«Tonalidades de la ira», de Rafeef Ziadah

Rafeef Ziadah, activista y poeta palestina
Permíteme que hable en mi lengua árabe
antes de que también ocupen mi lengua!

¡Permíteme que hable en mi legua materna
antes de que también colonicen su memoria!

Soy una mujer árabe de color,
y venimos de todas las tonalidades de la ira.

Todo lo que mi abuelo quería era
despertarse al alba y ver a mi abuela rezar de rodillas,
en una aldea escondida entra Yaffa y Haifa.

Mi madre nació bajo un olivo,
en una tierra que, como dicen, ya no es mía.

Pero yo atravesaré sus barreras, sus puestos de control,
sus malditos muros de apartheid, y retornaré a mi patria.

Soy una mujer árabe de color
y venimos de todas las tonalidades de la ira.

Tú has oído ayer gritar a mi hermana
al dar a luz en uno de sus puestos de control,
con soldados israelíes buscando entre sus piernas
a su próxima amenaza demográfica,
su hijita llamada Yanín.

Tú has oído gritar a Amni Mona
tras los barrotes de su prisión mientras gaseaban su celda:
«Estamos volviendo a Palestina!».

Soy una mujer árabe de color
y venimos de todas las tonalidades de la ira.

Pero tú me dices que este útero que hay en mi interior
sólo te traerá tu próximo terrorista,
usando barba y blandiendo una pistola,
con turbante y negro como la arena.

Tú me dices que mando a mis hijos a morir,
Pero son vuestros helicópteros y F-16 los que están en nuestro cielo.

¡Vamos a hablar sobre el asunto del terrorismo un segundo!

¿No fue la CIA la que mató a Allende y Lumumba
y quien primero adiestró a Osama?

No fueron mis abuelos
quienes corrían como payasos,
con capas y capuchas blancas en la cabeza
linchando a los negros.

Soy una mujer árabe de color
y venimos de todas las tonalidades de la ira.

“¿Quién es esa mujer morena gritando en la manifestación?”.
¡Perdón! ¿Es que yo no debería gritar?

He olvidado ser tú siempre orientalista sueño, genio en una botella,
bailarina del vientre, joven de harén, mujer árabe de voz suave
que dice: Sí, señor, no señor.

¡Gracias por los sándwiches de manteca de cacahuete
que deja caer sobre nosotros tu dueño de los F-16!

Sí, mis libertadores están aquí para matar a mis hijos,
y llamarles «daños colaterales»

Soy una mujer árabe de color
y venimos de todas las tonalidades de la ira.

¡Así que déjame decirte que este útero que hay en mi interior
sólo nos traerá un próximo rebelde!

Tendrá una piedra en una mano y una bandera palestina en la otra.

Soy una mujer árabe de color.
¡Cuidado, cuidado con mi ira!

Rafeef Ziadah (Beirut, Líbano, 1979), periodista, poeta y activista de los Derechos Humanos de ascendencia palestina, escribió este poema durante el bombardeo a Gaza en diciembre de 2008.

«Sensaciones», de Nicanor Parra

I. ENSUEÑO
Los ojos rebosan de plumas cansadas
y yo voy dilatándome
cual la niebla olorosa se dilata en la sombra.
Los caminos se están diluyendo en los parques
y una acequia está quieta.
Yo no sé si es que parto o que llego
si es que hablo o que callo.
En las puertas distantes y opacas
los amigos de antaño
se están envolviendo en la tenue penumbra
de las plumas que llueven.
Hay paisajes de bronce en los charcos
y en los acantilados
suenan rondas de niños de palo
y de niñas de mármol.
Caminando por las avenidas y llanos
yo dejé mis recuerdos guardados
en los charcos de bronce.
Me quedé con la risa brincando
en la lágrima helada
mientras cruzan la tenue penumbra
los amigos de antaño.
Entretanto le busco el manubrio
a mi bicicleta
que da volteretas de cien pejerreyes
sobre un cometa torcido.
He llegado cargado de plumas risueñas
al portón de mi casa.
Y no sé si volver o quedarme
si quedarme o seguir.
Yo me siento bajo un eucaliptus
mientras pasa a mi lado
equilibrando un remolino en la cabeza
una gallina de cristal.
Mi madre me trae en tres ampolletas de plumas
un puñado de pepas menudas.
Yo me vuelvo hacia atrás.

Nicanor Parra (San Fabián de Alico, Ñuble [Chile], 5-9-1914 – La Reina, Santiago [Chile], 23-1-2018)

«Malva y rosa», de Concha Méndez

A Guillermo de Torre

De este sueño malva y rosa
que sueña el agua del río,
se van rosando en la tarde
las velas de mi navío.

De las lejanías vengo.
Cruzo frente al espigón.
Una canción marinera
se rosa en mi corazón...

Atardecer. En el Plata.
Sueño, frente a la ciudad.
Izadas llevo las velas,
velas de mi soledad...

Y se me van con el día
—no sé adónde se me irán—
las luces de mi alegría.

Cocha Méndez (Madrid, 27-7-1898 – Ciudad de México, 7-12-1986), escritora, poeta, dramaturga y guionista

«Dama de la guadaña», de Peter Punk

Todavía no es mi hora.
Quedan episodios en mi libro por vivir.
Queda mucho Amor que compartir.
Quedan cuidados que dar y recibir.
Queda mucho por descubrir.
Pero, cuando llegue mi hora, te pido, dama de la guadaña:
no avises, no me prepares para una partida triste
Déjame, dama de la guadaña, que me vaya sin rodeos, sin sufrimiento
Consciente de que es ahora, de que no hay prórroga.
Déjame irme feliz de haber vivido,
de haber sentido, de haber amado.
No quiero preliminares; quiero inmediatez.
Quiero irme riendo, satisfecho,
agradecido de todo lo que mi existencia me ha brindado,
de los seres que he conocido, que he amado.
No quiero tristeza por mi partida,
solo significa fin de este juego macabro llamado vida.
Quiero música, alegría, alboroto.
No quiero iglesias, no quiero cementerios.
Mis restos tienen que surcar los mares como velero sin rumbo fijo.
Hasta la vista, dama de la guadaña.
Recuerda mis deseos y cúmplelos como si fueras el genio de la lámpara,
el genio de la muerte.
Adiós, dama de la guadaña.

Del poeta en la sombra Peter Punk, que ha tenido a bien volver enviar otro bonito ramillete de versos.

«¿Qué es el amor?», de Gata Cattana

Soy procaz, no soy sincera,
y el día que yo me muera
se muere lo que más quiero,
que no hay amor verdadero
para aquel que no se espera,
y como yo no te espero
soledad es mi compañera.

Pues ¿qué es el amor
para aquel que no lo encuentra?

Un anhelo insaciable,
verdugo del alma cuerda.

Pues ¿qué es el amor
para aquel que atormenta?

Un yugo sobre su frente,
víspera de muerte lenta.

¿Y para aquel que lo guarda
en su garganta hambrienta?

El amor es como un juego,
es ambrosía y néctar.

Para mí el amor no existe,
es cantar de los poetas,
pues no hay amor complaciente
para aquel que no lo espera

Poema de la rapera y poetisa Ana Isabel García Llorente, más conocida como Gata Cattana y Ana Sforza (Aldamuz, Córdoba, 11-5-1991 – Madrid, 2-3-2017)