Granada en un río

Puente Espinosa, Carrera del Darro (Granada), acuarela de Geoffrey Wynne
http://geoffreywynne.blogspot.com/2012/12/puente-espinosa-carrera-del-darro.html

Paseo verde,

triste paseo

llorando lágrimas

de amor y deseo.

Camino largo,

solitario camino,

a tu pies tiembla

el quebranto de un río.

Vereda de enamorados,

angosta vereda,

deja que te acunen

rumores heridos de pena.

Atajo nocturno,

sumiso atajo,

llevas el cálido aliento

que emerge del Darro.

Senda invisible,

entre velada senda,

siguiendo el impasible rastro

de la Granada que muere en la niebla.

Calle sin rumbo,

inaccesible calle,

eternos miran tus ojos

media luna teñida de sangre.

Paseo de los inmortales,

paseo de los tristes,

paseo de los sin destino,

paso de los que no existen.

A ninguna parte

Una madre y su hijo, refugiados en cualquier sitio. Imagen: heblo (CC0)

Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión… Por la ventanilla, se podía ver volar en perfecto orden a aquella hermosa bandada de pájaros amarillos y turquesas. Batían sus alas con energía, como si se esforzaran por marcar una senda invisible por la que, al parecer, nuestro vuelo debía discurrir. En realidad, nadie de las decenas de personas que allí dentro permanecíamos hacinadas sabíamos exactamente adónde nos dirigíamos, qué fatal destino nos deparaba al final del viaje. Por el momento, de lo único que éramos conscientes era de la inquietante paradoja que nos acechaba, que había anestesiado nuestra voluntad y nuestros corazones. Cómo no sentirse inútilmente atrapados, amordazadas las palabras y las ideas, cada vez que observábamos aquel vuelo libre que nos acompañaba. Cómo no desahogarse en lágrimas tratando de entender por qué habíamos sido repatriados sin tan siquiera tener patria. Cómo no desvanecerse sintiendo que hubo un día en el que nos movió el ardiente deseo de encontrar una vida mejor, y ahora nos ahogaba la desesperanza.

A los repatriados de cualquier lugar y tiempo, que fueron condenados a volver al infierno

Sin ti


Ilustración: Alina Louka. Galeria Wanda Willam
http://www.haloart.pl/galeria-wanda-willam/obrazy-akryl/woman-74×70,78638.html

Aún me siento palidecer

cuando me miras,

como un huracán

envuelto en luces blancas.

Sé que la noche es tuya

y, sin embargo, trato fugazmente de apresarla

subido a los vientos cálidos de tu cuerpo.

Me dejo llevar en el fondo de tu espuma brava,

cuando a borbotones se desata

desde la entraña de ese pozo misterioso y negro

que en ti se agita y duerme.

Todavía amanezco en tu luz,

y muero en tu ausencia;

te digo que eres el alma de las cosas

y la esperanza que asciende por mis venas

como un arrullo encendido

acunando la locura que me hiere.

Sin ti no existe la espera ni el deseo;

ni las voces del alba ni los sueños

que en mí se enredan

bajo el palio oscuro

de la madrugada eterna.

Por ti lucho en el infierno,

en el fuego ardiente y crepuscular,

en el vértigo imparable de las horas,

en el laberinto de la razón y la duda.

Junto a ti descubro los enigmas del aire,

las fuerzas que me alientan

en el camino hacia la felicidad,

el silencio que calla

en el paraíso de tus labios.

Sin ti se desangraría

el tímido corazón que late temeroso

acurrucado en mi pecho.

Sin ti mi vida, enloquecida y muda,

sucumbiría presa del miedo

a no tenerte.

Canción a solas

Los amantes, de René Magritte (Museo de Arte Moderno de Nueva York)

Tú, tan solo tú, un anochecer suspirando y yo. Tú y yo, un espacio adormecido jugando entre ambos, el aire leyendo la despedida de la tarde. A solas tú y yo. Tímidamente a solas, entre paredes temblando como rosas de papel, tendidos nuestros corazones al pie de un rincón incendiado por una pasión llorando a solas.

Las sombras brillan en silencio, son testigos mudos de un amor callado. De cuando en cuando, la ventana sonámbula cimbrea su bata de cola y deja ver la luna partirse en dos. Tú y un infinito de estrellas vendiendo besos de plata, girando en un delirio infernal en torno a tu frágil cuerpo de mariposa. Unos ojos, espejos de terciopelo imposible, y yo. Una mano, paloma con alas de violeta, y yo. Tú, un cálido tú, un rumor quebrantado en su lamento, y yo. A solas tú y yo, envueltos en esta canción de amor y locura que murmuran voces desvaneciéndose en el tiempo.

Tú, como amo ese tú, una eternidad comprimida en un instante, camino acortando distancias, mi alma ceñida a tu mirada de lucero engalanado, y yo. A solas tú y yo. Tus palabras y mis ansias a solas. Tus cabellos, dibujando un mar enredado, y mis versos a solas. La noche se recuesta y al oído te susurro un poema de fulgor y fuego. Tu vida y mi vida a solas. Si fuera posible, siempre a solas. Si no lo fuera, nunca jamás. Tú y yo a solas, envueltos en esta canción de amor y locura.

Este breve quejido poético lo escribí en ese tiempo en el que las pasiones se desatan y los corazones arden de sed.

La canción está incluida en el libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, 2016)

http://www.esebook.com/product/469728/el-delirio-de-la-palabra