Canción dormida de cuna

Ay cielo, cielito, cielo,

cómo titilan en la noche

esos ojitos azules

que brillan como luceros.

 

Ay cielo, cielito, cielo,

deja que te acune

hasta dejarte dormido

en una nube de sueño.

 

Ay cielo, cielito, cielo,

cuánta dulzura exhala

el sedoso tacto

de tu piel de terciopelo.

 

Ay cielo, cielito, cielo,

entre susurros de arrullo,

entre suspiros de cariño

te mezo en mi pecho.

 

Ay nana, nanita, nana,

canción dormida de cuna

musitada en silencio

hasta despuntar el alba.

 

Ay nene, netito, nene,

de tu boquita de ángel

bostezan azucenas rosas

y pajaricos celestes.

 

Ay nene, nenito, nene,

deja que caliente

tus manitas de algodón

blancas como la nieve.

 

Ay nene, nenito, nene,

esos hoyuelos tuyos

me los comeré a besos

cuando menos te lo esperes.

 

Ay nene, nenito, nene,

de tu vida bebe la mía,

de todo tú mi alma

respira y siente.

 

Ay nana, nanita, nana,

canción dormida de cuna

musitada sin palabras

hasta clarear la mañana.

Oda a Federico García Lorca

Aquel verano de 1936, en el silencio de la noche, miles de voces venidas de todos los lugares del tiempo gritaron el nombre de Federico, el único Federico que habían conocido, como si fueran lágrimas de esparto emergiendo desde el fondo reseco de sus gargantas. Sigue leyendo

Imborrable

Ilustración: Efes

En esta gélida tarde

henchida de ausencias,

dudas y silencios,

trato de borrar

de mi frágil memoria

las cosas que sufrí de lejos,

aquello que me hirió de cerca.

 

En estas horas

sin medida ni distancia,

lo que no logro es olvidarme

de tu cuerpo vestido

de luna blanca,

de tu pelo teñido

de noche oscura.

 

En estos minutos perdidos

en la inmensidad del tiempo,

no puedo vaciar de mi alma

tus pupilas vertiendo

océanos de estrellas,

tu boca empuñando

rosas de rojo ardiente.

 

En estos segundos

que me hierven por dentro,

no consigo extraer

de lo más hondo de mis entrañas

la sedosa dulzura

de tu mirada insondable,

el eco de tus palabras

susurrándome al oído.

 

En estos instantes

que no empiezan ni terminan,

en el aliento de mi memoria

solo me queda el resplandor

de tu pecho ceñido al mío,

el suave tacto de tus manos

prendidas en las mías.

A Isabel, imborrable en mi corazón y en mi mente

Un país lejano y próximo

 

Cuando llegué a Madrid a mediados de los 60, después de haber pasado buena parte de mi infancia en Noruega, tuve la sensación de haber aterrizado en lugar ajeno, al que no pertenecía, en el que todo me resultaba extraño: el laberinto de calles con olor a gallinejas y vermú con sifón del barrio de Lavapiés al que nos trasladamos a vivir, las gentes con todos los acentos que lo poblaban, sus tiendas de ultramarinos todavía con decorados de posguerra…, e incluso el español, que era como mi segunda lengua. Sigue leyendo

Tiempo

Ilustración: Ernest Descals (https://ernestdescals.files.wordpress.com)

I

El tiempo detiene su péndulo

buscando su última palabra.

La lluvia juega a caer,

ritmo de gota incesante.

El cielo se viste de oscuridad,

final del trayecto,

alguna razón perdida

que se intenta recuperar.

Y un silencio profundo

agota las rendijas del alma,

todo el cansancio de un momento.

II

El tiempo apaga luces,

cruza una lágrima en su trayecto,

sin dejarse tocar una milésima de su cuerpo.

El tiempo sueña, y yo con él,

pero ama con un solo instante en la mano;

se pierde como un soplo de brisa

sin dejar rastro de su llanto.

El tiempo busca mañanas,

un punto en el infinito,

lejano, siempre inalcanzable.

El tiempo busca como busco yo

tu sombra en la noche,

el rumor de tus pasos,

que parece callar

cuando trato de seguirlos.

El tiempo intenta volar,

atravesando siglos en un minuto,

mientras yo juego a flotar sin más

en el eco perdido que lanzó tu voz

hace una eternidad,

hace una vida, hace nada.

III

El tiempo se envuelve en un vendaval

que arrastra cuanto encuentra a su paso

sin dejarse ver ni tocar.

El tiempo se tiñe de mil colores,

rojo intenso a veces,

azul, verde, gris o negro;

negro de locura sin despertar,

de delirio que nunca despertará.

El tiempo es querer y no querer,

ambición y desatino,

deseo y desesperanza,

Incertidumbre y destino,

tiempo de su tiempo.

Canción a solas

«Los amantes» (1928), de René Magritte (Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York)

Tú, tan solo tú, un anochecer suspirando y yo. Tú y yo, un espacio adormecido jugando entre ambos, el aire leyendo la despedida de la tarde. A solas tú y yo. Tímidamente a solas, entre paredes temblando como rosas de papel, tendidos nuestros corazones al pie de un rincón incendiado por una pasión llorando a solas. Sigue leyendo

El laberinto de la memoria

Estoy enredado en el laberinto de mis recuerdos. No sé de lugares ni de tiempos. No sé de espacios ni de horas, de minutos y segundos. No distingo el todo de la nada; tu nombre del mío, tu mirada de la mía, el perfil de tu rostro ni la silueta de tu cuerpo. No recuerdo el roce de tus labios ni la dulzura de tus manos agarradas a la mías, apretándolas fuertemente hasta nunca decir basta. No sé si estuviste o no, si fuiste realidad o solo una imagen trazada en el aire.

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Quise

 

Ilustración: Alina Louka. Galeria Wanda Willam

Quise decirte adiós sin poder.

Sin decirme nada te siento aún,

cercana, lejos,

inalcanzable, mía,

como vuelo que despega alto

dudando si volverá.

 

Quise olvidar tu pelo y tu mirada,

tus ojos de bruja indiferente,

de criatura amable

que habla de amor sin hablar.

 

Quise contarte mi vida,

mi vida a partir de ti,

mis sueños en ti y para ti.

 

Quise oírte y enmudecer,

como luz que apaga su claridad,

mientras su impulso

se mantiene vivo en la retina.

 

Quise imaginarte como yo quería,

y solo pude suspirar,

sentirme a tu lado

y desear por el resto del tiempo.

Llévate

Llévate mi razón si quieres

o llévate mis sueños.

Si quieres, llévate mi esperanza

o llévate mis anhelos.

 

Llévate mis alas si lo deseas

o llévate mis vuelos.

Si lo deseas, llévate mi destino

o llévate mis silencios.

 

Llévate mi reino si quieres

o llévate mi cielo.

Llévate mis ansias

o llévate mis miedos.

 

Llévate mi pecho si lo deseas

o llévate mi desvelo.

Si lo deseas, llévate mis suspiros

o llévate mi tiempo.

 

Llévate mi vida

o llévate mi cuerpo,

pero no me apreses el corazón

y con él huyas,

que si he de dejar de amarte

prefiero dejar de ser.

En nombre del padre (y VIII)

Nancy Sinatra & Frank Sinatra

Una dueto perfecto

Nadie le dijo a Nancy que fuera fácil ser la hija de Frank Sinatra, uno de los grandes mitos de la historia de la música del siglo XX, y por qué no también de la del cine, teniendo en cuenta los dos Oscar que ganó, especialmente el de mejor actor secundario por su extraordinario papel en De aquí a la eternidad (1953). Sigue leyendo