
¡Cómo no he de amarte, dímelo tú, fuego de mi sombra, sabiendo que aún existes a mi lado! ¿A quién he de ofrecer mi corazón y mi cordura, si al mirarla recostada sobre mi pecho, lo siento lleno de ti?
No pretendas que otros ojos arrullen mi sueño, cuando tú eres mi paz y mi sosiego, el horizonte en el que ha de renacer mi crepúsculo apagado. ¿Por qué he de huir de tus cadenas si anhelo que tus labios esclavicen mi libertad?
Escucha, hermosa paloma, cómo mi voz se desgarra en el abismo de los silencios, y en su pasión anida esta amorosa canción. Le pone alma y le pone versos, un pétalo de rosa encendida y cientos de palabras ardiendo.
Miedo me da quererte tanto. Si por mí fuera, no permitiría ni que el sol existiera; me bastaría tu acalorado fulgor para que en mí brotasen raíces y vida.
¡Calla, no digas nada! Solo mírame como tú sabes mirarme, sumergiéndote hasta lo más recóndito de mis entrañas, donde las esperanzas parecen rebelarse contra el asedio de tus espadas. Nunca ceses de adormecer tus ojos sobre mis ansias. Aunque angustiosamente haya de pretender olvidar tu presencia, mi firme sabiduría entiende que solo tú eres mi eternidad.
¡Ahora, dame la mano y deslízala dulcemente sobre la mía! Siente cómo mi alma tiembla de miedo, mi rostro no acierta a disimular su incontenible espera. ¡Tanto tiempo aguardando, que parece haberse agotado hasta el más diminuto de los segundos!
Y sin embargo, ¿qué he de hacer si de mi lado te alejas, si me das la espalda y pones rumbo a la ausencia? ¿Qué habrá de pasar en el tiempo inmediato, en las horas que sucedan a tu despedida? Tal vez haya de perecer como los fieles enamorados, presa de un trágico solivianto o quién sabe si las estrellas dejarán de respirar destellos iluminados, para abandonar mi vida a la intemperie de una noche infinita.
¿Y aún puedes pretender que no haya de amarte, cuando esta dolida canción se estremece al saber que puedas oírla? Mi pasión, mi fuerza, mi sendero, mi alma; aunque el amor no fuera sino una fábula incierta, mi frágil corazón habría inventado la más ardiente manera de quererte.
Texto incluido en el libro «El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud» (viveLibro, 2016)
