Junto al también poeta Eugenio Rivera y a Elda Hidalgo, que con su maravillosa voz le dio vida a cada poema, presenté oficialmente en sociedad mi nuevo poemario, Paisaje interior. Poemas de última hora (Loto Azul). El lugar elegido: Libertad 8, ese mítico espacio cultural madrileño, donde pasamos una tarde inolvidable.
Podría decirse que esta es la «presentación oficial» de mi nuevo poemario, Paisaje interior. Poemas de última hora (Loto Azul). Y qué mejor sitio para hacerlo que Libertad 8, un espacio legendario en pleno centro de Madrid.
Carne transida, opaco ventanal de tristeza, agua que huye del cielo en perpetuo temblor; vaso que no ha sabido colmarse de pureza ni abrirse ancho a los negros raudales del horror.
¡Ojos que no sirvieron para mirar la muerte, boca que no ha rendido su gran beso de amor! Manos como dos alas heridas: ¡diestra inerte que no consigue alzarse a zona de fulgor!
Planta errátil e incierta, cobarde ante el abrojo, reacia al duro viaje, esquiva al culto fiel; ¡rodillas que el placer no hincó ante su altar rojo, mas que el remordimiento no ha logrado vencer!
Garganta temerosa del entrañable grito que desnuda la carne del último dolor: ¡lengua que es como piedra al dulzor infinito de la verdad postrera dormida en la pasión!
Haz de inútiles rosas, agostándose en sombra, pozo oculto que nunca abrevó una gran sed; prado que no ha podido amansarse en alfombra, ¡pedazo de la muerte, que no se sabe ver!
María Josefina Teodora Guerra Galvany, Josefina Plá (Isla de Lobos, Fuerteventura, 9-11-1903 – Asunción, Paraguay, 11-1-1999).
Necesito llorar, desahogar mis penas. Mi corazón quebrado lo clama a gritos, pero mis ojos se han secado. Son un cielo yermo que no vierte lágrimas blancas o negras, dulces o amargas, cristalinas o veladas; un páramo desabrido por el que nada fluye.
El cauce de mis pupilas es un arroyo invisible en el que no afloran llantos, los gemidos que me crujen por fuera y por dentro, que se ahogan en su propio fango. Por la cuenca de mis ojos asoman surcos de sangre estéril, heridas infringidas con palabras afiladas. que horadan mi alma.
No sé… Estoy confuso. ¿Es de día o es noche cerrada? Hordas de soldados de la muerte, capitaneadas por la princesa de la guerra, van decapitando almas, van sembrando terror. Seres humanos cual conejillos asustados se cobijan en sus madrigueras, aterrados por el estruendo de las bombas que alumbran la noche tétrica, la noche gélida. Nos están robando nuestras vidas, nos están torturando en un purgatorio permanente y atroz. Mesías enloquecidos por el odio anuncian el fin de los días, ofrecen cobijo a los pobres ignorantes —«¡con mi dios vivirás en un mundo mejor!»—. Cobran por ello con sangre y dignidad. Lo humano ya no es humano, la tierra nos grita su agonía, pero el mundo la ignora, la aniquila lentamente. Pero todos los días sale el sol y un rayo de esperanza se cobija en nuestros corazones, aunque de manera efímera, débil, fugaz… No existe consuelo para este corazón herido, este corazón que sangra con cada injusticia vertiendo en su camino ríos teñidos de sangre. Me pregunto con insistencia: ¿por qué somos tan viles, tan ambiciosos sin medida, tan crueles? Solo el amor puede salvarnos, una suave caricia, un tierno beso, un abrazo tembloroso... Debemos refugiarnos en lo esencial, en nuestros seres queridos, en la balada de una radiante mañana, en la orgia de la tempestad, en el apacible silencio. Tenemos que seguir sintiendo, seguir amando, seguir viviendo…
Del poeta en la sombra Peter Punk, que ha tenido a bien volver enviar otro ramillete de versos.
Para ir abriendo boca, bien está esta primera presentación de mi poemario Paisaje interior. Poemas de última hora (Loto Azul). Y además, en un lugar tan acogedor como El Rincón de Antonia, donde serás recibido con los abrazos abiertos y, si se tercia, con un dulce y un té deliciosos.
Si tengo que morir, tú debes vivir para contar mi historia, vender mis cosas, comprar un pedazo de tela y unas cuerdas (que sea blanca con una cola larga) para que un niño, en algún lugar de Gaza, mientras mira fijamente al cielo esperando su padre, que se fue en un resplandor, —y no se despidió de nadie, ni siquiera de su carne, ni de sí mismo—, mire la cometa, mi cometa que tú hiciste, volando alto y crea por un instante que un ángel está allí trayendo de regreso al amor. Si tengo que morir, que traiga esperanza, que sea un cuento.
Último poema del poeta y activista palestino, Refaat Alareer (Shuja’iyya [Palestina], 23-9-1979 – Gaza [Palestina], 6-12-2023). Refaat fue asesinado en el bombardeo de la casa de su hermana en Gaza, en la que se había refugiado después ser avisado por la inteligencia israelí de que iba a ser matado
Extracto de mi poema Manuel, dedicado a mi abuelo materno, incluido en mi nuevo poemario Paisaje interior. Poemas de última hora (Loto Azul, 2024), un ramillete de versos concebidos con pasión, sosiego y amoroso silencio.