabras de nuestro invitado:

¿Cuándo descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?

Siendo como he sido siempre muy reservado, probablemente cuando, ya muy joven, me pareció que escribir era la mejor manera de expresar aquello que, en un momento dado, sentía y que necesitaba no guardármelo para mí, sino sacarlo al exterior, de la manera que fuese. Y qué mejor forma que hacerlo escribiendo.

[…]

¿Dónde encuentras la inspiración?

Es difícil decirlo. En poesía, en una simple sensación que tengo en un momento dado. Últimamente, por ejemplo, en todo lo que está sucediendo en Gaza. En narrativa, casi siempre en un recuerdo que me viene a la memoria, y al que necesito darle vida, corta o larga; es decir, en un relato o en una novela. Sea como sea, lo único cierto es que solo escribo sobre aquello que conozco y siento. No divago sobre nada que no me afecte de una manera directa.

Si solo pudieras escribir un género, ¿cuál elegirías: novela, poesía o relato?

Depende fundamentalmente de mi estado de ánimo. Pero creo que me sería muy difícil elegir un género u otro. Todos ellos satisfacen mi imperiosa necesidad de escribir, ya sea en verso o en prosa. Lo de menos es la herramienta. Lo realmente importante es lo que se intenta transmitir a través de la palabra».

Un pequeño extracto de la amplia entrevista realizada por Cristina Monteoliva para la revista La Orilla de las Letras, que puedes leer completa en https://laorilladelasletras.blogspot.com/2026/01/entrevista-jose-molina-melgarejo.html

Valoración

«Esta entrevista tiene algo poco habitual hoy: verdad sin pose. José Molina Melgarejo no responde para agradar al mercado ni para construir un personaje vendible; habla desde un lugar incómodo para estos tiempos, el de quien escribe porque no sabe —ni quiere— hacer otra cosa. Su confesión de estar “anclado en el pasado” no es una debilidad, sino una declaración de resistencia frente a una literatura cada vez más pendiente de la novedad que de la hondura.

Resulta especialmente relevante que la entrevista no busque el titular fácil ni el fragmento viral, sino que permita al autor pensarse en voz alta, hablar de influencias, de memoria, de dolor y de ironía sin simplificaciones. En ese sentido, La Orilla de las Letras cumple aquí una función casi militante: dar espacio a trayectorias largas y silenciosas en un ecosistema cultural que suele premiar más la visibilidad que la obra».

Antonio Sánchez Sola

«De pronto tú», de Peter Punk

Andaba perdido entre una multitud vacía,
errante en un mundo deshumanizado,
desesperado de ser testigo de tanto dolor.
Y de pronto apareciste tú.
Entre la inmundicia encontré tus ojos,
como una flor que florece en un desierto inhóspito.
Y en ese instante supe que había algo en ti que florecía en mí.
Desde ese momento te pertenecía.
No quiero detenerme ahí.
No quiero rendirme.
Solo quiero amarte el resto de mi vida
como nunca podré amar a alguien.

Del poeta en la sombra Peter Punk, que ha tenido a bien volver enviar otro bonito ramillete de versos.

A tu lado

Para escuchar…

Para leer…

A tu lado
perdí la noción del tiempo,
que ya solo supe medir
en cada imborrable instante
que comparto contigo.

A tu lado
se extraviaron mis miedos,
el temor a sentir que mi vida
era un páramo desangelado
en el que no crecía la esperanza.

A tu lado
descubrí la manera de conjugar
el verbo amor, porque te amé,
te amaba, te amo, te amaré
y te seguiré amando.

A tu lado
mi vida pasó en un solo segundo
de lo fugaz a lo eterno,
del desconsuelo a la quietud,
de la penumbra al destello.

A tu lado
mis sombrías pesadillas
se trocaron en un luminoso sueño,
en una insondable realidad
que me apacigua por dentro.

A tu lado
todo cuanto me ahogaba
se esfumó mar adentro
y arribé a salvo a la orilla
aferrado al ardor de tus manos.

A tu lado
sentí que empezaba de nuevo,
que lo vivido hasta entonces
solo era el final del todo
y el principio de la nada.

Del poemario ilustrado Reverso y anverso. Poemas de largo recorrido (Libros Indie, 2022)

Cara a cara con Federico

Me costó mucho hacer ese viaje en el tiempo hasta mi Granada natal, pero mereció la pena. Y es que allí estaba él, Federico, esperándome, después de que hubiese aceptado de buen grado mi petición de poder ir a visitarlo a su casa en la Acera del Darro. Y así lo hice porque deseaba verlo con toda la ilusión del mundo, compartir algunos momentos con él y, si era posible, darle uno de mis poemarios y confesarle que, si escribía poesía, era porque, siendo todavía un mocoso, había descubierto sus hermosos versos. Con ellos, además, había aprendido que con un simple poema se puede alimentar el alma y desatar pasiones escondidas. No necesité más en ese fugaz viaje a mi ciudad para encontrarme cara a cara con Federico, el principal culpable de que yo me hubiera dejado seducir por la poesía y de que, desde entonces, me resultara imposible vivir sin ella.

Viaje imaginario a Granada para encontrarme con García Lorca, al que me hubiera gustado conocer y al que, quién sabe, tal vez alguna vez conozca.

«Sobre el aprendizaje de la disección de fetos de cerdo», de Renée Nicole Good

Quiero que me devuelvan mis mecedoras,
los atardeceres solipsistas,

los sonidos de la selva costera que son tercetos de cigarras y pentámetros de las patas peludas de las cucarachas.

He donado Biblias a tiendas de segunda mano
(las aplasté en bolsas de basura de plástico con una lámpara de sal ácida del Himalaya: las Biblias posbautismales, las que arranqué de las esquinas de las manos carnosas de los fanáticos, las simplificadas, fáciles de leer, parásitas):

Recuerdo más el olor a goma resbaladiza de las ilustraciones brillantes de los libros de texto de biología; me quemaban los pelos dentro de la nariz, y la sal y la tinta que se me pegaron en las palmas.

Bajo los recortes de luna a las dos cuarenta y cinco de la madrugada, estudio y repito:
ribosoma
endoplasmático—
ácido láctico
estambre

en el IHOP de la esquina de Powers y Stetson Hills—
lo repetí y garabateé hasta que se abrió camino y se estancó en un lugar que ya no puedo señalar, tal vez mi intestino.

Tal vez ahí, entre mi páncreas y mi intestino grueso, se encuentra el insignificante arroyo de mi alma.

Es la regla con la que ahora reduzco todas las cosas; de bordes duros y astillados por el conocimiento que solía sentarse, un paño sobre la frente febril.

¿Puedo dejarlos a ambos en paz? Esta fe voluble y esta ciencia universitaria que me abuchea desde el fondo del aula

Ahora no puedo creer que la Biblia, el Corán y el Bhagavad Gita me deslicen el pelo largo detrás de la oreja como solía hacerlo mamá y exhalen por la boca «hagan espacio para la maravilla».

Todo mi entendimiento se desliza por la barbilla hasta el pecho y se resume en:
La vida es simplemente
el óvulo y el espermatozoide
y dónde se encuentran
y con qué frecuencia y qué tan bien
y todo muere allí.

Poema galardonado, en 2020, con el premio de la Academy of American Poets.

Traducción del escritor y poeta argentino Julián Axat.

Renée Nicole Macklin-Good (Colorado, 1988-Mineápolis, 2026), poeta y activista estadounidense, asesinada a tiros por un agente del ICE, el 7 de enero de 2026.

Presentación de «Diario de un joven en pañales»

Si tiene tiempo y te apetece, te invito a la presentación de mi nueva novela, Diario de un joven en pañales (Libros Indie, 2025), la secuela de Diario de un adolescente en prácticas (Esstudio Ediciones, 2024). Se trata igualmente de una emotiva comedia sentimental, cargada de mucha ironía y bastante sentido del humor; esta vez con la España de los 70 como telón de fondo.

PD
A quienes vayan les regalaré un ejemplar firmado de mi novela Aquellas maravillosas vacaciones

«Vivo sin vivir en mí», de Santa Teresa de Jesús

Retrato de Santa Teresa, obra de François Gérard (1770-1837)
Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero.

Esta divina prisión
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte,
vida, no me seas molesta;
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero,
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba
es la vida verdadera;
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es el perderte a ti
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada (Ávila, 28-3-1515 – Alba de Tormes, 15-10-1582), escritora mística, monja fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas

Palabras

Para escuchar…

Para leer…

Me fluyen las palabras 
entre los dedos de las manos,
y se transforman en versos
navegando libres y sueltos
por un océano de tinta
que inunda páginas en blanco.

Arden las palabras
que de mí nacen,
y se funden en tu boca
al escribirlas en un beso
que destila el sabor a miel
que exhalan tus labios.

Me brotan las palabras
sin que yo las llame
para recordarme que vivo,
que simplemente te amo,
que sin ti el tiempo se derrite
en un puñado de suspiros.

Grito palabras a los cuatro vientos
para que alguien las escuche.
Me sobran silencios
para decir lo que deseo.
Me faltan palabras
para no callar lo que siento.

Necesito palabras
que abracen mis penas,
que aquieten mis miedos,
que acudan al rescate
de los temores que me asaltan
cuando la vida me da la espalda.

Me bebo las palabras
que emanan a borbotones
del manantial invisible
que anega mi cuerpo,
de las aguas turbulentas
que empapan mis entrañas.

Me hacen falta palabras
para construir castillos en el aire
y sembrar la tierra de nubes
que inunden de lluvia
los corazones solitarios
que de amor andan yermos.

Me pierdo entre palabras
buscando una puerta de salida
a las tristezas que me ahogan,
a las heridas que me desangran,
a las pesadillas que me desvelan
en noches intempestivas.

Se me clavan las palabras
como dagas de fuego
que me arden por dentro,
como espigas de hielo
que me congelan el alma
cuando una pasión fenece.

Me delatan las palabras,
me suplican que confiese
los pecados que cometo
sin arrepentirme de nada,
los sueños que se desvanecen
con el clarear de la mañana.

Me sofocan las palabras
que no expresan lo que siento,
las que esconden mis lamentos,
las que me desdicen en secreto,
aquellas que me traicionan
al ponerlas por escrito.

Sin palabras no me encuentro,
solo soy una voz callada
que arde en deseos de amar,
de declararme en rebeldía,
de querer transitar por la vida
con más premura que sosiego.

Incluido en Más que palabras (Ediciones Rilke, 2025), «un poemario íntimo, en el que las palabras se convierten en vehículo de exploración personal y reflexión profunda» (Revista Poesía eres tú).

Poema publicado también en la revista latinoamericana Mal de ojo.

El verbo hecho carne en la intimidad del poeta

«En este poema-manifiesto que abre las compuertas del alma, José Molina Melgarejo nos entrega la clave de su universo poético: la palabra como sustancia vital, como sangre que irriga cada verso de su poemario íntimo. Aquí no estamos ante un simple ejercicio retórico, sino ante la confesión desnuda de un poeta que entiende su oficio como una urgencia existencial, una necesidad tan primaria como respirar.

La palabra en Molina Melgarejo adquiere dimensiones casi místicas, se transmuta en elementos líquidos que “fluyen entre los dedos”, se tornan océano de tinta, manantial invisible, aguas turbulentas que empapan las entrañas. Esta hidromorfización del lenguaje revela una concepción orgánica de la poesía, donde el verso no es artificio sino emanación natural del ser. El granadino construye un cosmos donde las palabras poseen vida propia: arden, se funden, brotan, gritan, abrazan, se clavan. Esta personificación constante evidencia la relación visceral que el poeta mantiene con su instrumento de trabajo».

Puedes leer completa esta reseña del poema, incluyendo una análisis de versos y un recitado del mismo, en la revista Poesía eres tú.