La más alta cima

Ilustración: Pixabay

La arena del reloj celeste a veces se duerme en su propio sueño, alargando hasta lo imposible su último segundo misterioso. Deja, poco a poco, impacientar mi deseo de que una brisa cualquiera asome a través del ventanal resplandeciente y me anime a volar con ella hacia la abierta inmensidad de un universo aún por descubrir.

Desde lo alto, desde la cima más dibujada en el aire, he de observar caminos indescifrables, gigantes de humo, enanos de piedra, solitarios y mudos, que tratan de agitarse empujando sus vidas. No me sentiré ni más ni menos, ni alto ni poderoso. Solo pretenderé asomarme entre nubes hacia la confusa insolencia de un mundo que parece querer alejarme de ti. Volaré solo si es preciso, cubierto de lluvia, nieve o viento, hacia la luz, hacia un planeta con un infinito horizonte.

Si en un destello de suerte buscada pudiera adivinar tu figura, te diría ven, deseo sentir tu cuerpo a mi lado, flotando suavemente cerca de mí, y, apartados del polvo y la tierra, habitaríamos solos en la más elevada cima del universo.

Diálogo entre la hija y la madre

Ilustración extraída del blog «Mi pequeño gran mundo» http://simplementemipequenogranmundo.blogspot.com

Siento aproximarse la noche

envuelta entre quejidos y sombras.

No temas, mi vida,

que no he de abandonarte

ni despierta ni dormida.

Tendrás que arrullarme

con tu voz de terciopelo

para que despacio me adentre

en la quietud del sueño.

Cuando llegue la hora señalada,

te susurraré al oído

una dulce y enamorada nana.

¿Y si el frío

de mi corazón se apodera?

Le diré al dios de los cielos

que envíe el fuego de una estrella.

¿Y si la oscuridad

prende el miedo en mi cuerpo?

Encenderé los luceros que habitan

en las entrañas del firmamento.

En tu regazo, madre,

los sueños se he me harán eternos.

Y si así no fuera,

acosaría a la noche

hasta dar con ellos.

Ahora sé que a tu lado

se acallarán mis temores.

Deja que te mire,

deja que te adore,

deja, mi niña, que bese

tus manos de seda

y tus ojos verdes.

Si no tuviera cerca

tus ardientes brazos,

la pena de no sentirlos

me ahogaría

en mi propio llanto.

Si mis ojos dejaran de verte,

avivaría el fuego

que arde en mi vientre

hasta parirte de nuevo.

¡Nunca me abandones!

Siempre seré tuya.

¡Que no mueran tus amores!

¡Cómo han de morir si eres mi sol y mi luna!

Poema incluido en el libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, 2016), páginas 29-30 http://www.esebook.com/product/469728/el-delirio-de-la-palabra

La cuenta atrás

Foto: Pxhere

Diez, nueve…

Siento que ha empezado

la cuenta atrás,

pero no sé cómo parar el tiempo.

No sé si podré

adueñarme de él

o si ya no me pertenece.

Ocho, siete…

Siento que se me escurre

entre los dedos de las manos,

que fluye por las venas

de mi cuerpo

sin que pueda

atraparlo de nuevo.

Seis, cinco…

Cuando miro hacia atrás,

veo todo mi mundo

desvaneciéndose en

un horizonte infinito

sin límites ni distancias

que no acierto a reconocer con claridad.

Cuatro, tres…

Cuando miro hacia delante,

me ciega una pared tapiada de espanto

que silencia mi voz,

mi corazón y mi mirada,

enredándome en un laberinto oscuro

que solo conduce al vacío.

Dos, uno…

Ahora que la cuenta atrás

parece acelerarse

de manera inexorable,

ya no entiendo de horas,

de minutos ni segundos,

de instantes ni pausas.

Ahora que el tiempo

se va lentamente deteniendo,

no sé si existe el paraíso o el infierno,

el todo o la nada.

Solo sé cuánto dura la vida,

pero desconozco cuánto dura la muerte.

Oda a la soledad [Anexo]

Ilustración: Egin Akyurt

Los hay que aún andan huérfanos de amor y un poco de compañía, solos en mitad de un vacío que no consiguen colmar. Pero también los hay que han visto cómo lentamente se desvanecían sus viejos sueños, sus grandes o pequeñas esperanzas, sus revoluciones interiores o las que querían aflorar para cambiar el mundo. Tal vez es que, casi sin darnos cuenta, cuando echamos la vista atrás comprobamos que hemos ido perdiendo demasiadas cosas que siempre debieron pertenecernos, pero que alguien nos ha ido arrebatando sin pedirnos permiso. Quizá es que nos hemos dejado abducir por falsas promesas para luego dejarnos desnudos en mitad de la nada, enredados en un laberinto de ideas y enajenaciones ajenas.

En este «invierno de nuestro descontento» ya no queremos que nos hieran más, que nos desangren el corazón y la mente. Solo queremos recuperar nuestra vida, nuestra única y preciosa vida, por la que cada día tenemos denodadamente que desvivirnos para seguir viviéndola. Solo queremos que nos devuelvan nuestra realidad y nuestra ficción, lo que fuimos y lo que hemos dejado de ser, que no hay nada más hermoso que recostarse plácidamente cada noche al abrigo de nuestros pensamientos y nuestros recuerdos, nuestros amores perdidos, siempre eternos o nunca olvidados, nuestras aventuras y desventuras, nuestra simple rutina cotidiana, nuestros horizontes cercanos, esos que cada día somos capaces de rozar apenas con la punta de nuestros dedos.

«Oda a la soledad [Anexo]» está incluido en el libro El alma desnuda. Relatos desafiando al tiempo (viveLibro, 2018) http://www.esebook.com/product/475515/el-alma-desnuda

Oda a la soledad

Se deshizo entre mis dedos lo único que me quedaba. Mis manos se quedaron vacías, como mi corazón y mi alieno. Desde que te fuiste, de repente, sin tiempo para despedirte, no tengo nada, no siento nada, no quiero nada. Mi boca se secó y mi voz solo pronuncia palabras mudas, que no dicen ni callan.

Sé que no quisiste irte, ni yo que te fueras. Sé que no fuiste tú quien decidió abandonarme, ni yo quien te animó a que lo hicieras. Por eso, quizá debimos irnos juntos. Todo menos soportar esta inmensa soledad que tanto me duele, que tanto me pesa y tanto me hiere. Si no estás tú, no tengo a nadie. Solo sombras y silencios a mi alrededor que me envuelven en el doloroso vértigo de tu ausencia.

Cuando cerraste los ojos para siempre, me prometí a mí misma seguir viviendo, intentar sobrevivir sin dejar de mirar atrás, pero con la mirada puesta en mañana. Pero, a pesar del tiempo transcurrido, no puedo, no me siento capaz de dar un solo paso al frente sin sentirte a mi lado. No tengo ni voluntad ni fuerzas para caminar a solas conmigo misma. Y sin embargo el peso de la soledad cada vez me ahoga más, cada vez me aísla más de todo, cada vez se estrecha más mi mundo, como si a cada minuto fuera reduciéndose a un espacio mínimo en el que ya casi no puedo moverme.

No sé qué hacer ni qué decir, qué recordar o qué olvidar. Me siento derrotada y perdida, atrapada y confusa, solo esperando inútilmente a que un leve suspiro de luz le dé una bocanada de aliento a mi vida.

«Oda a la soledad» está incluido en el libro El alma desnuda. Relatos desafiando al tiempo (viveLibro, 2018) http://www.esebook.com/product/475515/el-alma-desnuda