José Molina: «Una voz imprescindible en la poesía contemporánea española»

ANÁLISIS DE MI TRAYECTORIA LITERARIA ELABORADO POR LA ASOCIACIÓN MADRILEÑA DE ESCRITORES Y CRÍTICOS LITERARIOS (AMECL)

A raíz de la publicación de mi nuevo poemario, Más que palabras (Ediciones Rilke), me he encontrado con la grata sorpresa de un minucioso y completo análisis de mi trayectoria literaria elaborado por la Asociación Madrileña de Escritores y Críticos Literarios (AMECL), en el que se afirma, ni más ni menos, que «José Molina Melgarejo (Granada, 1956) es mucho más que un escritor: es una voz imprescindible en la poesía contemporánea española». Casi nada.

A esta perla descriptiva, se añaden otras muchas, como la que hace referencia a mi «legado literario», del que señala que «se construye sobre la premisa de que “la poesía no es un adorno de la existencia, sino su médula”. Su obra trasciende los géneros tradicionales, abarcando desde la poesía testimonial hasta la narrativa sentimental, pasando por la prosa poética y la autobiografía emocional. Como él mismo se define: “Soy un aprendiz de escritor con alma de poeta”. Esta declaración resume perfectamente la esencia de su propuesta literaria que integra múltiples formas expresivas bajo una voz poética unificadora».

Igualmente me es imposible pasar por alto esta otra referencia que hace de mí como escritor: «A diferencia de muchos autores contemporáneos que se especializan en un solo género, Molina Melgarejo ha desarrollado una obra que integra poesía, narrativa y prosa autobiográfica bajo una voz coherente. Esta versatilidad lo distingue de otros escritores de su generación».

Para concluir con este completísimo análisis que ha realizado la AMECL, en el que se diseccionan casi todos mis libros de narrativa y poesía, solo resaltar esta especial valoración de mi estilo poético, que, según su punto de vista, «se caracteriza por la ausencia de “pose y grandilocuencia” y por su apego a la tradición poética española, reconociendo influencias de “Bécquer, Machado, Hernández, Darío, Rosalía o Lorca”. Su obra mantiene “todos aquellos elementos inherentes al arsenal lírico de los grandes poetas”, empleando “metáforas” y “figuras retóricas de rigor” con “ritmo y musicalidad”. Su procedimiento escritural utiliza recursos como la anáfora y se caracteriza por “versos sin rima, libres y sueltos”».

Si te interesa leer completo este exhaustivo análisis que la Asociación Madrileña de Escritores y Críticos Literarios (AMECL) ha elaborado de mi trayectoria literaria, puedes hacerlo en: https://www.escritoresycriticos.com/analisis-y-comparativa-de-los-mejores-libros-de-jose-molina-melgarejo-entre-la-autenticidad-poetica-y-la-universalizacion-de-lo-particular/

El laberinto de la memoria

Para escuchar…

Para leer…

Estoy enredado en el laberinto de mis recuerdos. No sé de lugares ni de tiempos. No sé de espacios ni de horas, de minutos y segundos. No distingo el todo de la nada; tu nombre del mío, tu mirada de la mía, el perfil de tu rostro ni la silueta de tu cuerpo. No recuerdo el roce de tus labios ni la dulzura de tus manos agarradas a la mías, apretándolas fuertemente hasta nunca decir basta. No sé si estuviste o no, si fuiste realidad o solo una imagen trazada en el aire.

No sé por qué estoy ni por qué dejo de estar, cuál es mi mundo o cuál fue. Todo es confuso y borroso, como si se hubiera desvanecido el sentido de la claridad, la efímera frontera que separa las luces de las sombras. He perdido el tacto para saber que estás cerca, el olfato para inhalar el perfume que emana de tu pelo, el oído para escuchar la dulzura de tus palabras cuando me susurraban «te quiero». Ahora ya no sé si mi boca engulle el amargo sabor de la vida o el dulce resplandor de la derrota. A veces hasta dudo de las dudas que me hacen dudar y que jamás consigo aclarar.

En este laberinto de mi memoria no encuentro llegadas ni salidas, un rincón por el que escabullirme hacia cualquier parte, por el que escapar en busca de cualquier vida, de la que tuve o de la que ya no tengo. No puedo seguir viviendo sin vivir en este maldito enredo en el que se confunden rostros, nombres, fechas, lugares y sentimientos, en el que, si tú ya no estás, ya nada tiene sentido, pero si en lo más hondo de mi memoria sé que nunca te fuiste, quizá en cualquier instante vuelva a recobrarte en alguno de mis apacibles sueños

A los enfermos de Alzheimer, aquellos que, poco a poco, van sintiendo cómo su memoria va lentamente desvaneciéndose, y con ello todos esos recuerdos que dibujan la historia de su vida…

«Tú me quieres blanca», de Alfonsina Storni

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua.

Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

Alfonsina Storni (Capriasca Suiza, 2-5-1892 – Mar del Plata, Argentina, 25-10-1938)

Sin palabras

A las víctimas inocentes e Irán y Palestina

Para escuchar…

Para leer…

Me he quedado sin palabras.
El horror las ha borrado todas.
Mi garganta está reseca;
ya solo me quedan miradas
gimiendo desde la distancia
la tragedia que no cesa,
el crimen que no se detendrá
hasta que nada quede.

Solo acierto a ver niños
con metralla en el corazón
y balas de odio en la cabeza,
clamando a voz en grito
que maten su hambruna
con granadas de pan,
que empapen sus bocas sedientas
con misiles chorreando agua.

En esta barbarie que se desangra,
que me deseca la razón
y me nubla el juicio,
solo atisbo mujeres preñadas,
con un terrible dolor a cuestas;
sus vientres henchidos de lágrimas,
penando que nunca darán a luz,
que una puñalada los ha apagado.

Sin palabras que echarme a la boca,
ante mis doloridos ojos
desfilan hombres sin nombre,
sin patria ni horizonte,
con sus almas arrancadas de cuajo,
llevando entre sus brazos
criaturas con sus vidas sesgadas,
ejecutadas a golpe de plomo.

Este espanto que me atenaza
apenas si me deja ver en sombras
tierras baldías que se agrietan,
rezumando un hedor a muerte,
casas y recuerdos que se derrumban,
un cielo envuelto en nubes de pólvora,
paisajes ardiendo en llamas
que se van reduciendo a cenizas.


Me he quedado sin palabras.
El horror las ha borrado todas.
Solo me quedan gritos mudos
que tal vez no se escuchen,
murmullos estériles
que imploran de rodillas
que se detenga aquí y ahora
esta locura sanguinaria.

Incluido en el poemario inédito Al otro lado de mí

Los enigmas poéticos del amor y la muerte en José Molina

Al leer la poesía de José Molina, uno se siente en un lugar familiar cultivado de intimidad y nostalgias. Los grandes temas de la poesía: el amor, la pérdida y la muerte, se reinventan en el poeta y entrelazan con la cadencia suave del mar y la memoria. Las metáforas corren libremente por el prado de los poemas de Molina, atravesando el viaje de las emociones en un tránsito hacia el recuerdo, el deseo y la aceptación de lo efímero. Su lenguaje, delicado pero cargado de profundidad, evoca un universo en el que lo cotidiano se vuelve símbolo: el oleaje, la arena, los labios, el cuerpo amado, voces que se apagan como barro y van quedando mudas… Adentrarse en la poesía de nuestro autor andaluz, es poder contemplar el amor y la muerte no como un punto fijo, sino como un paisaje cambiante a lo largo del tiempo y los afectos que construyen su poesía. Una voz contemporánea con tintes clásicos con la que tenemos el placer de contar en este nuevo número de Palabra que dormía.

Preciosa reseña publicada en la revista digital Palabra que dormía, junto a una selección de poemas míos y una semblanza.

«Poema para un niño de espuma», de Pilar Lojendio

Luego llegaste tú
cuando nadie te esperaba,
me habían dicho
que estabas ya muy lejos
y que habías visto pocas veces
las estrellas.
¡Cómo sonreíste al llegar
a mi lado!
¡Y que lejano ese tiempo!

Hoy tu mirada
son sólo reflejos del trigo
y tu ancha sonrisa
se perdió en las nubes.
Sin razón alguna
no volví a conocerte,
cambiabas de rumbo
detrás de cada esquina
y tu recuerdo quedó dormido,
y llovía un agua clara
azulada de asombros.

Ya nada era lo mismo
pero tú seguías
viviendo en la carne enamorada,
y en los ensueños tontos.
Yo sé que un día volverás
y que tendrás alunadas
las manos
y los pies serán tristes,
y que la mirada
te la haremos nosotros
de nuevo.

También sé
que jamás fuiste a la escuela
y que no canturreaste
ni tablas ni oraciones
y que sueñas
detrás de las montañas
en jugar con otros niños,
pero...
quizá no volverás
ya nunca
y tu mirada
se habrá perdido
para siempre.

Nada puedo explicarte,
nada con lo que tú
no hayas soñado.
Yo te acuné ya entonces
tiernamente,
luego te hiciste mayor
y jugamos juntos en el monte
cercano.

Te recuerdo con el pelo revuelto
y cantando tan alto
que dabas risa,
pero estabas guapo
y me traías agujas de pino
y mucho sol
en tus piernas sucias.

Seguramente, más allá
habrás tenido amigos,
te habrás dado tú mismo
en las estrellas
al llegar la noche
y habrás querido tener
tu propia sonrisa
y tu propio nombre
hecho sonido
en los labios de la gente,
y habrás querido ser,
y tener una semejanza
y un color moreno
descansando en tu piel.

Viniste
extrañamente repetido.
Sanamente,
pudiste ser hermoso
como son los demás,
con tu voz crecida desde dentro
pidiendo el pan
de la mañana.

¡Te amamos tanto!
y tus manos suprimiéndolo todo
deshojándolo todo
y los ríos corriendo
con tu nombre a cuestas,
alejándolo cada vez más.
Y mis ojos no te vieron seguir,
solo vieron
inclinarse el camino
hacía las sombras.

Volverás,
volverás otra vez
de la mano de tu padre
jugando a la pelota
y yo saldré entre la hierba fuerte,
donde nadie me vea,
donde mi voz carezca de importancia,
y tú te mecerás en mis rodillas.

También tropezaste
y removiste tu tristeza
entre las piedras,
y pensaste que un día
podrías alisar mi falda
con tus manos,
y ver los rebaños de ovejas
acercarse lentamente
y los retoños de las plantas
crecer entre mis dedos.
¡Qué escasa el agua
que hace florecer todas las cosas!

Has tardado,
y ya no verás maduros
los frutos de aquella temporada
y las vides ya están secas,
pero tú y yo
plantaremos todo de nuevo
y justamente
daremos vino a los demás
y nos calzaremos
las cómodas sandalias
para partir juntos
a través de la tierra
y te enseñaré a descansar
en las desiertas playas
y te enseñaré a llorar
sin lágrimas prestadas.

Pero no te entristezcas,
son largos los caminos
pero tu paso es joven
y es fuerte tu mirada,
duerme ahora
y descansa en la locura
de los otros,
duérmete en las abejas
y en los ríos sin nombre,
duerme en tu estatura
sin hacer,
duerme en el regazo
de todas las madres
y fórmate de estrellas
y de nubes,
duerme, descansa hoy
para venir mañana.
Y no estremezcas
la espuma de tu cuerpo.
Sí, no olvides
que las almendras formarán
tu cuna
y acuérdate siempre de mis rosas,
ya entreviste un día
la mañana
y había cosas ciertas,
para ti siempre habrá una mentira
pero será cierta entonces,
para ti yo seré...
no sé,
quizá solamente raíces.

Tú pondrás nombre
a las plazas
y pondrás nombre
al atardecer
y llamarás a las cosas
y te envolverás en plumas
de cisne.
Ciertamente
se ha elevado la luna
demasiado
y nadie sabe repartir,
pero tú, pequeño ser de espuma
tú mismo, te repartirás
y nos darás tu ciencia enjuta
y limitada.

Primero jugarás,
primero cantarás,
primero olvidarás
que eres la dicha,
luego traerás marañas de pasión
en tus cabellos
y saldrás a perseguir lechuzas
por las noches,
y yo siempre esperaré tu vuelta
y con la unidad de la tierra
tan cerca
que termina olvidándome de ti.

Incluido en «Invierno de la piel» (Colección Poesía, Gobierno de Canarias, 1990)

Pilar Lojendio Crosa (Santa Cruz de Tenerife, 23-5-1931 – 24-7-1989), poeta canaria

Siempre

Te quise siempre.
Antes de conocerte,
antes de saber de ti,
antes de perderme
en el hermoso bullicio
de un amor sin anclajes.

Siempre te amé.
Te amé antes
y después de amarte,
antes de no tenerte
ni lejos ni cerca,
antes de ser parte de mí.

Siempre fui tuyo.
Antes de ser yo
y después de pertenecerte,
antes de no tener dueño,
de ser de nadie
que no fueras tú.

Siempre estuviste en mí.
Antes de no sentir que estabas
y después de sentirte en mí,
antes de ignorar tu existencia,
de saber que nada era
si tú no existías.

Siempre supe
que siempre te querría,
que nunca dejaría
de querer quererte
en cualquier lugar
y en cualquier instante.

Poema incluido en el libro Del amor y otras locuras (Seleer,2021)

Flamenco

Se me escaparon suspiros
a lomos de bulerías
que ardían por dentro
y palmeaban por fuera
como si les fuera la vida en ello.

Tiempo tardé en volver a sentirlos,
el que tardaron en traerme
un ramillete de alegrías
envuelta en rosas de encaje,
y un puñado de tanguillos
con olor a hierbabuena.

Acurrucados entre tarantas, 
cuando la madrugada acechaba 
dejaron acunarse por soleá,
al ritmo de farrucas y martinetes
que a la amanecía
se disfrazaban de tarantas.

¿Dónde están esos tangos?,
clamaba la alboreá.
¿Por qué no vienen a verme 
para alumbrarme la mañana,
que la granaína se ha quedado a medias
y a la seguiriya le duele algo?

¡Traedme un sorbito de verdiales,
un cucurucho de fandangos
y, entre jaleo y jaleo,
una zambra gitana
con sabor a chufla 
que me incendie el alma! 

¿Por dónde verdean las malagueñas,
las cartageneras y las colombianas?
¡Que vengan a por las guajiras
que crecen entre cañas, 
serpentean por serranas
y acunan la noche estrellada
con un puñado de saetas! 


De mi poemario inédito Al otro lado de mí