Diálogo entre la soledad y el recuerdo

—No dejes que muera,
que me domine el silencio
y me abata la tristeza.

—¡Qué puedo hacer por ti
si el destino eterno
me ha condenado a vivir
en los confines del sueño!

—¡Háblame de las soleadas tardes,
de la lejana quietud,
de los crepúsculos naciendo
en las entrañas de la luz!

—¡Cómo he de hablarte
si mi memoria se desvanece
como el fulgor de la tarde!

—¡Grita el rumor y las palabras,
grita la noche mía,
grita mi infancia,
grita la vida!

—Mi voz ha enmudecido.
Quizá nunca más exista,
quizá nunca haya existido.

—¿Y qué fue, entonces,
de aquella vieja felicidad,
de aquellas encendidas pasiones?

—Como luces anocheciendo
se habrán apagado
en la oscuridad del tiempo.

—No puedo creer
que me haya abandonado
todo cuanto amé.

—Soledad, no me llores tus penas.
Aunque la tarde ha muerto,
pronto alumbrarán las estrellas.

—Mi desolación me llevará
por las veredas del infierno,
donde tristes mueren
los alejados de sus recuerdos.

—Me duele saberte herida,
pero solo el vacío
clavó sus razones en tu vida.

—Ahora sé que nada soy,
ni nada he sido,
que mis años pasaron
como un fugaz suspiro.

Poema incluido en «El delirio de la palabras. Prosas y versos de juventud» (viveLibro, 2016)

Todo

Ilustración: Gaelle Marcel
Beber la luna
que tiembla en tu vientre,       
la desnuda noche
que en ti se estremece.

Aclarar las sombras
con la estrella de tus aguas,
y morir en el llanto
que gritan tus lágrimas.

Soñar el sueño de tu sueño,
y besar un alba
creciendo en tus labios
como un suspiro en llamas.

Sentir las rosas
que inundan tu cuerpo,
las calladas olas
que desatan tus vientos.

Acariciar el vértigo
de tu mirada furtiva,
y aspirar el aliento
que desprende tu vida.

Poema incluido en el libro Del amor y otras locuras (Seleer, 2021)

El laberinto de la memoria

Estoy enredado en el laberinto de mis recuerdos. No sé de lugares ni de tiempos. No sé de espacios ni de horas, de minutos y segundos. No distingo el todo de la nada; tu nombre del mío, tu mirada de la mía, el perfil de tu rostro ni la silueta de tu cuerpo. No recuerdo el roce de tus labios ni la dulzura de tus manos agarradas a la mías, apretándolas fuertemente hasta nunca decir basta. No sé si estuviste o no, si fuiste realidad o solo una imagen trazada en el aire.

Luces y sombras

Foto: Jackson David
Te busqué entre las sombras
que nublaban mis sueños,
y encontré la luz
en el destello sostenido
de tus tersas caricias. 

Te busqué entre las luces
que cegaban mi alma,
y encontré refugio
a las orillas de tus brazos
adormeciendo versos.

Te busqué entre las dudas
que ofuscaban mi mente,
y hallé cordura
en la espiral que se agitaba
en el precipicio de tu mirada.

Te busqué entre quebrantos
que gemían desesperados,
y encontré sosiego
en el templado susurro
que emanaba de tu boca.

Te busqué entre las tinieblas
que envolvían mi vida,
y hallé reposo 
en el sutil resplandor
que irradiaban tus besos.

Poema incluido en el libro «Del amor y otras locuras» (Seleer, 2021)

Diálogo entre la hija y la madre

Ilustración de Katie M. Berggren
Siento aproximarse la noche
envuelta entre quejidos y sombras.

No temas, mi vida,
que no he de abandonarte
ni despierta ni dormida.

Tendrás que arrullarme
con tu voz de terciopelo
para que despacio me adentre
en la quietud del sueño.

Cuando llegue la hora señalada,
te susurraré al oído
una dulce y enamorada nana.

¿Y si el frío
de mi corazón se apodera?

Le diré al dios de los cielos
que envíe el fuego de una estrella.

¿Y si la oscuridad
prende el miedo en mi cuerpo?

Encenderé los luceros que habitan
en las entrañas del firmamento.

En tu regazo, madre,
los sueños se he me harán eternos.

Y si así no fuera,
acosaría a la noche
hasta dar con ellos.

Ahora sé que a tu lado
se acallarán mis temores.

Deja que te mire,
deja que te adore,
deja, mi niña, que bese 
tus manos de seda
y tus ojos verdes.

Si no tuviera cerca
tus ardientes brazos,
la pena de no sentirlos
me ahogaría
en mi propio llanto.

Si mis ojos dejaran de verte,
avivaría el fuego
que arde en mi vientre
hasta parirte de nuevo.

¡Nunca me abandones!

Siempre seré tuya.

¡Que no mueran tus amores!

¡Cómo han de morir
si eres mi sol y mi luna!

Poema incluido en el libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, 2016)

Oda a la soledad [Anexo]

Palabra de escritor

Ilustración: Egin Akyurt

Los hay que aún andan huérfanos de amor y un poco de compañía, solos en mitad de un vacío que no consiguen colmar. Pero también los hay que han visto cómo lentamente se desvanecían sus viejos sueños, sus grandes o pequeñas esperanzas, sus revoluciones interiores o las que querían aflorar para cambiar el mundo. Tal vez es que, casi sin darnos cuenta, cuando echamos la vista atrás comprobamos que hemos ido perdiendo demasiadas cosas que siempre debieron pertenecernos, pero que alguien nos ha ido arrebatando sin pedirnos permiso. Quizá es que nos hemos dejado abducir por falsas promesas para luego dejarnos desnudos en mitad de la nada, enredados en un laberinto de ideas y enajenaciones ajenas.

En este «invierno de nuestro descontento» ya no queremos que nos hieran más, que nos desangren el corazón y la mente. Solo queremos recuperar nuestra vida, nuestra única y preciosa vida…

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Mi alma andaluza

Con mi puño en alto
y mi corazón a la izquierda,
late mi alma andaluza
ondeando contra viento y marea
su jadeo de verde esperanza,
su diáfana aurora blanca.

Esa agitada alma mía
de raíces incandescentes
que no quiere miserias,
desaires ni vergüenzas,
caricias que no se sienten,
migajas de ternura falsa.

Esa alma mía de mirada nítida
y ventanales abiertos
que no quiere que la vendan 
la hieran o la traicionen,
la humillen o la maltraten,
la ultrajen o la arrodillen.

Esa mi alma andaluza
que solo pide sin bajezas
que la amen a manos llenas,
que mi hermosa tierra mía
no está en edad de merecer
que no den su vida por ella.

Esa reluciente alma mía  
que, descosida y yerma,
a veces se viste de luto,
se le secan sus pupilas
y llora lágrimas de mimbre
para ahogar sus angustias.

Esa indómita alma mía 
que, de tarde en tarde,
borra el crespón negro
que luce en su solapa
para desvanecer zozobras
y avivar esperanzas.

Con su corazón descosido
y su alma yerma,
Andalucía hoy está de luto.
Se secaron sus pupilas
y llora lágrimas de esparto
para aliviar sus penas.

En su hermosa bandera,
verde desesperanza,
blanca mortecina, 
luce un crespón negro
que nubla memorias
y desvanece sueños.

Río Dauro

Dibujo de Eugenio Rivera
Bajo la falda plisada
de la imponente nave roja
que lo cuida de cerca,
navega el río de Granada
llevando en sus aguas
suspiros dorados
y lágrimas de nieve.

Envuelta en un manto
de encaje verde
que perfuma de azahar
los balbuceos del aire,
enciende la vela de su torre
para guiar al río
desde la plaza Nueva.

Poema completo incluido en el libro «Reverso y anverso. Poemas de largo recorrido» (Libros Indie, 2022), con dibujos de Eugenio Rivera

Callejón de Aguirre

Dibujo: Eugenio Rivera
Relucen en mi lívida memoria
las paredes encaladas de sueños
del callejón angosto 
en el que me asomé a la vida
un día lejano de otoño
con olor a castañas y acerolas.

En su inmaculada blancura
florean manojos de geranios verdes
ceñidos en tiestos de tierra erguida,
claveles reventones echando raíces
en macetas ungidas de barro,
azucenas enrejadas en balcones.

Extracto del poema «Callejón de Aguirre», incluido en el poemario «Reverso y anverso. Poemas de largo recorrido» (Libros Indie, 2022)