Granada la roja

Yo sé que tienes el cuerpo

tendido bajo la nieve,

la mirada erguida,

los pechos ardientes.

Yo sé que tu pelo verde

se enreda entre vagas sombras,

mientras un fino hilo de agua

recorre tu cuerpo a solas.

Yo sé cómo emerges en la bruma,

izada en un barco de piedra,

surcando el alma de las horas

cuando tu torre de la vela se despliega.

Ya sé que tu boca brama

un grito de espuma roja,

como si te abrieras las venas

con alfileres de nácar.

Ya sé, luz de tinieblas,

cómo el brillo de tus huellas

asustado resplandece

cuando el sueño amargo te desvela.

PD

«La Alhambra y Sierra Nevada», el precioso cuadro que ilustra este poema, es de la pintora británica afincada en España Margaret Merry, cuyos dibujos de Granada pueden verse en su magnífico blog https://paintingsofgranada.wordpress.com

En nombre del padre (IV)

Wolfgang Amadeus Mozart & Leopold Mozart

Ilustración: Leopold Mozart, Wolfgang y Maria Anna (1763), de Louis de Carmontelle

«Mon très cher pére»

Salzburgo, a comienzos de 1760. En esta preciosa localidad austríaca, un niño de apenas cinco años que atiende al nombre de Wolfgang Amadeus Mozart no solo demuestra ser un excelente violinista y, sobre todo, un virtuoso tocando instrumentos de teclado, como el clavicordio, sino que a esa temprana edad ya había compuesto 22 piezas de gran mérito, algunas de las cuales aún se siguen interpretando hoy día. Sigue leyendo

Entre tanto

Ilustración: Alina Louka

Tiritan tus manos en el aire

y entre tus dedos

se escapan versos inquietos.

 

Tiemblan tus pupilas y se esconden

como si fuesen de humo,

como si fuesen de nube.

 

Bajo el brillo de tus ojos

suspira la noche y susurra

una balada de luces despiertas.

 

Entre tanto, yo te veo asomada

en balcones preñados de violetas.

Veo cómo te besan la quietud y la calma,

y luego te das media vuelta

en dirección al firmamento,

donde la soledad de mi locura

sueña con poseer tu infinita ternura,

y mi corazón en amarte

bajo tu tímido resplandor.

Decir

Hay palabras sin sentido;

decir amor, decir destino

y no poderse contener,

como si un alud de pasiones

te asfixiara el corazón.

Decir vida ya eres mía,

decir ansia de libertad

y estremecerse tan hondamente,

que el alma parece haber huido

en busca del más allá.

Decir luz, decir esperanza,

o silenciar un vacío de sonidos

diciendo universo infinito

por qué no me quieres escuchar.

Decir firmamento cósmico y circular,

quién te puso nombre y te engendró

ahogado en tanta oscuridad,

quién te hizo símbolo del deseo

y tras un eco de miedos te ocultó.

Decir inmensidad, decir locura,

bajo tu ardor me siento palpitar

y hasta el alma se me solivianta

de tanto amar.

Decir busco el último final,

para respirar el aroma irrespirable;

busco tu silueta fundida en un ciclón,

busco la razón y el sentido

de tanta palabra dudando

si esconderse en el silencio

o conquistar un espacio de voces ardientes.