El rincón de Antonia

De ese primoroso rincón, 
de Antonia para más señas,
que luce una piel de canela
y un regajo de miel en los labios,
jamás podrán robar
los infinitos versos
que se descuelgan del aire
las tardes de pasiones latiendo
y palabras compartidas,
cuando se hornean poemas
que hablan de arrebatos y desengaños,
de amores eternos y furtivos,
de anhelos y desconsuelos,
de heridas que pueden coserse.

De ese hermoso rincón
con paredes de hojaldre,
bordadas con finos hilos de té
y dorados cabellos de ángel,
nunca podrán llevarse
la poesía que dormita
en la hondura de sus entrañas,
en el alma de las buenas gentes
que con ternura lo cuidan,
lo miman y le dan sustento.
Nunca podrán cerrar sus puertas,
de par en par abiertas
para dar dulce cobijo
a voces sedientas de versos.

A mis amigos de El rincón de Antonia, en Arganda del Rey, que el otro día sufrió un allanamiento con nocturnidad y alevosía.