
Una vereda sin rumbo ni sentido, amor ciego y desbocado, amanecer de mañana intensa. Reflejos de luz que desnudan su alma en cada bocanada de aire y brillan con pasión infinita, dibujando el cálido resplandor de un cielo teñido de flores anaranjadas y verdes, deshojándose en la nada como pétalos de escarcha. La fuente y el grillo entonan su canto juguetón de agua y aviso. El rostro frío y siete miradas tratan de hablar sin saliva ni lengua. Hubiera dado el mundo, el cielo y un pozo claro, la historia del hombre, la estrella y el horizonte por saber si aquel cuerpo de perfil ardiente, de mirada oscura, sentía como yo siento, amaba como yo amo…
