
Sobre un velero cargado de dudas desesperada mi alma navega tras sus ansias desnudas. Surca las infernales olas, peinadas con tirabuzones y, cuando llega hasta el último aliento, se descubre flotando en un mar de girasoles. Se despliegan las luminosas velas que la bruma acaricia, se disuelve la niebla que en el aire agoniza. Mi alma se siente libre e inmensa, tan distante de sus baldíos amores, tan lejos de sus terribles pesares.
¡Navega, ligera navega, navega siempre hacia adelante, que la mañana es muy corta y la mar muy grande! Una canción salpicada de espuma, con un coro de gaviotas, aviva sus intentos por alcanzar el final de su locura. ¡Bajo el espléndido sol de la tarde qué enorme se ve la vida y qué furtiva mi destrozada alma! Solo el viento acompaña su huida de la memoria amarga, y solo él le da sosiego sobre…
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