Oda a Federico García Lorca

Palabra de escritor

Aquel verano de 1936, en el silencio de la noche, miles de voces venidas de todos los lugares del tiempo gritaron el nombre de Federico, el único Federico que habían conocido, como si fueran lágrimas de esparto emergiendo desde el fondo reseco de sus gargantas.

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¡Felices sueños!

Dibujo: Sara Molina

Todos los días, hacia las diez de la noche, Emilia, la mujer que cuida de Pablo, lo arropa cariñosamente y le pide, con igual cariño, que por favor cierre los ojos e intente dormir. Pero Pablo se hace de rogar y, sin decir una sola palabra, una y otra vez se niega a cerrarlos, a pesar de la paciente insistencia de Emilia. En realidad, lo único que hace Pablo es mirar a través del tragaluz que hay en el techo de la habitación y, mientras observa con asombro cómo brillan las estrellas, no para de gritar: «¡La mama, la mama, la mama…! Como siempre, Emilia trata dulcemente de calmar su incesante grito diciéndole con toda la ternura del mundo: «Julio, tu madre ahora no puede venir, pero quizá venga mañana».

Canción de sirena

Dibujo: Sergei Tokmakov

Allá en las orillas de un mar embrujado hay pescadores de sueños y caracolas de espuma. Los revuelos del viento de alzan hasta la altura de las alturas, y luego descienden posados en las alas de una gaviota. Hay una ingenua claridad de luces despiertas; sin duda ha comenzado a amanecer en la dorada cuna de la montaña. Se desvelan las aguas enlutadas en la noche, los peces coloreados de tanto contemplar el sol, y una sirena con trenzas de oro entona una llamada de amor en una lágrima huyendo.