Creí que solo era posible un amor,
cuando dos luceros parió tu vientre,
dos ráfagas de vívida simiente
sembrando a su paso aún mayor amor.
Creer que tan solo un amor existía
era andar carente de toda razón,
que acomodo hallaron en mi corazón
las dos criaturas recién nacidas.
Dudas ya no hubo después de cosechar
de que más de un amor era posible,
que con tanta pasión podíase amar.
Los luceros que alumbró tu vientre
dando luz y amor a mi vida siguen,
y mi amor les entrego eternamente.
Estrambote Miente como un bellaco quien diga que el amor no se puede compartir,
que el que se presta a cónyuge y vástagos mucho mejor es dividir,
no vaya a ser que tanto empacho de amor no puédase digerir
y con alboroto celebre que los retoños del vientre decidan no salir.
A mis dos luceros, Alejandroy Sara, por orden de aparición
Triste tarde de domingo de un extraño otoño.
Los pájaros surcan el cielo sin saber adónde se dirigen.
El ser humano les está alterando su ciclo natural,
Están perdidos:
no saben si van o vienen;
no entienden de codicia;
no entienden de avaricia;
no entienden a este ser humano
elegido para tripular este mundo.
Pero ellos siguen volando,
libres de toda la inmundicia que asola la Tierra.
Aquí abajo, algunos mortales percibimos su existencia
y lamentamos la triste situación a la que estamos llegando:
todos sin rumbo en un mundo deshumanizado, cruel,
al que no quiero pertenecer.
Suerte de tener a mi lado al ser más maravilloso que existe.
A veces es pájaro, a veces nube,
a veces una grácil brisa que me acaricia el alma.
Juntos surcaremos un día los cielos
sin saber adónde nos dirigiremos,
pero libres de que no nos importe.
Peter Punk es el seudónimo de este aprendiz de poeta y amante incondicional de la poesía, que confiesa que Triste tarde de domingo es el primer poema suyo que hace público. Así que debemos celebrar como se merece que haya utilizado este blog para dar a luz a su primera criatura.
¿Cómo vives, sin quien vivir no puedes? Ausente, Silva, el alma, ¿tienes vida, y el corazón aquesa misma herida gravemente atraviesa, y no te mueres?
Dime, si eres mortal o inmortal eres: ¿Hate cortado Amor a su medida, o forjado, en sus llamas derretida, que tanto el natural límite excedes?
Vuelto ha tu corazón cifra divina de extremos mil Amor, en que su mano mostrar quiso destreza peregrina;
y la fragilidad del pecho humano en firmísima piedra diamantina, con que quedó hecho alcázar soberano.
Este hermosísimo soneto es de Luisa de Carvajal y Mendoza (Jaraicejo [Cáceres], 2 de enero de 1566 o 1568 − Londres, 2 de enero de 1614), misionera y poetisa mística española
Con esta nueva categoría quiero abrir en mi blog una ventana a través de la cual puedan avistarse todos esos poetas y poetisas de cualquier tiempo y lugar, conocidos, desconocidos o a medio conocer, cuyos poemas suscitan una emoción difícil de explicar. Por supuesto, a este nuevo espacio están invitados todos aquellos que quieran que los demás avisten sus poemas a través de esta ventana abierta de par en par. Para ello, solo tienen que enviar su ramillete de versos al correo eldeliriodelapalabra@gmail.com
Por si acaso tienes curiosidad por saber qué se cuenta en mi nueva novela, «Urgencias», te dejo cuatro pinceladas de la misma, que tal vez te ayuden a desentrañar tus dudas. Para sen más concretos, te invito a que escuches en la maravillosa voz de Elda Hidalgo algunos fragmentos de cuatro de los capítulos de esta sencilla pero emotiva novela, la crónica de un amor anunciado, con la España de los 50 como telón de fondo. Pasen y escuchen…
La mía, o sea, mi imaginación, puedes encontrarla en algunos de mis libros, todos ellos disponibles en mi página de Amazon, sin ir más lejos, aunque también en otras plataformas de venta online y hasta en la librería en la que los pidas.
Con la razón aún ausente y toda la vida por delante, los sueños se apilan a trompicones sobre algodones de azúcar y las esperanzas se entrelazan sin límites que las detengan.
Todo fluye siguiendo la corriente desde un manantial transparente salpicando agua a borbotones para que la vida florezca a cada paso que da entre zarzamoras y girasoles.
A lomos de un soplo de viento vuela a tumba abierta llevando en sus delicadas alas su infinita impaciencia, su tímida inocencia y sus ilusiones intactas.
Feliz y venturosa infancia, la que revolotea sin descanso en columpios de nubes y se iza en globos de colores hasta rozar con los dedos el celeste zaguán del cielo.