
El viento quiso ser brisa
y acabó siendo la raíz del aire.
Quiso sumergirse
en una eternidad infinita
y apenas si duró un suspiro de luz,
un suspiro de tiempo, rápido, nervioso,
vertiginoso e inquieto.
De por medio se mezcló la aurora,
el llanto y el silencio,
el recuerdo de un solo instante,
que fugaz apareció
y fugaz escondió su alma
entre el polvo y la niebla.
El viento quiso ser tiempo,
y acabó siendo nada,
cuatro pasos, dos miradas,
olvido perdido
en el mágico laberinto de un solo segundo.
