«Soy», de Josefina Plá

Carne transida, opaco ventanal de tristeza,
agua que huye del cielo en perpetuo temblor;
vaso que no ha sabido colmarse de pureza
ni abrirse ancho a los negros raudales del horror.

¡Ojos que no sirvieron para mirar la muerte,
boca que no ha rendido su gran beso de amor!
Manos como dos alas heridas: ¡diestra inerte
que no consigue alzarse a zona de fulgor!

Planta errátil e incierta, cobarde ante el abrojo,
reacia al duro viaje, esquiva al culto fiel;
¡rodillas que el placer no hincó ante su altar rojo,
mas que el remordimiento no ha logrado vencer!

Garganta temerosa del entrañable grito
que desnuda la carne del último dolor:
¡lengua que es como piedra al dulzor infinito
de la verdad postrera dormida en la pasión!

Haz de inútiles rosas, agostándose en sombra,
pozo oculto que nunca abrevó una gran sed;
prado que no ha podido amansarse en alfombra,
¡pedazo de la muerte, que no se sabe ver!

María Josefina Teodora Guerra Galvany, Josefina Plá (Isla de Lobos, Fuerteventura, 9-11-1903 – Asunción, Paraguay, 11-1-1999).

Llanto

Foto: Willgard
Necesito llorar,
desahogar mis penas.
Mi corazón quebrado
lo clama a gritos,
pero mis ojos se han secado.
Son un cielo yermo
que no vierte lágrimas
blancas o negras,
dulces o amargas,
cristalinas o veladas;
un páramo desabrido
por el que nada fluye.

El cauce de mis pupilas
es un arroyo invisible
en el que no afloran llantos,
los gemidos que me crujen
por fuera y por dentro,
que se ahogan
en su propio fango.
Por la cuenca de mis ojos
asoman surcos de sangre estéril,
heridas infringidas
con palabras afiladas.
que horadan mi alma.

Poema incluido en el poemario inédito A media voz

«No sé…», de Peter Punk

No sé… 
Estoy confuso.
¿Es de día o es noche cerrada?
Hordas de soldados de la muerte,
capitaneadas por la princesa de la guerra,
van decapitando almas,
van sembrando terror.
Seres humanos cual conejillos asustados
se cobijan en sus madrigueras,
aterrados por el estruendo de las bombas
que alumbran la noche tétrica, la noche gélida.
Nos están robando nuestras vidas,
nos están torturando
en un purgatorio permanente y atroz.
Mesías enloquecidos por el odio
anuncian el fin de los días,
ofrecen cobijo a los pobres ignorantes
—«¡con mi dios vivirás en un mundo mejor!»—.
Cobran por ello con sangre y dignidad.
Lo humano ya no es humano,
la tierra nos grita su agonía,
pero el mundo la ignora,
la aniquila lentamente.
Pero todos los días sale el sol
y un rayo de esperanza se cobija en nuestros corazones,
aunque de manera efímera, débil, fugaz…
No existe consuelo para este corazón herido,
este corazón que sangra con cada injusticia
vertiendo en su camino ríos teñidos de sangre.
Me pregunto con insistencia:
¿por qué somos tan viles,
tan ambiciosos sin medida, tan crueles?
Solo el amor puede salvarnos,
una suave caricia,
un tierno beso,
un abrazo tembloroso...
Debemos refugiarnos en lo esencial,
en nuestros seres queridos,
en la balada de una radiante mañana,
en la orgia de la tempestad,
en el apacible silencio.
Tenemos que seguir sintiendo,
seguir amando,
seguir viviendo…

Del poeta en la sombra Peter Punk, que ha tenido a bien volver enviar otro ramillete de versos.

«Si tengo que morir, que sea un cuento», último poema de Refaat Alareer

Editor for book Gaza Writes Back
Si tengo que morir,
tú debes vivir
para contar mi historia,
vender mis cosas,
comprar un pedazo de tela
y unas cuerdas
(que sea blanca con una cola larga)
para que un niño, en algún lugar de Gaza,
mientras mira fijamente al cielo
esperando su padre, que se fue en un resplandor,
—y no se despidió de nadie,
ni siquiera de su carne,
ni de sí mismo—,
mire la cometa, mi cometa que tú hiciste,
volando alto
y crea por un instante que un ángel está allí
trayendo de regreso al amor.
Si tengo que morir,
que traiga esperanza,
que sea un cuento.

Último poema del poeta y activista palestino, Refaat Alareer (Shuja’iyya [Palestina], 23-9-1979 – Gaza [Palestina], 6-12-2023). Refaat fue asesinado en el bombardeo de la casa de su hermana en Gaza, en la que se había refugiado después ser avisado por la inteligencia israelí de que iba a ser matado

Mi «Paisaje interior» continúa asomándose al exterior

Un poemario de bolsillo par aliviar dolencias sentimentales

Paisaje interior (Loto Azul, 2024),

Si quieres puedo enviarte un ejemplar firmado. Escríbeme a eldeliriodelapalabra@gmail.com