Se me fue el tiempo. Ni siquiera me despedí de él. Antes de que pudiera darme cuenta, ya se había ido sin decir una sola palabra. Es posible que en ese momento estuviera distraído o quizá mi mente anduviese perdida en la nada, pero su marcha me pilló a traición, con el paso cambiado y el corazón a punto de dejar de latir.
Si buscas un regalo especial para el «Día del padre», no olvides apuntar en tu lista de preferencias a «El Retrovisor». Este «paseo emocional por la memoria» es un libro ilustrado en el que cuento, en primera persona, recuerdos sencillos pero inolvidables sobre cómo era, especialmente en los años 60, la vida familiar, la vida en el barrio, en el colegio…, o cómo eran los juegos infantiles, las vacaciones, los programas de radio y televisión, la música, el cine, el deporte…, siempre con un tono afable y desenfadado. Todos ellos son recuerdos que nos pertenecieron durante un tiempo y que, de algún modo, nos siguen perteneciendo, porque sin ellos sería difícil escribir el corto o el largo relato del camino que hemos recorrido hasta ahora.
El Retrovisor. Un paseo emocional por la memoria (El ojo de Poe, 2019), 304 páginas.
No quisiera morir en mí mismo sin antes intentar luchar por alguien, por ti quizá, si de verdad el destino acabase mediando entre nosotros, introduciéndonos en su diminuto mundo mágico, que en una décima de segundo es capaz de cambiar cualquier rumbo y aliviar el más extenuante cansancio.
Querría dejar de vivir por mí y para mí, sabiendo que detrás de alguna esquina invisible me esperas impaciente a que llegue, sollozo ligero que sería imposible apaciguar, borrando la cálida turbación que invade hasta en el último rincón de mi cuerpo.
Desearía, imposible razón, que secaras con toda la delicadeza de tus manos el sudor frío de mi frente, mientras un inimitable trasfondo de memoria comienza a renacer confundiendo la edad y el tiempo.
Desearía tenerte siempre junto a mí, obligándome con más fuerza que nunca a seguir manteniendo el persistente inconformismo de hoy para vislumbrar un futuro lejano o no, pero vivido siempre a cada instante, sin miedo a que no acabe llegando o que pueda destruirse con cada obstáculo difícil de salvar.
Querría infinidad de ilusiones hechas realidad, pero solo me resta concebir cientos de preguntas, de las que únicamente tú tienes la respuesta cierta.