
Se dice aquello de llevar un buen tren de vida
cuando la vida te sonríe y dulcemente te acaricia,
pero sin saber cómo ni por qué, sin respuesta alguna,
es a veces un tren el que de pronto la vida te quita,
a traición, en vía muerta y a plena luz del día,
como si un fatal destino querer no quisiera
que hubiera vidas que completaran su recorrido.
Qué terrible es que alguien no llegue al final de su viaje,
que en apenas unos instantes se detenga para siempre
su largo y trabajoso tránsito por eso que llaman vida.
Ahora solo queda derramar lágrimas y suspirar de pena,
aliviar el dolor de los que han podido continuar su camino,
aún con el alma quebrada, el corazón encogido
y su cuerpo salpicado de esas heridas que cicatrizar cuesta;
recordar en vida a aquellos que la muerte ha detenido
sin que jamás ellos lo hubieran pedido,
sin que morir de pronto hubiesen decidido
en un tren con destino a la muerte.
A las víctimas del trágico accidente ferroviario ocurrido en Toledo.













