Diálogo entre tus ojos y mis ojos

Ilustración: Robert Ruggiero

—¿Qué miras?

—Tus ojos.

—¿Mi ojos?

—Los luceros que tiemblan

en la oscuridad de tu rostro.

—¿De qué color son

que no puedo verlos?

—Del color de los silencios.

—¿Acaso tiene color el silencio?

—El color de tus ojos

callados e inmensos.

—¿Y son hermosos?

—Más que un crepúsculo

bordado en oro.

—¿Tus palabras serán mentira?

—Si no me crees,

contempla mi mirada herida.

—¿Son grandes mis ojos?

—Tan grandiosos como el amor

que por mis versos asomo.

—¿Te burlas o me halagas?

—Te digo lo que siento,

y cuanto mi pasión ama.

—¿Tanto te dicen mis ojos?

—Tanto, que cuando me hablan

olvido lamentos y enojos.

—¿No te habrás cegado

mirando el sol de la tarde?

—Tan solo observo

cómo tus ojos arden.

—¿Cómo han de arder

si los siento helados?

—Habrá sofocado su fuego

mi desesperado llanto.

—¿Quizá es que hoy

cansados están mis ojos?

—No preguntes, afirma,

cansados han de estar

de ser tan hermosos.

—Y ahora dime, ¿y si mañana

no desearan volverte a ver?

—No digas eso, insufribles ojos,

que aún la noche es larga

y en ella puedo perecer.

Poema incluido en mi libro «El delirio de la palabras. Prosas y versos de juventud» (viveLibro, 2016)

El laberinto de la memoria

Palabra de escritor

Estoy enredado en el laberinto de mis recuerdos. No sé de lugares ni de tiempos. No sé de espacios ni de horas, de minutos y segundos. No distingo el todo de la nada; tu nombre del mío, tu mirada de la mía, el perfil de tu rostro ni la silueta de tu cuerpo. No recuerdo el roce de tus labios ni la dulzura de tus manos agarradas a la mías, apretándolas fuertemente hasta nunca decir basta. No sé si estuviste o no, si fuiste realidad o solo una imagen trazada en el aire.

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Luces y sombras


Ilustración de Lindsay Stewart (CC)

Te busqué entre las sombras

que nublaban mis sueños,

y encontré la luz

en el destello sostenido

de tus tersas caricias.

Te busqué entre las luces

que cegaban mi alma,

y encontré refugio

a orillas de tus brazos

adormeciendo versos.

Te busqué entre las dudas

que ofuscaban mi mente,

y hallé amor y cordura

en la espiral que se agitaba

en el precipicio de tu mirada.

Te busqué entre quebrantos

que gemían desesperados,

y encontré sosiego

en el templado susurro

que emanaba de tu boca.

Te busqué entre las tinieblas

que envolvían mi vida,

y hallé cálido reposo

en el sutil resplandor

que irradiaban tus besos.

Carita de ángel

Al rozar la medianoche

apareció como caído del cielo

aquella hermosa criaturita

de cuerpo rechoncho

y de corazón de oro.

En su carita de ángel

llevaba pintados

los rasgos de la mía,

la naricita achatada

y los labios encarnados.

Cómo se puede querer

tanto a alguien recién llegado

a quien nunca había visto,

sin balbucear palabras

que me dijeran algo.

Dudé de si era mío

o si venía prestado

pero se esfumaron las dudas

cuando me miró de frente

pidiendo un soplo de cariño.

Difícil era no darle mi alma

a aquel retoño de ojitos azules,

de piel transparente y rosada

que llegaba a mi vida

como una llamarada.

Imposible no prometerle

amor para siempre,

sintiendo sus manitas de seda

aferrarse suavemente a las mías

para nunca separarse de ellas.

A mi hijo Alejandro, en su feliz cumpleaños

Poema incluido en el libro «Reverso y anverso. Poemas de largo recorrido» que la editorial Libros Indie publicará a finales de año.


					

Tardes de primavera

Ilustración de Pilar Casellas
https://www.artelista.com/obra/2660901872658518-sauce-lloron.html

En las templadas tardes de primavera

dejaba que mi cuerpo reposase

bajo el palio sombrío del sauce

que lloraba lágrimas de plata.

Al compás cadencioso del ronroneo

que rezumaba su ramaje esmeralda

caía rendido en un sueño profundo

del que ansiaba no despertar jamás.

En él me erguía firme en la proa

de un bajel de velas onduladas

surcando mares bravíos

en busca de paraísos cercanos.

Al abrigo del calmo gemido del sauce

el sueño me encadenaba a otra vida,

en la que hallaba amor y sosiego

gritados a los cuatro vientos.

A la luz vespertina de la primavera

me arrobaba en los suaves brazos

de un murmullo liviano

que me susurraba libertad al oído.

Bajo la sombra del sauce llorón

que templaba mis tardes primaverales

hallaba una hermosa existencia

al otro lado de mi sueño insondable.