Una puñalada de fuego a traición bastó para herir al monte de muerte. Hoy yace desarbolado e inerte, con sus pastos llorando con desazón.
El fuego de esa voraz puñalada dejó desangrándose sus praderas, a cenizas reducidas sus dehesas, sus frondosas laderas devastadas.
Ya nada puede sofocar el fuego. El viento lo ha arrastrado monte adentro, la lluvia no se descuelga del cielo.
Allí donde brillaban herbazales ya solo quedan restos del incendio, humeantes y desecos pastizales.
Creen aquellos que asestan puñaladas de fuego que eso de matar montes no es más que un juego. Creen aquellos que igual da cuidarlos ahora que luego, que lo montes ardan no ha de producir desasosiego.
Estrambote del estrambote Muy contagiados andan de ignorancia quienes piensan que cuidar la naturaleza comporta una extrema y sofocante pereza, por lo que en atenderla muestran suma inoperancia.
A las tierras devastadas por los incendios, en cualquier tiempo y lugar
Poema incluido en el poemario inédito A cielo abierto
«En el universo de las letras españolas contemporáneas, donde a menudo se confunde la estridencia con la autenticidad, la voz de José Molina Melgarejo emerge como un río sereno que arrastra consigo la sabiduría de quien ha navegado por aguas profundas. Nacido en Granada en 1956, este poeta y editor ha convertido su existencia en un laboratorio donde las experiencias se destilan hasta convertirse en versos que trascienden lo personal para alcanzar lo universal. […]
Su obra poética revela una evolución constante sin rupturas traumáticas. Desde sus primeros versos hasta el reciente MÁS QUE PALABRAS, se percibe una maduración orgánica, un proceso de destilación donde cada nuevo poemario representa un paso más en la búsqueda de esa voz propia e inconfundible que caracteriza a los grandes poetas.
“La poesía no es un adorno de la existencia, sino su médula”, suele repetir Molina Melgarejo, y esta convicción impregna cada verso que escribe. Su poesía no elude los grandes temas de la condición humana: el amor y la pérdida, la soledad y la solidaridad, la belleza y el dolor, la esperanza y la desesperanza. Pero los aborda desde una perspectiva madura, despojada de pose y grandilocuencia, con esa honestidad emocional que solo alcanzan quienes han aprendido a mirarse sin complacencia.
Lo que distingue a este poeta granadino de muchos de sus contemporáneos es su capacidad para integrar lo íntimo y lo social sin estridencias. Sus versos sobre los migrantes que buscan una vida digna nacen del mismo corazón que alumbra sus poemas amorosos. Su indignación ante las injusticias del mundo se expresa con la misma autenticidad que su ternura hacia los seres queridos. Esta unidad de tono, esta coherencia emocional, convierte su obra en un territorio reconocible donde el lector encuentra siempre la misma voz, aunque hable de realidades diversas.
La Granada natal permanece como sustrato geológico de su imaginario poético. No es casualidad que un poeta formado entre las piedras de La Alhambra y los ecos de García Lorca haya desarrollado esa sensibilidad especial para convertir el dolor en belleza, la experiencia en canto. Pero Molina Melgarejo ha sabido universalizar su andalucismo, despojándolo de folclorismo para conservar solo su esencia: esa capacidad de encontrar trascendencia en lo aparentemente cotidiano.
Su presencia en redes sociales y plataformas digitales revela a un escritor consciente de su tiempo, que entiende que la poesía contemporánea debe conquistar nuevos espacios sin renunciar a la profundidad que siempre la ha caracterizado. Sus lecturas públicas, sus encuentros con lectores, su generosidad para compartir reflexiones sobre el oficio poético, lo convierten en una figura querida y respetada en el panorama literario español.
En MÁS QUE PALABRAS, su más reciente entrega, Molina Melgarejo alcanza una síntesis admirable de todos los elementos que han caracterizado su trayectoria: la honestidad emocional, la precisión técnica, la capacidad de conmover sin caer en el sentimentalismo, la habilidad para hablar de lo universal desde lo particular. Es el libro de un poeta en plenitud, de alguien que ha encontrado su voz y la ejerce con la autoridad que otorgan los años de búsqueda sincera.
José Molina Melgarejo representa hoy una de las voces más sólidas y auténticas de la poesía española contemporánea. En tiempos de ruido y banalización, su obra se alza como un refugio donde las palabras recuperan su poder de revelación, donde la poesía cumple su función más noble: la de ayudarnos a comprender qué significa ser humanos en este mundo complejo y hermoso que habitamos.
Su legado no se mide solo en libros publicados sino en corazones tocados, en lectores que han encontrado en sus versos el espejo donde reconocerse, la ventana desde la cual contemplar la realidad con ojos nuevos. Porque, al final, José Molina Melgarejo ha conseguido lo que todo verdadero poeta aspira: que sus palabras sean, efectivamente, mucho más que palabras».
En Viena hay diez muchachas, un hombro donde solloza la muerte y un bosque de palomas disecadas. Hay un fragmento de la mañana en el museo de la escarcha. Hay un salón con mil ventanas. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals, de sí, de muerte y de coñac que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero, con la butaca y el libro muerto, por el melancólico pasillo, en el oscuro desván del lirio, en nuestra cama de la luna y en la danza que sueña la tortuga. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals de quebrada cintura.
En Viena hay cuatro espejos donde juegan tu boca y los ecos. Hay una muerte para piano que pinta de azul a los muchachos. Hay mendigos por los tejados. Hay frescas guirnaldas de llanto. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals que se muere en mis brazos.
Porque te quiero, te quiero, amor mío, en el desván donde juegan los niños, soñando viejas luces de Hungría por los rumores de la tarde tibia, viendo ovejas y lirios de nieve por el silencio oscuro de tu frente. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals del «Te quiero siempre».
En Viena bailaré contigo con un disfraz que tenga cabeza de río. ¡Mira qué orilla tengo de jacintos! Dejaré mi boca entre tus piernas, mi alma en fotografías y azucenas, y en las ondas oscuras de tu andar quiero, amor mío, amor mío, dejar, violín y sepulcro, las cintas del vals.
Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, Granada, 5-6-1898 – Víznar, Granada, 18-8-1936), poeta, dramaturgo y prosista andaluz, adscrito a la Generación del 27.
«Diario de un adolescente en prácticas nos ha sorprendido gratamente. Son relatos divertidos e inteligentes, escritos con habilidad y solvencia. La premisa es curiosa: el interés súbito por saber por qué uno es como es y cuál es nuestro lugar en el mundo, y el convencimiento de que la respuesta se encuentra en esa etapa fabulosa y mítica en la que dejamos de ser chiquillos y empezamos a navegar las aguas de la adultez: la adolescencia. Probablemente no sea así, pero tiene sentido pensarlo. Pero ¿acaso nos acordamos con precisión de todo cuanto aconteció o solo hemos retenido en la memoria aquello que corrobora nuestras ideas preconcebidas? Se establece entonces un curioso juego de realidad y ficción en donde desconocemos qué forma parte de la verdad y cuánto corresponde a la imaginación del narrador y protagonista. Todo lo anterior es meritorio e interesante, pero de nada valdría si no dieran lugar a unos relatos que son siempre divertidos y gratos de leer. La voz narradora es perspicaz e inteligente; una fina ironía y humor se hace siempre presente. Es también, por momentos, tierna y conmovedora, y no resulta difícil sentir una profunda empatía y conexión ante las situaciones descritas. Es una curiosa obra, en definitiva, que funciona perfectamente en más de un nivel: entretiene por medio de una lectura fácil que fluye y puede llegar a un público amplio, pero también provoca alguna que otra reflexión de calado» (Editorial Terra Ignota)
Detrás de una densa cortina de humo se escucha el murmullo de un bosque ardiendo. Un voraz fuego lo está consumiendo, sus troncos se derriten como brumos.
Las llamas han arrasado el paisaje, reduciendo su floresta a cenizas. Por sus verdosas venas se desliza un fuego que calcina su ramaje.
Ya nada queda del bosque frondoso, ni las aves que por él merodeaban, ni los surcos de un terrenal boscoso.
El fuego ha devorado a bocanadas un sutil trozo de naturaleza, que ahora respira yerma y abrasada.
¿Dónde se esconden los que no lo cuidaron, aquellos que para otro sitio miraron cuando un poco de ayuda clamaron las hondas raíces del bosque que abandonaron?
Estrambote del estrambote Como buen estrambote, debió ser este risueño, mas fue mencionar fuego y quitárseme el sueño. De modo que sin fisuras rehúyo y desdeño hacer de un bosque quemado un mordaz leño.
El tiempo de la felicidad se marchó de puntillas y ya no se escucha a lo lejos su alborozado cimbreo, ese que iluminaba cada noche una sonrisa de canela y un beso de raso fino, un déjame que me beba tu vida.
Se fue bajo un palio invisible para que nadie lo viera, sin una despedida, un quizá hasta luego, un tal vez vuelva algún día, dejando millones de versos escurriéndose como sierpes entre los dedos de las manos.
Sonaron tambores de guerra y salió despavorido a la busca de otras esquinas en las que alojar su tiempo, esas sonrisas y esos besos con los que colmaba quebrantos y amarguras, pasiones y desengaños.
La felicidad se marchó despacio, a horas intempestivas, sin que apenas se la oyese, no fuera a soliviantar a quien la cuidaba con celo ciñéndola a su pecho como si fuera un tesoro que no tiene precio.
Las noches de sueños en vela la echan de menos y no hay un solo segundo que no voceen quejidos rogando que vuelva por donde se ha ido, que aún no es momento de entristecer a solas.
El tiempo de la felicidad se detuvo sin permiso tallando en la oquedad del aire rasguños que ya no se curan, un manojo de palabras que se enmarañan en sí mismas dejando la boca y el alma secas y una vida sin vida.
José Molina Melgarejo llega a esta conversación con el equipaje de más de cuatro décadas dedicadas al mundo editorial y una veintena de libros publicados que testimonian una trayectoria literaria consolidada. Su nuevo poemario, “Más que palabras”, se presenta como una obra de madurez donde confluyen la experiencia vital y la reflexión estética, ofreciendo una poesía que trasciende los límites del mero ejercicio literario para adentrarse en territorios existenciales profundos.
La formación en Ciencias de la Imagen del autor —con aspiraciones iniciales de convertirse en guionista o director de cine— se refleja en una construcción poética profundamente visual, donde las imágenes cinematográficas dialogan con la palabra escrita1. Esta particular sensibilidad le permite crear una poesía que piensa en términos audiovisuales, incorporando referencias que van desde El espíritu de la colmena de Víctor Erice hasta la realidad más inmediata de eventos como la DANA de Valencia de 2024.
Molina Melgarejo se posiciona en el panorama poético actual como un defensor de la intensidad emocional frente a lo que considera un exceso de intelectualismo en la poesía contemporánea. Su apuesta por recuperar “parte de la esencia clásica” de la poesía, sin renunciar a la complejidad ni a la accesibilidad, lo sitúa en una línea de continuidad con los grandes referentes —Lorca, Machado, Miguel Hernández, Neruda— que siguen funcionando como faros en el panorama literario español.
Esta entrevista nos permitirá adentrarnos en la concepción poética de un autor que entiende la escritura como forma de autoconocimiento y el oficio del poeta como el de un cronista tanto de la experiencia personal como del mundo que lo rodea. Un diálogo imprescindible para comprender una voz que aboga por una poesía que “incendie corazones necesitados de una llamarada de pasión”.
Ojos claros, serenos, Si de un dulce mirar sois alabados, ¿por qué, si me miráis, miráis airados? Si cuando más piadosos, más bellos parecéis a aquel que os mira, no me miréis con ira, porque no parezcáis menos hermosos. ¡Ay tormentos rabiosos! Ojos claros, serenos, ya que así me miráis, miradme al menos. Gutierre de Cetina (Sevilla, 1520 – Puebla de los Ingeles, Nueva España, 1554), poeta español del Siglo de Oro
Si te ha gustado el poema, te invito a que escuches el precioso recitado que hace de él la actriz Silvia Rico:
«Más que palabras es un poemario que explora los territorios más íntimos de la experiencia humana a través de 37 composiciones organizadas en una progresión emocional y temática. La obra comienza con una reflexión metapoética sobre el acto de escribir y evoluciona hacia la exploración de la soledad, el compromiso social, el amor maduro y la búsqueda existencial. El autor dedica la obra “a aquellos que no creen que detrás de la oscuridad pueda asomarse un destello de luz”, estableciendo desde el inicio un diálogo entre desesperanza y esperanza que atraviesa todo el poemario […].
La arquitectura del poemario revela una construcción meditada que va de lo universal a lo íntimo, de la reflexión sobre la palabra poética a la confesión personal. Esta progresión no es arbitraria: Molina Melgarejo estructura su obra como un viaje emocional que permite al lector adentrarse gradualmente en capas cada vez más profundas de significado.
El estilo de Melgarejo se caracteriza por una autenticidad emocional que esquiva tanto el sentimentalismo fácil como la frialdad intelectual. Su lenguaje combina la precisión técnica —fruto de su experiencia editorial— con una espontaneidad expresiva que resulta genuina. Utiliza predominantemente el verso libre, pero con un control rítmico que evidencia su dominio de las formas métricas tradicionales
Las metáforas sensoriales constituyen uno de sus recursos más logrados: “Me bebo las palabras que emanan a borbotones del manantial invisible que anega mi cuerpo”. Aquí transforma el acto de escribir en una experiencia física, casi visceral, que conecta con la tradición de poetas como Juan Ramón Jiménez, pero con una intensidad contemporánea […].
Más que palabras confirma que la poesía española contemporánea puede mantener su relevancia cultural sin renunciar a la excelencia estética. José Molina Melgarejo ha logrado un equilibrio difícil entre tradición e innovación, entre lo personal y lo universal, entre la palabra bella y la palabra necesaria.
En el panorama actual de la poesía española, donde conviven múltiples tendencias sin hegemonías claras, este poemario se sitúa en una línea de continuidad constructiva: respeta la tradición, la renueva con sensibilidad contemporánea y la proyecta hacia el futuro con honestidad y rigor.
El título cobra pleno sentido al final de la lectura: efectivamente, Molina Melgarejo nos ha ofrecido mucho más que palabras. Nos ha regalado una experiencia poética completa, humana y necesaria».