Todo

Ilustración: Gaelle Marcel

Beber la luna

que tiembla en tu vientre,      

la desnuda noche

que en ti se estremece.

Aclarar las sombras

con la estrella de tus aguas,

y morir en el llanto

que gritan tus lágrimas.

Soñar el sueño de tu sueño,

y besar un alba

creciendo en tus labios

como un suspiro en llamas.

Sentir las rosas

que inundan tu cuerpo,

las calladas olas

que desatan tus vientos.

Acariciar el vértigo

de tu mirada furtiva,

y aspirar el aliento

que desprende tu vida.

A Isabel

Maldito escalón

Tropecé con aquel maldito escalón al subir al autobús. No fue nada, solo una caída tonta. Me levanté sin más y entré, pero ya no estaba. ¡No me lo podía creer! Juraría que poco antes la había visto sentada junto a la ventanilla. Hacía diez años que no sabía nada de ella, pero era imposible no reconocerla, no oler su presencia. Durante todo este tiempo la he estado buscado desesperadamente. Solo quería decirle que nunca dejé de amarla, que seguía sintiendo su respiración, el brillo de su mirada clavada en la mía, que sin ella mi corazón había dejado de latir y mi vida andaba perdida en un laberinto sin salida.

Te sugiero huir

Imagen: Comfreaks (Pixabay)

Camino del mar te espero, camino del callejón solitario y angosto que conduce al corazón de la verdad y el entendimiento. Te espero izado en el horizonte, sobre el arco iris del mil colores que irradia una luz rebosante de vida, aviso de lluvia que momentáneamente habrá de limpiar la imperfección del aire y su velada sombra. Te aguardo tendido en el valle verde, elevando la vista hacia el inmenso cielo, dueño del día y de la noche, compañero del desconsuelo y la agonía. Al tiempo que cada grano de arena va construyendo montañas, adelantaré mi pensamiento al momento justo en que presienta tu cálida presencia, tu inconfundible cercanía, pausada y sonriente, que sin querer quiere infundir en mí impaciencia y solivianto.

Te soñaré dormido o despierto, agonizante o vivo, ávido de palabras o en silencio, pero siempre en brazos de la diosa fantasía, en la que, al amanecer, se refugian los que sueñan con volar algún día al planeta de lo indescifrable. Te espero a las puertas del amor, de pie sobre la apacible vereda que sinuosa se extiende hasta el lugar en el que el destino habita, como un tiempo irreconocible e incierto que se hace rogar sumergiéndose en el desconcierto, la inquietud y la duda.

Te lloro por fuera, liberando lágrimas que impiden cualquier uso de la razón, seguramente ansiosa por ocultar tu imagen en las entrañas del olvido. Te lloro por dentro e inundo mi espíritu de sentimientos frágiles e indefensos ante tu voz o tu mirada, ante tu más mínimo gesto, pretendidamente inexpresivo, pero capaz de arrastrarme hasta lo más profundo de la inconsciencia. Te sugiero huir hasta la otra orilla; solo es preciso caminar sobre la bravura del agua, para finalmente llegar hasta la frontera de un paraíso recreado en el ensueño, pero real y palpable si quisiéramos, si nuestros deseos tuviesen la fuerza suficiente para convertir lo fugaz en eterno; para transformar tu indiferencia en acercamiento mutuo que permitiese disipar la neblina, encontrar en el laberinto del universo algún rincón inexplorado y maravilloso, hecho solo para amar y ser amado.

Desconocidos poetas

Foto: twin1961 (Pixabay)

Los desconocidos poetas son como la cara oculta de la luna: se saben que existen pero nadie logra verlos. Se les ha condenado despiadadamente a vivir de espaldas a la luz de las miradas. Permanecen atrincherados en la ocultación y en la sombra, en la desidia ajena y en la penumbra, pero también en la desnuda pasión por desentrañar hasta la más mínima definición de la vida. Sigue leyendo