
Para leer…
Regresan de la nada más absoluta
a la nada más cruel y devastada,
sin nada llevando entre sus manos,
sin nada prendido en sus corazones,
solo heridas que nunca cicatrizan,
que nada de cuanto poseían se llevaron,
si es que algo tenían que no fuera nada
antes de ser a la nada exiliados.
Nada traen al lugar del que partieron,
nada van a encontrar cuando a él arriben,
solo un cementerio de escombros,
una inmensa ciénaga de sangre.
Les han arrebatado todo, y nada les queda,
ni siquiera ese poco de nada que poseían.
Ahora, aún menos que nada tienen,
ni tierras, ni casas, ni seres queridos,
nada ni nadie en los que refugiarse,
ni unas semillas de algo o de nada
con las que sembrar un poco de vida.
Ya ni recuerdos ni esperanzas atesoran,
tampoco ese desolado paisaje entre rejas
en el que malvivían a cambio de nada,
en el que malvivirán tendidos sobre la nada.
Sus vidas están destrozadas y vacías,
sin nada que echarse a la boca
ni nada en lo que poder creer,
nada con lo que poder soñar,
que nada fueron alguna vez,
nada son hoy ni serán mañana,
si es que nada lo remedia.
A los gazatíes desplazados que regresan a su tierra, en la que ya no tienen nada
Para escuchar…







