Para escuchar…
Para leer…
La primera mirada
fue un destello de luz
que cegó mis lamentos
y ya no supe ver
más allá de sus ojos.
El primer gesto
prendió una llama
que redujo a cenizas
los furtivos desamores
que aún me quemaban.
El primer roce
fue un dulce despertar
a la vida que no tenía
hasta que dejé que la suya
se hendiera en la mía.
La primera caricia
fue una ráfaga de viento
que domó ese corazón mío
que solo ansiaba respirar
un soplo de amor intenso.
El primer beso
fue un alud de silencios
porque me faltaban palabras
para tratar de expresar
lo que me ardía por dentro.
La primera vez
fue saber que siempre estaría
aunque no estuviera
porque ya no sabría vivir
sin ella tendida en mi regazo.
Del poemario Paisaje interior (Loto Azul, 2024)






