
—Voy hacia ti.
Arrastrado por el viento,
voy hacia ti.
—Impaciente te espero,
como el día a la noche
como la noche al silencio.
—En la montaña me parieron
bordado con hilos de agua.
—En cambio yo ni conozco
quién engendró mi alma.
—Temo que no te halle
cuando la furia que me alienta
en tu corazón se desate.
—De aquí no he de moverme,
que el sol me ha encadenado
para que en mí te adentres.
—Te llevaré en mis entrañas
suspiros de agua transparente.
—Los arrullaré en mis senos
para que dormiten y descansen.
—Temo que en ti moriré.
—¡Qué has de temer,
si solo vida te daré!
—Pronto acariciaré
tu rubor amaneciendo.
Te acariciaré a las orillas
de mis pechos despiertos.
—En tus oscuras profundidades
sumergiré mis lamentos.
—En ellas dejaré que te acune
la suave caricia de los vientos.
—¡Ya llega la hora,
ya siento a lo lejos
el revuelo de tus olas!
—Veo cómo te acercas,
cómo dulcemente fluyes
y en mí penetras.
—Soy todo tuyo.
Mi desazón y mi alegría
en tus aguas se han hundido
hasta el final de los días.
—Ahora sé cómo nació mi alma,
del cálido susurro de tus aguas.
Poema incluido en el libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, 2016)




