Ha venido la primavera con su olor a Nicaragua: un olor a tierra recién llovida, y un olor a calor, a flores, a raíces desenterradas, y a hojas mojadas (y he oído el mugido de un ganado lejano…). ¿O es el olor del amor? Pero ese amor no es el tuyo. Y amor a la patria fue el del dictador: el dictador gordo, con su traje de sport y su sombrero tejano, en el lujoso yate por los paisajes de tus sueños: él fue el que amó la tierra y la robó y la poseyó. Y en su tierra amada está ahora el dictador embalsamado mientras que a ti el Amor te ha llevado al destierro.
Conviene aclarar que el que firma ejemplares es el de la foto; o sea, un servidor. El del dibujo que anda curioseando es un tal Salvador, al que la Feria quiere homenajear, pero que no sé qué «pinta» ahí.
¡Con él llegó el escándalo! Bueno, en realidad con mi libro debajo del brazo, Urgencias (Libros Indie, 2023), la crónica de un amor anunciado en una España de provincias aún en blanco y negro. Una sencilla historia sentimental, para aliviar emociones a flor de piel.
Nada comparable a tus manos, ni nada igual al oro-verde de tus ojos. Mi cuerpo se llena de ti por días y días.
Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la Tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio.
Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos, tus ojos, espadas verdes dentro de mi carne, ondas entre nuestras manos. Solo tú en el espacio lleno de sonidos.
En la sombra y en la luz; tú te llamarás auxocromo, el que capta el color. Yo cromóforo, la que da el color.
Tú eres todas las combinaciones de números. La vida.
Mi deseo es entender la línea, la forma, el movimiento. Tú llenas y yo recibo.
Tu palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a las tuyas que son mi luz.
Extracto de una de la cartas enviadas por Frida Kahlo a su marido y también pintor Diego Rivera
La noche es oscura, excepto por el brillo de los misiles; silenciosa, excepto por el sonido del bombardeo; aterradora, excepto por la promesa tranquilizadora de la oración; negra, excepto por la luz de los mártires. Buenas noches.
Hiba Kamal Abu Nada (La Meca, 24-6-1991 – Jan Yunis, Franja de Gaza, 20-10-2023), poeta y novelista gazatí, murió durante el bombardeo israelí contra la ciudad de Jan Yunis, en Gaza. Este es el último poema que escribió, aunque, un día antes de su muerte, también dejó escrito: «Si morimos, sepan que estamos satisfechos y firmes, y digan al mundo, en nuestro nombre, que somos personas justas, del lado de la verdad».
Permíteme que hable en mi lengua árabe antes de que también ocupen mi lengua!
¡Permíteme que hable en mi legua materna antes de que también colonicen su memoria!
Soy una mujer árabe de color, y venimos de todas las tonalidades de la ira.
Todo lo que mi abuelo quería era despertarse al alba y ver a mi abuela rezar de rodillas, en una aldea escondida entra Yaffa y Haifa.
Mi madre nació bajo un olivo, en una tierra que, como dicen, ya no es mía.
Pero yo atravesaré sus barreras, sus puestos de control, sus malditos muros de apartheid, y retornaré a mi patria.
Soy una mujer árabe de color y venimos de todas las tonalidades de la ira.
Tú has oído ayer gritar a mi hermana al dar a luz en uno de sus puestos de control, con soldados israelíes buscando entre sus piernas a su próxima amenaza demográfica, su hijita llamada Yanín.
Tú has oído gritar a Amni Mona tras los barrotes de su prisión mientras gaseaban su celda: «Estamos volviendo a Palestina!».
Soy una mujer árabe de color y venimos de todas las tonalidades de la ira.
Pero tú me dices que este útero que hay en mi interior sólo te traerá tu próximo terrorista, usando barba y blandiendo una pistola, con turbante y negro como la arena.
Tú me dices que mando a mis hijos a morir, Pero son vuestros helicópteros y F-16 los que están en nuestro cielo.
¡Vamos a hablar sobre el asunto del terrorismo un segundo!
¿No fue la CIA la que mató a Allende y Lumumba y quien primero adiestró a Osama?
No fueron mis abuelos quienes corrían como payasos, con capas y capuchas blancas en la cabeza linchando a los negros.
Soy una mujer árabe de color y venimos de todas las tonalidades de la ira.
“¿Quién es esa mujer morena gritando en la manifestación?”. ¡Perdón! ¿Es que yo no debería gritar?
He olvidado ser tú siempre orientalista sueño, genio en una botella, bailarina del vientre, joven de harén, mujer árabe de voz suave que dice: Sí, señor, no señor.
¡Gracias por los sándwiches de manteca de cacahuete que deja caer sobre nosotros tu dueño de los F-16!
Sí, mis libertadores están aquí para matar a mis hijos, y llamarles «daños colaterales»
Soy una mujer árabe de color y venimos de todas las tonalidades de la ira.
¡Así que déjame decirte que este útero que hay en mi interior sólo nos traerá un próximo rebelde!
Tendrá una piedra en una mano y una bandera palestina en la otra.
Soy una mujer árabe de color. ¡Cuidado, cuidado con mi ira!
Rafeef Ziadah (Beirut, Líbano, 1979), periodista, poeta y activista de los Derechos Humanos de ascendencia palestina, escribió este poema durante el bombardeo a Gaza en diciembre de 2008.
I. ENSUEÑO Los ojos rebosan de plumas cansadas y yo voy dilatándome cual la niebla olorosa se dilata en la sombra. Los caminos se están diluyendo en los parques y una acequia está quieta. Yo no sé si es que parto o que llego si es que hablo o que callo. En las puertas distantes y opacas los amigos de antaño se están envolviendo en la tenue penumbra de las plumas que llueven. Hay paisajes de bronce en los charcos y en los acantilados suenan rondas de niños de palo y de niñas de mármol. Caminando por las avenidas y llanos yo dejé mis recuerdos guardados en los charcos de bronce. Me quedé con la risa brincando en la lágrima helada mientras cruzan la tenue penumbra los amigos de antaño. Entretanto le busco el manubrio a mi bicicleta que da volteretas de cien pejerreyes sobre un cometa torcido. He llegado cargado de plumas risueñas al portón de mi casa. Y no sé si volver o quedarme si quedarme o seguir. Yo me siento bajo un eucaliptus mientras pasa a mi lado equilibrando un remolino en la cabeza una gallina de cristal. Mi madre me trae en tres ampolletas de plumas un puñado de pepas menudas. Yo me vuelvo hacia atrás.
Nicanor Parra (San Fabián de Alico, Ñuble [Chile], 5-9-1914 – La Reina, Santiago [Chile], 23-1-2018)