En nombre del padre (III)

Ángela Molina & Antonio Molina

Foto: Sofía Moro

Manantial de vida

«El amor puede más que la muerte y yo le quiero tanto, que lo recuerdo a él como una celebración de la vida». Así se refería, en cierta ocasión, la actriz Ángela Molina a su padre, el cantante y actor Antonio Molina, uno de los grandes ídolos de la música española de los años 50 y 60, y al que, con toda seguridad, muchos aún le siguen reservando un lugar privilegiado en su memoria, donde continuarán resonando canciones suyas como «Soy minero», «La bien pagá», «El agua del avellano», «Adiós a España», «Soy un pobre presidiario», «Camino verde»… y tantas y tantas otras más. Sigue leyendo

Granada atardeciendo

Puerta Real. Atardeciendo bajo la lluvia, acuarela de Geoffrey Wynne
http://geoffreywynne.blogspot.com/

No encontré la luz

que buscaba en Granada,

la luz dormida,

doliente y gélida del alba,

la luz de la muerte,

tan amarga y callada.

 

No hallé las sombras

ciegamente asomadas,

ni los negros ojos del tiempo

que tímidamente me miraban.

 

No vi la pasión oscura

sin sentido ni alma,

como una voz terrible

que no grita ni habla.

 

No pude adentrarme

en los vacíos inertes de Granada,

ni ver perdidos mi amor,

mi dulce miedo y mi esperanza.

 

Al atardecer, al filo mágico de la duda,

herido por sus ardientes espadas,

sentí crecer la vida

la larga huida de mis fantasmas,

la frontera que firme permanece

entre el todo y la nada.

 

Atardeciendo en tus brazos,

en tu recóndita impaciencia, Granada,

supe que tu cegadora luz

era incandescente y dorada.

Canción a Isabel

Aún me siento palidecer cuando me miras, como un huracán envuelto en luces blancas. Sé que la noche es tuya y, sin embargo, trato fugazmente de apresarla subido a las ráfagas cálidas de tu cuerpo. Me dejo llevar en el fondo de tu espuma brava, cuando a borbotones se desata desde la entraña de ese pozo misterioso y negro que en ti se agita y duerme. Todavía amanezco en tu luz y muero en tu ausencia; te digo que eres el alma de las cosas y la esperanza que asciende por mis venas como un arroyo verde anhelando escuchar el rumor de los mares. Sin ti no existe ni la espera ni el deseo; ni las voces del alba ni los sueños que en mí se enredan bajo el palio oscuro de la madrugada eterna. Por ti lucho en el infierno, en el fuego ardiente y crepuscular, en el vértigo imparable de las horas, en el laberinto de la razón y la duda. Junto a ti descubro los enigmas del aire, las fuerzas que me alientan en el camino hacia la felicidad, el silencio que calla en el paraíso de tus labios. Pero, por encima de todo, mi corazón inmenso, todavía te amo porque sé que si no te amara, mi vida, enloquecida y muda, sucumbiría presa del miedo a no tenerte.

[A Isabel, con quien descubrí que era posible amar hasta la locura]

Texto incluido en el libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, Madrid 2016), página 63

http://www.esebook.com/product/469728/el-delirio-de-la-palabra

Cómo duele

Ilustración: bubulina65

Cómo duele,

segundo insensato,

la inoportuna cadencia

del tiempo pasado.

 

Ella es un grito

de fuego ardiendo.

En cambio a mí

me invade el silencio.

 

Ella es la reina

del universo;

yo apenas si domino

mis sentimientos.

 

Cómo duele,

noche helada,

la ciega oscuridad

que cuelga del cielo.

 

Ella es un argumento,

una leyenda rosa;

yo no llego a palabra

ni tan siquiera a verso.

 

Ella tiene un mar en su pecho

y en sus manos el firmamento.

En cambio yo

no sé cómo es la vida

que me tiembla por dentro.

 

Cómo duele,

amada mía,

la triste mirada

que tus ojos me envían.

 

Ella es una espiga

preñada de sol;

yo apenas un desierto

sediento de besos.

 

Ella funde

estrellas en sus labios,

mientras yo temo

el arrebato del fuego.

 

Cómo duele,

sueño lejano,

sentirse morir

enredado en tus brazos.

 

Ella peina

una mañana en sus cabellos.

Mis ojos se nublan

de tinieblas sufriendo.

 

Ella es una amapola

volando en el viento;

yo una espina

hendida en la tierra.

 

Cómo duele,

imposible libertad,

sentirte llorar

cada aurora temprana.

 

Ella es un espejo

en una laguna apasionada.

Yo una pasión

reflejándose en su mirada.

 

A ella le sobra la vida.

A mí me falta la muerte.