«Poema de medianoche», de Graciela Rincón Calcaño

Ahora corre el silencio como gota de agua
sobre muro de piedra insensible al sonido,
como rayo de luna sobre un lago sin ondas,
como aroma de nardos enredado en la brisa,
es la hora del alma que sufre en el desvelo,
la hora de las lágrimas, de las evocaciones,
la hora en que se espera la llegada del alba
para que se disuelvan los difusos fantasmas
de seres y de cosas ya muertos y extinguidos.

Hora de media noche sin cantos ni campanas,
de almohadas empapadas de sudor y de llanto,
muda angustia se tiende sobre todas las cosas;
el sueño huye cobarde de los ojos cansados;
una voz misteriosa nos murmura al oído
frases que se apagaron en bocas ya cerradas,
en vano procuramos entender sus razones,
ya no tienen vigencia, ni importancia, ni ruido,
aunque el alma se esfuerce por captar su sentido.

Mi poema se alza sobre toda tortura,
sobre todo silencio, sobre toda tiniebla,
y da sus balbuceos como dan los segundos
sus «tic-tacs» desolados en la noche vacía;
no hay quien los escuche, pero ellos se deslizan
corriendo en el silencio como gotas de agua
sobre un muro de piedra.

Ángela Graciela Rincón Calcaño (Maracaibo, Venezuela, 13-10-1904 – Caracas, Venezuela, 21-1-1987), poeta, narradora, articulista y autora dramática.

Al abrigo de la noche

Para leer…

Al abrigo de las noches
en las que dormito
imagino vidas que no tengo,
desventuras que desconozco,
trasiegos que no comprendo.

Los sueños me conducen
por caminos sin retorno
que se agrietan a mi paso
y no me dejan volver
al punto de partida.

Mi tímida mente
no acierta a impedirlo
y mi cuerpo clama a gritos
que lo liberen las enredaderas
que trepan hasta el cielo.

En mi imaginación nocturna
invado paisajes desangelados,
tierras baldías que me marchitan,
espacios límpidos y vacíos
que vacían el mío.

Por los senderos sin gloria
que recorro de madrugada
hay montañas prendidas del aire
que no consigo escalar,
abismos que no logro fondear.

En la tupida oscuridad
que me atrapa a escondidas
no encuentro refugio
en el que esconderme
de los miedos que me persiguen.

Al rayar cada mañana
no sé si cuanto imaginaba
era un sueño irreal
o la realidad de un sueño
del que nunca despierto.

Para escuchar…

Poema incluido en mi libro Paisaje interior (Loto Azul, 2024), un ramillete de poemas con los que intento sacar a la luz ese intrincado paisaje emocional por el que siento que discurre buena parte de mi vida.

Y Dios creó a la mujer

«No es bueno que el hombre esté solo»,
díjose Dios, tras conformar cielos y tierra.
Y de una costilla suya resolvió crear una mujer,
a lo que el hombre con alborozo exclamó:
«¡Esta sí que es hueso de mis huesos!».
«¡Y carne de mi carne!», sentenció.
Y al hombre fue dada para aquietar su soledad
y ambos dejados en un paraíso terrenal,
en el que de un árbol no debían comer.
Mas, siendo como debía ser de espíritu frágil,
escaso discernimiento y quebradiza voluntad,
pronto dejose la mujer tentar por una serpiente,
y accedió a comer del fruto por Dios prohibido
e hizo que también el hombre comiera de él.

«La mujer que me diste como compañera,
esa me dio del fruto del vergel y comí»,
confesó Adán, señalando a su mujer.
«La serpiente me sedujo y comí»,
sostuvo la mujer sin pudor alguno.
«Mucho te haré sufrir en tu preñez»,
sentenció con acritud el Señor Dios
a modo de vil y cruento castigo.
«Con sufrimiento parirás a tus hijos,
tendrás ansia de tu marido,
y él te dominará, gobernará sobre ti»,
sin el menor miramiento añadió,
resolviendo quién sería su dueño,
a quién por siempre habría de obedecer.

Y al hombre maldijo con rotundez
por haber cedido al desvarío de su mujer,
degustando el fruto del árbol prohibido.
Y a ambos expulsó del vergel del edén,
mas no sin antes alertar a Adán:
«Comerás el pan con el sudor de tu frente,
hasta que hayas de volver a la tierra,
dado que de ella fuiste tomado,
pues polvo eres y al polvo has de tornar».
Y el hombre llamó Eva a su mujer,
por ser ella madre de todo viviente;
se erigió sin pudicia en su amo y señor,
y, por voluntad humana y divina,
arrodillada a sus pies debería pervivir.

Y aquella mujer creada por Dios
de la costilla tomada de Adán
hubo de vivir sometida al hombre
por los siglos de los siglos, amén;
sufrir en su preñez por siempre jamás;
parir hijos con extremo dolor;
tener denodada ansia de su marido.
Mas ni Dios ni el hombre acertaron a imaginar
que el espíritu de la mujer no era frágil,
sino recio, perseverante e infatigable,
ni su discernimiento brozno y exiguo.
Y nada ni nadie podrían detenerla
en su lucha infatigable por no tener amo,
por ser libre para decidir por propia voluntad.

Y la mujer nacida de una costilla de hombre
combatió hasta concebir su propio paraíso,
del que ningún dios podría expulsarla.
Y batalló con denuedo hasta la extenuación
para dejarse tentar por quien ella quisiera;
parir cuando deseara sin miedo al dolor;
a nadie rendir cuentas ni obedecer;
a ser alguno deber sometimiento ni sumisión;
ser única dueña y señora de su vida.
Y por todo ello bregó a brazo partido,
luchó contra viento y marea en férreas lides,
en arduas y encarnizadas contiendas.
Y la mujer creada para servir al hombre
jamás cejó en su empeño por ser igual a él.

A las mujeres, criaturas de espíritu recio,
perseverante e infatigable

Besos

No sé con qué beso me quedaría
de los infinitos besos que me has dado,
el dulce con sabor a cariño efímero
o el amargo, a amor eterno.

De los besos que yo te he dado
no sé por cuál eternamente suspirarías,
el que dibujaba el perfil de tus labios
o el que cruzaba el umbral de tu boca.

No sé qué beso jamás olvidaría
de todos los besos que no he olvidado,
el primero, tímido e ingenuo
o el último, indeciso y agitado.

De los besos que nos hemos dado
no sé cuál de ellos atraparía,
el que avivaba mi fuego
o el que deshelaba mi hielo.

De los besos que no nos dimos
no sé cuál deberíamos darnos,
el presente en nuestra ausencia
o el ausente en nuestra presencia.

De los besos que no fueron
no sé cuáles debieron de ser,
los que huyeron a tiempo
o los que llegaron a destiempo.

De los besos que te di dormida
no sé cuál de ellos te robaría,
el que te despertaba sorprendida
o el que te acunaba en silencio.

De los besos que te indagaban
no sé cuál de ellos rescataría,
el que recorría el mapa de tu cuerpo
o el que se escondía en tus pechos.

Poema incluido en mi poemario Travesía sentimental (Cordel D’Prata, 2023)

«Tú para mí, yo para ti, bien mío…», de Rosalía de Castro

I
Tú para mí, yo para ti, bien mío
–murmurabais los dos–
«Es el amor la esencia de la vida,
no hay vida sin amor» .
¡Qué tiempo aquel de alegres armonías!...
¡Qué albos rayos de sol!...
¡Qué tibias noches de susurros llenas,
qué horas de bendición!
¡qué aroma, qué perfumes, qué belleza
en cuanto Dios crio,
y cómo entre sonrisas murmurabais:
«¡No hay vida sin amor!»

II
Después, cual lampo fugitivo y leve,
como soplo veloz,
pasó el amor..., la esencia de la vida...;
mas... aún vivís los dos.
«Tú de otro, y de otra yo», dijisteis luego.
¡Oh mundo engañador!
Ya no hubo noches de serena calma,
brilló enturbiado el sol!...
¿Y aún, vieja encina, resististe? ¿Aún late,
mujer, tu corazón?
No es tiempo ya de delirar, no torna
lo que por siempre huyó.
No sueñes, ¡ay!, pues que llegó el invierno
frío y desolador.
Huella la nieve, valerosa, y cante
enérgica tu voz.
¡Amor, llama inmortal, rey de la tierra,
ya para siempre, adiós!

Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 23-2-1837 – Padrón, 22-7-1885), poeta y novelista gallega

Siento

Siento como mío 
el dolor de los surcos
que hienden sus frentes,
atraviesan sus almas,
sus miradas abatidas,
sus voces acalladas,
sus esperanzas rotas,
sus vidas sesgadas.

Siento como mía
la honda agonía
de sus corazones oprimidos,
sus hogares derruidos,
sus deseos quebrados,
sus odiseas sin rumbo,
traspasando fronteras
de alambres con espinas.

Siento como mío
su éxodo a cualquier parte,
huyendo de holocaustos,
batallas sin sentido,
guerras sin cuartel,
cruzadas fútiles
que solo engendran
rencores letales.

Siento como mía
la tristeza que los ahoga,
la amargura que los derrumba,
la agonía que los atenaza,
el presente que los detiene,
hurtándoles el futuro,
sus sueños extraviados
en aguas turbulentas.

Siento como mía
su rabia condenada
a navegar mar adentro
en barcos de papel
que mendigan salvavidas,
un soplo de viento
que los lleve a tierra firme
para sembrar su semilla.

Siento como míos
los áridos desiertos
por los que han de penar
camino del destierro,
allí donde nada tienen
ni nada esperan,
apenas unas migajas de caridad
para lavar conciencias.

Siento como mío
el hedor de la miseria
que sin pudor los exilia
a tierras que desconocen,
con sus manos vacías
y sus bocas sedientas,
abandonados a una suerte
que ni siquiera es suya.

Siento como mío
el atroz sufrimiento
que los atormenta,
la insoportable levedad
del ser que anidan dentro,
la penuria que los obliga
a abjurar de su memoria,
de un tiempo que ya no existe.

A los migrantes en busca de una vida digna

Poema incluido en el poemario Más que palabras. Poemario íntimo (Ediciones Rilke, 2025)

Nueva presentación de «Diario de un joven en pañales»

Si tiene tiempo y te apetece, te invito a la segunda presentación de mi nueva novela, Diario de un joven en pañales (Libros Indie, 2025), la secuela de Diario de un adolescente en prácticas (Esstudio Ediciones, 2024). Se trata igualmente de una emotiva y algo agridulce comedia sentimental, cargada de mucha ironía y bastante sentido del humor; esta vez con la España de los 70 como telón de fondo.

Diálogo entre el río y el mar

—Voy hacia ti.
Arrastrado por el viento,
voy hacia ti.

—Impaciente te espero,
como el día a la noche
como la noche al silencio.

—En la montaña me parieron
bordado con hilos de agua.

—En cambio yo ni conozco
quién engendró mi alma.

—Temo que no te halle
cuando la furia que me alienta
en tu corazón se desate.

—De aquí no he de moverme,
que el sol me ha encadenado
para que en mí te adentres.

—Te llevaré en mis entrañas
suspiros de agua transparente.

—Los arrullaré en mis senos
para que dormiten y descansen.

—Temo que en ti moriré.

—¡Qué has de temer,
si solo vida te daré!

—Pronto acariciaré
tu rubor amaneciendo.
Te acariciaré a las orillas
de mis pechos despiertos.

—En tus oscuras profundidades
sumergiré mis lamentos.

—En ellas dejaré que te acune
la suave caricia de los vientos.

—¡Ya llega la hora,
ya siento a lo lejos
el revuelo de tus olas!

—Veo cómo te acercas,
cómo dulcemente fluyes
y en mí penetras.

—Soy todo tuyo.
Mi desazón y mi alegría
en tus aguas se han hundido
hasta el final de los días.

—Ahora sé cómo nació mi alma,
del cálido susurro de tus aguas.

Poema incluido en el libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, 2016)

Un poco de poesía para celebrar San Valentín

Más que palabras. Poemario íntimo (Ediciones Rilke, 2025)

«La más reciente entrega poética de José Molina representa la culminación de su búsqueda artística, donde “alcanza una síntesis admirable de todos los elementos que han caracterizado su trayectoria: la honestidad emocional, la precisión técnica, la capacidad de conmover sin caer en el sentimentalismo”. Esta obra constituye el punto de madurez de un poeta que ha encontrado su voz definitiva tras décadas de exploración literaria» (Andrés García Pérez-Tomás, profesor de literatura y miembro de la AMECL).

«Un libro sencillo, sin alharacas intelectualoides ni pretensiones grandilocuentes. Un libro que busca la comunicación directa con el lector, un libro que no hace uso de un lenguaje críptico ni alambicado. En absoluto. En este «paisaje interior» —metafórico oxímoron— el poeta se acerca a la orografía íntima y feraz que puebla el panorama de su alma delicada, entre la que discurren los ríos de la memoria, sus meandros más sinuosos, algo que, por otra parte, el poeta ya ha alentado en sus entregas líricas anteriores» (Eugenio Rivera, revista «Entreletras»).

Paisaje interior. Poemas de última hora (Loto Azul, 2024)

Pedidos al autor: eldeliriodelapalabra@gmail.com

Travesía sentimental (Cordel D’Prata, 2023)

En el camino por el que discurre nuestra vida, asoman evocaciones dulces y amargas, tristes y felices, pero todas ellas forman parte de nuestro particular itinerario, resultando imposible abandonarlas a su suerte en cualquier cuneta del camino ya recorrido… o todavía por recorrer.
En esa vibrante tarea andan enredados los poemas recopilados en este poemario que, como su propio título declara abiertamente, son el retrato descarnado de la personal travesía sentimental de su autor.

Reverso y anverso. Poemas de largo recorrido (Libros Indie, 2022)

Como abiertamente declara el título de este poemario, Reverso y anverso, en él hay un ramillete de poemas de largo recorrido que intentan retratar esa travesía emocional de ida y vuelta, de encuentros y desencuentros por la que deambulamos a ciegas, de noches a la intemperie y de mañanas a buen recaudo, de soledades que nos desamparan y de compañías que nos dan refugio, de tiempos de infortunio y de momentos de felicidad infinita.

Canción a Granada

Ilustración: «La Alhambra desde la calle Victoria», acuarela de Margaret Merry
https://paintingsofgranada.wordpress.com

De la prosa poética…

¡Cómo te siento, Granada, cómo escucho el plenilunio de tu cielo infinito, el rumor de tus lágrimas debatiéndose entre fuentes y esquinas, en las callejuelas estrechas y dolientes que conducen a la entraña de lo desconocido! ¡Ay Granada, furtiva y eterna! ¿Qué tiene tu cuerpo que, al amanecer, se quiebra como los suspiros y los vientos?

Granada, flor naciente, cintura liviana y dormida, cada vez que la luna tiembla se escuchan tus pasiones y tus miedos. Lejana, siempre lejana. Próxima, siempre cercana: no llores, Granada, que tus penas se adentran en el fondo de mi alma. Luz encubridora, contorno amaneciendo en el corazón de los umbrales, inmenso sueño, envolvente, sumiso, total.

¡Granada, ay Granada, la noche en tus ojos es una estrella ardiendo! En ti vivo, Granada, en si sufro durante tus largas agonías a la orilla de la tarde; en ti respiro cuando el resplandor de tus mañanas me envuelven. Cuando tus miradas se yerguen en el abismo de las leyendas, veo en tu vientre una espada con mil silencios de sangre.

¡Ay Granada, temor sufriendo, mi pasión y mi memoria! Si fueras mujer, me entregaría a ti en alma y cuerpo y te empaparía con el delirio de mis besos.

¡Ay Granada, qué grave quejido se hiende en tu boca, como si un lamento desgarrara tus torres de canela! ¡Cómo te siento, Granada, cómo te necesito, cómo te amo! Mi canción arde en tu fuego, en tu risa y en tu desencanto. Alumbrados en tu regazo, crecen en ti mis raíces y en tus pechos beben la savia que las harán eternamente tuyas. ¡Granada, ay Granada, cómo ansiaría sucumbir en el sosiego de tu mirada!

… a la poesía prosaica

¡Cómo te siento, Granada, 
cómo escucho el plenilunio
de tu cielo infinito,
el rumor de tus lágrimas
debatiéndose entre fuentes y esquinas,
en las callejuelas estrechas y dolientes
que conducen a la entraña de lo desconocido!

¡Ay Granada, furtiva y eterna!
¿Qué tiene tu cuerpo que, al amanecer,
se quiebra como los suspiros y los vientos?

Granada, flor naciente,
cintura liviana y dormida,
cada vez que la luna tiembla
se escuchan tus pasiones y tus miedos.
Lejana, siempre lejana.
Próxima, siempre cercana:
no llores, Granada,
que tus penas se adentran
en el fondo de mi alma.
Luz encubridora,
contorno amaneciendo
en el corazón de los umbrales,
inmenso sueño, envolvente,
sumiso, total.

¡Granada, ay Granada,
la noche en tus ojos
es una estrella ardiendo!

En ti vivo, Granada,
en si sufro durante tus largas agonías
a la orilla de la tarde;
en ti respiro cuando el resplandor
de tus mañanas me envuelven.
Cuando tus miradas se yerguen
en el abismo de las leyendas,
veo en tu vientre una espada
con mil silencios de sangre.

¡Ay Granada, temor sufriendo,
mi pasión y mi memoria!
Si fueras mujer, me entregaría a ti
en alma y cuerpo
y te empaparía
con el delirio de mis besos.

¡Ay Granada, qué grave quejido
se hiende en tu boca,
como si un lamento desgarrara
tus torres de canela!

¡Cómo te siento,
Granada, cómo te necesito, cómo te amo!
Mi canción arde en tu fuego,
en tu risa y en tu desencanto.

Alumbrados en tu regazo,
crecen en ti mis raíces
y en tus pechos beben
la savia que las harán eternamente tuyas.

¡Granada, ay Granada,
cómo ansiaría sucumbir
en el sosiego de tu mirada!

Texto extraído de mi libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, 2016).