«Negra sombra», de Rosalía de Castro

Cando penso que te fuches
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa. 

Cando maxino que es ida
no mesmo sol te me amostras
i eres a estrela que brila
i eres o vento que zoa. 

Si cantan, es ti que cantas
si choran, es ti que choras
i es o marmurio do río
i es a noite, i es a aurora.

En todo estás e ti es todo
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

******************************

Cuando pienso que te huyes,
negra sombra que me asombras,
al pie de mis cabezales,
tornas haciéndome mofa.

Si imagino que te has ido,
en el mismo sol te asomas,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que sopla.

Si cantan, tú eres quien cantas,
si lloran, tú eres quien llora,
y eres murmullo del río
y eres la noche y la aurora.

En todo estás y eres todo,
para mí en mí misma moras,
nunca me abandonarás,
sombra que siempre me asombras.

[Traducción de Juan Ramón Jiménez]


Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 23-2-1837 – Padrón, 22-7-1885), poeta y novelista gallega

«Aceptación», de Marnie Pomeroy

Estos son mis pechos, suaves en un mundo demoledor:
dos mascotas que cuelgan contra mí, suaves y pequeños.

Este es mi vientre. En él surgieron niñas
que lo estiraron y abandonaron perlando sus estrías.

Este es mi coño, rosado y sanguinolento, gozoso,
abierto de parir y amar bien.

Estas son mis manos, trabajaron más que mi cerebro,
dos criaturas afectadas por el trabajo que me sabotean.

Estas no son cosas que quisieras a menos que me amases.
Pero si lo haces,

debido a las frecuencias que ondulan suavemente entre nosotros,
porque mi circulación sintoniza con la tuya,

si lo haces,

atrapa entonces sus mensajes al aire,
acariciándome con discursos de agradecimiento,

y toma, para empezar, mis manos.

Del poemario Partícula y llama. Antología poética (Ed. El Desvelo)

Marnie Pomeroy (Millbrook, Nueva York, 1932), poetisa estadounidense, adscrita al círculo literario de Robert Graves

Granada en un río

Carrera del Darro (Puente Espinosa), acuarela de Geoffrey Wynne
Paseo verde,
triste paseo,
llorando lágrimas
de amor y deseo.

Camino largo,
solitario camino,
a tus pies tiembla
el quebranto de un río.

Vereda de enamorados,
angosta vereda,
deja que te acunen
rumores heridos de pena.

Atajo nocturno,
sumiso atajo,
llevas el cálido aliento
que emerge del Darro.

Senda invisible,
entreverada senda,
siguiendo el impasible rastro
de la Granada que muere en la niebla.

Calle sin rumbo,
inaccesible calle,
eternos miran tus ojos
media luna teñida de sangre.

Paseo de los inmortales,
paseo de los tristes,
paseo de los sin destino,
paseo de los que no existen.

Incluido en mi poemario Del amor y otras locuras (Seleer, 2021)

Siento

Siento como mío 
el dolor de los surcos
que hienden sus frentes,
atraviesan sus almas,
sus miradas abatidas,
sus voces acalladas,
sus esperanzas rotas,
sus vidas sesgadas.

Siento como mía
la honda agonía
de sus corazones oprimidos,
sus hogares derruidos,
sus deseos quebrados,
sus odiseas sin rumbo,
traspasando fronteras
de alambres con espinas.

Siento como mío
su éxodo a cualquier parte,
huyendo de holocaustos,
batallas sin sentido,
guerras sin cuartel,
cruzadas fútiles
que solo engendran
rencores letales.

Siento como mía
la tristeza que los ahoga,
la amargura que los derrumba,
la agonía que los atenaza,
el presente que los detiene,
hurtándoles el futuro,
sus sueños extraviados
en aguas turbulentas.

Siento como mía
su rabia condenada
a navegar mar adentro
en barcos de papel
que mendigan salvavidas,
un soplo de viento
que los lleve a tierra firme
para sembrar su semilla.

Siento como míos
los áridos desiertos
por los que han de penar
camino del destierro,
allí donde nada tienen
ni nada esperan,
apenas unas migajas de caridad
para lavar conciencias.

Siento como mío
el hedor de la miseria
que sin pudor los exilia
a tierras que desconocen,
con sus manos vacías
y sus bocas sedientas,
abandonados a una suerte
que ni siquiera es suya.

Siento como mío
el atroz sufrimiento
que los atormenta,
la insoportable levedad
del ser que anidan dentro,
la penuria que los obliga
a abjurar de su memoria,
de un tiempo que ya no existe.

A los migrantes en busca de una vida digna

Poema incluido en el poemario Más que palabras, de próxima publicación

«Presentimientos», de Gloria Fuertes

Presiento la rosa en el tallo dormido,
presagio la caricia y presiento la pena.
Y el beso que han de darme,
y el llanto no nacido
humedece mis dedos
y entristece mis venas.
Presiento que me quiere
quien no puede quererme.
Presiento mis insomnios
y el llorar de una estrella.
Yo presiento su risa
-y en mis versos su huella-.
Y la risa que pasa,
y la duda que seca.
Todo presiento, todo,
lo que pasa en la tierra:
la caricia y el llanto,
el beso y el poema.
Que, aunque puedo ser madre,
yo soy como un poeta.

Gloria Fuertes (Madrid, 28-7-1917 – Madrid, 27-11-1998), poetisa de la generación del 50