Canción de la muerte

En prosa…

Muero, mi amor, y muero, por lo que no debería morir. Muero al sentirte cerca y no poderte decir, decirte que muero y muero al encontrarme sin ti. Muero en la noche negra, muero en tus negros ojos. Muero en tu mirada blanca, muero en tu blanco cuerpo. Muero, mi niña, muero de tanto amarte en silencio. La canción de la muerte redobla en los redondos tambores del viento. Muero, que muero y muero, cuando tus labios se callan los dulces besos que yo quiero. Muero en tus sollozos ahogado, muero en la ausencia de tus brazos. Muero, muriendo muero, cuando llamo a las puertas de tu vida y no respondes ni suspiras. Muero, que sé que muero, porque en las heladas noches de invierno ocultas tus ardientes pechos para que mis manos no los encuentren. Muero, despacio muero, que la muerte me espera y su canción ya retumba en los altos valles del cielo.

… y en verso

Muero, mi amor, y muero, 
por lo que no debería morir.
Muero al sentirte cerca
y no poderte decir,
decirte que muero y muero
al encontrarme sin ti.

Muero en la noche negra,
muero en tus negros ojos.
Muero en tu mirada blanca,
muero en tu blanco cuerpo.
Muero, mi niña, muero
de tanto amarte en silencio.

La canción de la muerte redobla
en los redondos tambores del viento.
Muero, que muero y muero,
cuando tus labios se callan
los dulces besos que yo quiero.

Muero en tus sollozos ahogado,
muero en la ausencia de tus brazos.
Muero, muriendo muero,
cuando llamo a las puertas de tu vida
y no respondes ni suspiras.

Muero, que sé que muero,
porque en las heladas noches de invierno
ocultas tus ardientes pechos
para que mis manos no los encuentren.

Muero, despacio muero,
que la muerte me espera
y su canción ya retumba
en los altos valles del cielo.

Palabras de ida y vuelta: de un puñado de frases a un ramillete de versos; de un párrafo que viaja solo a un poema salpicado de estrofas.

Texto extraído de mi libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, 2016)

«Haikus» de Hashimoto Takako

Hortensia azul. 
Las cartas de ayer
se han vuelto viejas.

Con un crujido
ata una faja alrededor
de la planta marchita.

En la oscuridad
añoro el olor
del membrillo maduro.

En este monte nevado
se manifiesta en su lu
el sentido de mi vida.

En soledad
pasa la vida, día a día.
Migran los gansos.

Luna de noche fría.
Las llamas de la hoguera,
una a una, se elevan.

Se desvanece el rocío
cuando poso mi mano
en mi pecho.

Comparto el sueño
con el que se marchita
a la luz de la luna.

Del poemario A la luz de la luna (La senda del haiku, 2024)

Hashimoto Takako (Hongō, Tokio, 15-1-1899 – 29-5-1963), poeta japonesa de haikus.