Tierra baldía

Foto: Klimkin

Con la siembra del odio

hendiendo el filo de la navaja

en los surcos de la tierra baldía,

solo florecieron el dolor,

la más honda amargura,

una herida abierta y profunda.

Con el filo de la navaja

que surcaba la tierra baldía

se sembró de muerte,

de dolor y de amargura

la semilla de amor

que hacía florecer la vida.

En los surcos de tierra baldía

en los que se hendía la semilla,

el filo abierto de la navaja

dejó una dolorosa herida

en el amor que clamaba florecer

como tierra sembrada de vida.

Con la semilla del odio baldío

sembrado en el filo de la navaja

se apagó una voz que florecía

en los surcos de una tierra fértil

en la que cobraba vida

un amor sin dolor ni heridas.

Versos insondables de un poemario aún yermo


			

Sin sentidos

Ilustración: Efes

Siento cómo se detiene mi cuerpo

dejándome a merced de mis recuerdos,

encadenado a una fugaz memoria

que antes resurgía de mis cenizas

y ahora se desvanece en la niebla.

Palpo mi gélida e indolente alma

vaciándome de aquellos hermosos sueños

que me inundaban de esperanzas

y ahora solo son tenebrosas pesadillas

que agitan mis noches de soledad infinita.

Noto mi corazón desarmado y herido

dejando lentamente de palpitar

por todo aquello que amaba hasta el delirio

y ahora desama sin cordura

templando pasiones sin llama ni vértigo.

Percibo la fría oquedad de esos mis ojos

que transitan a tientas sin mirar hacía atrás,

dejando a ciegas los hermosos recuerdos

que alentaban mi vida sin pedir nada a cambio

y ahora se esconden entre tinieblas sombrías.

Intento escuchar mi voz susurrándome al oído

pero son gritos sordos que amordazan mis palabras,

diciendo nada de lo que antes decían,

dejando huecos y vacíos los sonidos

que resuenan en mis adentros.

Viento

Palabra de escritor

Imagen: Christine Sponchia

El viento quiso ser brisa

y acabó siendo la raíz del aire.

Quiso sumergirse

en una eternidad infinita

y apenas si duró un suspiro de luz,

un suspiro de tiempo, rápido, nervioso,

vertiginoso e inquieto.

De por medio se mezcló la aurora,

el llanto y el silencio,

el recuerdo de un solo instante,

que fugaz apareció

y fugaz escondió su alma

entre el polvo y la niebla.

El viento quiso ser tiempo,

y acabó siendo nada,

cuatro pasos, dos miradas,

olvido perdido

en el mágico laberinto de un solo segundo.

Ver la entrada original

Miedo

Foto: Nino Carè (CC)

Me da miedo mirar hacia atrás. Incluso me da miedo mirar hacia delante. Me da miedo mirarte sin saber qué debo o qué debería decir. Tal vez sí lo sé, pero me faltan fuerzas suficientes para expresarlo todo, mi despierta sensación de amor, adormecida a veces, pero demasiado viva como para morir cualquier noche entre la suave cadencia de alguna melodía lejana y el grito profundo de un corazón que parece querer salirse de su propio vértigo y caminar él solo en busca de compañía.