
En mi duelo a muerte con la vida
blando espadas romas
que no hieren ni sangran.

En mi duelo a muerte con la vida
blando espadas romas
que no hieren ni sangran.

—¡Qué hermosa se ve tu cara, qué linda tu cara hermosa; los oscuros vientos se alumbran en las fronteras de tu sombra! —¿Me amas? —Tanto, que amor ya me falta. —Pero ¿qué ves en mí? —El manantial de la vida. ¿Qué más puedo pedir? —Si te pudiera responder… —¡Responde! —¿Cuándo, dónde? —Ahora y en mis entrañas de hombre. —No sé ni puedo. Me intimida mi razón oscura. —¿Dudas? —Dudo… —¡Cómo desearía poseer tu corazón desnudo! —Quizá cuando el firmamento se ponga ribetes negros te diré si te amo, te diré si te quiero. —Me quemará la impaciencia en esa infinita espera, y me desharé en cenizas sufriendo tu ausencia. —¿Si fuera tuya? —Por ti arrancaría los tiernos besos de la luna. —¿Y si no lo fuera? —Mi vida ahogaría en los mares de la pena. —Si fuera, si no fuera, si soy, si he de ser, por la senda de la duda siempre me he de perder. —En mis enamorados sueños me dices lo que deseo saber. —¿No te basta con ellos? —Tras el sueño me desespero, pues sé que al amanecer solo será un fugaz recuerdo. —Pasión, no me mires pasión, que mis dudas dañan tu dolido corazón. —¡Ay duda, terrible duda, el día que me digas lo que hoy no me dices, borraré mis desdichas y las haré invisibles!
Poema incluido en el libro «El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud» (viveLibro, 2016)

Ya desde pequeño, siempre que iba en verano a la casa de mis abuelos en Granada, que curiosamente estaba situada en un precioso callejón de la calle Elvira, «donde viven las manolas», me llamaba la atención un libro encuadernado en piel marrón y letras doradas que parecía brillar con luz propia en la estantería del salón. Un día, cuando la curiosidad me desbordó, me subí a una silla para poder comprobar qué era aquel misterioso libro que tanto me atraía. Al cogerlo, con mucho cuidado, no fuera a ser un pequeño tesoro cuyo valor desconocía, vi que en la tapa solo figuraba el nombre de alguien como escrito a mano, pero en el lomo podía leerse con claridad: «Federico García Lorca. Obras completas».

Desde aquel día, siempre que podía cogía el libro y lentamente iba pasando sus suaves páginas impresas en papel biblia. A lo largo de todas ellas, fui descubriendo versos, letras de canciones, obras de teatro… y tantas y tantas cosas más. Casi sin darme cuenta, poco a poco el alma de aquel libro me fue atrapando, hasta que ya nunca más pude deshacerme de la emoción y la hermosura que latían dentro de él.
Por supuesto, con el correr del tiempo, terminé leyendo el libro completo y, de vez en cuando, volvía a releerlo, como si nunca quisiera que se borrara de mi memoria, como jamás se borró mi desmedido amor por la poesía que destilaba Lorca.
Hoy, después de tantos años, el único recuerdo que conservo de mis abuelos es aquel precioso libro de piel marrón y letras doradas, que mi abuelo me regaló poco antes de morir, tal vez porque, sin que yo lo supiera, me había visto más de una vez subirme a una silla para acariciarlo cuidadosamente entre mis manos y, con ello, saber que, tarde o temprano, los versos serían mi mayor sustento sentimental.
A Federico García Lorca, en el aniversario de su nacimiento, el 5 de junio de 1898
Prólogo del poemario «Reverso y anverso. Poemas de largo recorrido», que la editorial sevillana Libros Indie publicará a finales de año. El texto está maravillosamente leído por Elda Hidalgo, que logra ponerle voz al silencio y darle vida a las palabras.
Prólogo del poemario «Reverso y anverso. Poemas de largo recorrido», que la editorial sevillana Libros Indie publicará a finales de año. El texto está maravillosamente leído por Elda Hidalgo, que logra ponerle voz al silencio y darle vida a las palabras.

¡Cómo no he de amarte, dímelo tú, fuego de mi sombra, sabiendo que aún existes a mi lado! ¿A quién he de ofrecer mi corazón y mi cordura, si al mirarla recostada sobre mi pecho, lo siento lleno de ti?
No pretendas que otros ojos arrullen mi sueño, cuando tú eres mi paz y mi sosiego, el horizonte en el que ha de renacer mi crepúsculo apagado. ¿Por qué he de huir de tus cadenas si anhelo que tus labios esclavicen mi libertad?
Escucha, hermosa paloma, cómo mi voz se desgarra en el abismo de los silencios, y en su pasión anida esta amorosa canción. Le pone alma y le pone versos, un pétalo de rosa encendida y cientos de palabras ardiendo.
Miedo me da quererte tanto. Si por mí fuera, no permitiría ni que el sol existiera; me bastaría tu acalorado fulgor para que en mí brotasen raíces y vida.
¡Calla, no digas nada! Solo mírame como tú sabes mirarme, sumergiéndote hasta lo más recóndito de mis entrañas, donde las esperanzas parecen rebelarse contra el asedio de tus espadas. Nunca ceses de adormecer tus ojos sobre mis ansias. Aunque angustiosamente haya de pretender olvidar tu presencia, mi firme sabiduría entiende que solo tú eres mi eternidad.
¡Ahora, dame la mano y deslízala dulcemente sobre la mía! Siente cómo mi alma tiembla de miedo, mi rostro no acierta a disimular su incontenible espera. ¡Tanto tiempo aguardando, que parece haberse agotado hasta el más diminuto de los segundos!
Y sin embargo, ¿qué he de hacer si de mi lado te alejas, si me das la espalda y pones rumbo a la ausencia? ¿Qué habrá de pasar en el tiempo inmediato, en las horas que sucedan a tu despedida? Tal vez haya de perecer como los fieles enamorados, presa de un trágico solivianto o quién sabe si las estrellas dejarán de respirar destellos iluminados, para abandonar mi vida a la intemperie de una noche infinita.
¿Y aún puedes pretender que no haya de amarte, cuando esta dolida canción se estremece al saber que puedas oírla? Mi pasión, mi fuerza, mi sendero, mi alma; aunque el amor no fuera sino una fábula incierta, mi frágil corazón habría inventado la más ardiente manera de quererte.
Texto incluido en el libro «El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud» (viveLibro, 2016)

Si quieres conocer con todo lujo de detalles de qué va mi novela Mañana de domingo, te invito a leer la magnífica reseña del libro escrita por Eugenio Rivera para la revista Entreletras, en la que desgrana con absoluta minuciosidad todo cuando acontece en esta sencilla crónica sentimental dirigida a espíritus sensibles y corazones de puertas abiertas. Para botón de muestra, algo de lo mucho escrito a propósito de esta conmovedora Mañana de domingo.
«Mañana de domingo es una suerte de bildungroman o novela de aprendizaje que, en clave de crónica sentimental, articula una narración no lineal conformada por tres historias independientes sobre tres preadolescentes (Julio, Manuel y Amelia) que, encerrados en sus respectivas y personales soledades y marcados por el abandono y la incomprensión de sus mayores, se inician a la vida, y al final se interrelacionarán, inesperadamente, en el último capítulo del libro.
A pesar del tono existencial de la novela, esta no cae en ningún momento en el ciego tremendismo propio de nuestros escritores de posguerra, decantándose por una mirada contenida y sosegada sobre la dura realidad que rodea a los protagonistas. Sí podemos decir, sin embargo, que los tres niños actantes pasarán de la infancia a la edad adulta sin pasar por la adolescencia. En aquella España, la aspereza de las condiciones de vida era tal, que la adolescencia como construcción sociocultural, creada con la vocación de homogeneización y asunción de entidad propia al socaire de las high schools americanas de la New Deal de Roosevelt, no se llegará a producir hasta bien entrados los años 60. En aquella piel de toro que desfilaba al ritmo marcial de himnos militaristas y a golpes de agua bendita y palo y tente tieso la adolescencia era un auténtico lujo asiático. No estaba el horno para bollos, como bien podría decir Amelia, uno de los personajes del libro, que entra a trabajar en una tahona […]».
Puedes leer la reseña completa en la revista Entreletras
Mañana de domingo de venta en:
• Amazon
• Agapea
• Luzvi

En el fértil arroyo de tu boca
sacian mis labios su sed de besos


Después de un arduo periodo de gestación, tanto para escribirla como para publicarla, por fin ha llegado a casa Mañana de domingo (Avant Editorial), mi primera novela, una hermosa criatura —qué va a decir su padre— que espero que tenga una feliz y larga vida, en la que encuentre muchos lectores ávidos de historias sentimentales que también la acojan en sus casas.