«Del amor y otras locuras», para un desayuno poético

Ya está disponible tanto la edición en papel como para e-book de mi poemario Del amor y otras locuras (Editorial Seleer, 2021), así que, si te apetece, a tu desayuno habitual puedes añadirle unos cuantos versos, que seguro que alimentarán tu corazón.

Del amor y otras locuras es una selección de poemas «escritos en cualquier tiempo y lugar, en las tórridas tardes de verano o en las gélidas madrugadas de invierno, al abrigo de una juventud a flor de piel o de una madurez que aún necesita un rincón en el que poder refugiarse».

Cómo duele

Ilustración: bubulina65

Cómo duele,

segundo insensato,

la inoportuna cadencia

del tiempo pasado.

Ella es un grito

de fuego ardiendo.

En cambio a mí

me invade el silencio.

Ella es la reina

del universo;

yo apenas si domino

mis sentimientos.

Cómo duele,

noche helada,

la ciega oscuridad

que cuelga del cielo.

Ella es un argumento,

una leyenda rosa;

yo no llego a palabra

ni tan siquiera a verso.

Ella tiene un mar en su pecho

y en sus manos el firmamento.

En cambio yo, no sé cómo es la vida

que me tiembla por dentro.

Cómo duele,

amada mía,

la triste mirada

que tus ojos me envían.

Ella es una espiga

preñada de sol;

yo apenas un desierto

sediento de besos.

Ella funde

estrellas en sus labios,

mientras yo temo

el arrebato del fuego.

Cómo duele,

sueño lejano,

sentirse morir

enredado en tus brazos.

Ella peina

una mañana en sus cabellos.

Mis ojos se nublan

de tinieblas sufriendo.

Ella es una amapola

volando en el viento;

yo una espina

hendida en la tierra.

Cómo duele,

imposible libertad,

sentirte llorar

cada aurora temprana.

Ella es un espejo

en una laguna apasionada.

Yo una pasión

reflejándose en su mirada.

A ella le sobra la vida.

A mí me falta la muerte.

Incluido en mi poemario Del amor y otras locuras (Seleer, 2021), página 37

https://www.amazon.es/Del-amor-y-otras-locuras/dp/1914576209/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr

Imborrable

Palabra de escritor

Ilustración: Efes

En esta gélida tarde

henchida de ausencias,

dudas y silencios,

trato de borrar

de mi frágil memoria

las cosas que sufrí de lejos,

aquello que me hirió de cerca.

En estas horas

sin medida ni distancia,

lo que no logro es olvidarme

de tu cuerpo vestido

de luna blanca,

de tu pelo teñido

de noche oscura.

En estos minutos perdidos

en la inmensidad del tiempo,

no puedo vaciar de mi alma

tus pupilas vertiendo

océanos de estrellas,

tu boca empuñando

rosas de rojo ardiente.

En estos segundos

que me hierven por dentro,

no consigo extraer

de lo más hondo de mis entrañas

la sedosa dulzura

de tu mirada insondable,

el eco de tus palabras

susurrándome al oído.

En estos instantes

que no empiezan ni terminan,

en el aliento de mi memoria

solo me queda el resplandor

de tu pecho ceñido al mío,

el suave tacto de tus manos

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Un país lejano y próximo

Palabra de escritor

Cuando llegué a Madrid a mediados de los 60, después de haber pasado buena parte de mi infancia en Noruega, tuve la sensación de haber aterrizado en lugar ajeno, al que no pertenecía, en el que todo me resultaba extraño: el laberinto de calles con olor a gallinejas y vermú con sifón del barrio de Lavapiés al que nos trasladamos a vivir, las gentes con todos los acentos que lo poblaban, sus tiendas de ultramarinos todavía con decorados de posguerra…, e incluso el español, que era como mi segunda lengua.

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