Perdón

Ilustración: Marcecalvillo

Perdóname…

por haberte amado tanto,

por haber clavado mis besos

en el silencio de tus labios.

Perdóname…

por creer que nada tenía sentido

sin escuchar los latidos de tu vida

deshojándose a mi lado.

Perdóname…

por haber escapado del infierno

para adormecerme cada noche

en las dulces entrañas de tu paraíso.

Perdóname…

por haberme bebido tus lágrimas

hasta saciar la sed

que en tu ausencia me ahogaba.

Perdóname…

por haberte palpado indeciso

hasta descifrar tu cuerpo

con mis temblorosas manos.

Perdóname…

por haberte buscado sin tregua

para refugiarme exhausto

en el sosiego de tu aliento.

Perdóname…

por buscarte desesperado

en la oscura ceguera de mi alma

hasta hallar la luz de tu mirada.

Perdóname…

por no haberte dicho te amo,

a cada segundo, a cada instante,

como si no existiera el resto del tiempo.

Poema incluido en los poemarios «Del amor y otras locuras» (Seleer, 2021) y «Reverso y anverso» (Libros Indie, 2022)

Canción a solas

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«Los amantes» (1928), de René Magritte (Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York)

Tú, tan solo tú, un anochecer suspirando y yo. Tú y yo, un espacio adormecido jugando entre ambos, el aire leyendo la despedida de la tarde. A solas tú y yo. Tímidamente a solas, entre paredes temblando como rosas de papel, tendidos nuestros corazones al pie de un rincón incendiado por una pasión llorando a solas.

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Canción sentimental

Foto: Kalhh

Si no me hablas, te hablo. Con una sola mirada te digo mi mundo, mi pasión y mis sueños. En un solo gesto te brindo silencio, la palabra que no llega y un eco de amor que sin decir nada lo expresa todo. Con una sola mano cuento hasta cinco, hasta cinco caminos que he de recorrer para llegar a este lugar y beberme el amargo milagro de encontrarme enfrente tuya diciendo solo tuya, nunca mía. Con una sola duda te muestro mi recuerdo, imborrable y sentido que, aun sin dejarse rozar, vuelve a penetrar en el sendero de emociones que no atiende a razones ni huidas.

Luces y sombras


Ilustración de Lindsay Stewart (CC)

Te busqué entre las sombras

que nublaban mis sueños,

y encontré la luz

en el destello sostenido

de tus tersas caricias.

Te busqué entre las luces

que cegaban mi alma,

y encontré refugio

a orillas de tus brazos

adormeciendo versos.

Te busqué entre las dudas

que ofuscaban mi mente,

y hallé amor y cordura

en la espiral que se agitaba

en el precipicio de tu mirada.

Te busqué entre quebrantos

que gemían desesperados,

y encontré sosiego

en el templado susurro

que emanaba de tu boca.

Te busqué entre las tinieblas

que envolvían mi vida,

y hallé cálido reposo

en el sutil resplandor

que irradiaban tus besos.

Viento

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Imagen: Christine Sponchia

El viento quiso ser brisa

y acabó siendo la raíz del aire.

Quiso sumergirse

en una eternidad infinita

y apenas si duró un suspiro de luz,

un suspiro de tiempo, rápido, nervioso,

vertiginoso e inquieto.

De por medio se mezcló la aurora,

el llanto y el silencio,

el recuerdo de un solo instante,

que fugaz apareció

y fugaz escondió su alma

entre el polvo y la niebla.

El viento quiso ser tiempo,

y acabó siendo nada,

cuatro pasos, dos miradas,

olvido perdido

en el mágico laberinto de un solo segundo.

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Miedo

Foto: Nino Carè (CC)

Me da miedo mirar hacia atrás. Incluso me da miedo mirar hacia delante. Me da miedo mirarte sin saber qué debo o qué debería decir. Tal vez sí lo sé, pero me faltan fuerzas suficientes para expresarlo todo, mi despierta sensación de amor, adormecida a veces, pero demasiado viva como para morir cualquier noche entre la suave cadencia de alguna melodía lejana y el grito profundo de un corazón que parece querer salirse de su propio vértigo y caminar él solo en busca de compañía.

Tiempo de silencio

Ilustración: Sara Molina

Se me fue el tiempo. Ni siquiera me despedí de él. Antes de que pudiera darme cuenta, ya se había ido sin decir una sola palabra. Es posible que en ese momento estuviera distraído o quizá mi mente anduviese perdida en la nada, pero su marcha me pilló a traición, con el paso cambiado y el corazón a punto de dejar de latir.

Quise

Foto: Jackson David

Quise decirte adiós sin poder.

Sin decirme nada te siento aún,

cercana, lejos,

inalcanzable, mía,

como vuelo que despega alto

dudando si volverá.

Quise olvidar tu pelo y tu mirada,

tus ojos de bruja indiferente,

de criatura amable

que habla de amor sin hablar.

Quise contarte mi vida,

mi vida a partir de ti,

mis sueños en ti y para ti.

Quise oírte y enmudecer,

como luz que apaga su claridad,

mientras su impulso

se mantiene vivo en la retina.

Quise imaginarte como yo quería,

y solo pude suspirar,

sentirme a tu lado

y desear por el resto del tiempo.

Para el «Día del padre»… del hijo, del primo o del cuñado

Si buscas un regalo especial para el «Día del padre», no olvides apuntar en tu lista de preferencias a «El Retrovisor». Este «paseo emocional por la memoria» es un libro ilustrado en el que cuento, en primera persona, recuerdos sencillos pero inolvidables sobre cómo era, especialmente en los años 60, la vida familiar, la vida en el barrio, en el colegio…, o cómo eran los juegos infantiles, las vacaciones, los programas de radio y televisión, la música, el cine, el deporte…, siempre con un tono afable y desenfadado. Todos ellos son recuerdos que nos pertenecieron durante un tiempo y que, de algún modo, nos siguen perteneciendo, porque sin ellos sería difícil escribir el corto o el largo relato del camino que hemos recorrido hasta ahora.

El Retrovisor. Un paseo emocional por la memoria (El ojo de Poe, 2019), 304 páginas.

http://www.libreriagaztambide.com/retrovisor-el-un-paseo-emocional-por-la-memoria

https://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/retrovisor-el-un-paseo-emocionante-por-la-memoria/molina-melgarejo-jose/9788412039467

https://www.todostuslibros.com/libros/retrovisor-el_978-84-120394-6-7

¿Por qué?

Ilustración: Kalhh

No quisiera morir en mí mismo sin antes intentar luchar por alguien, por ti quizá, si de verdad el destino acabase mediando entre nosotros, introduciéndonos en su diminuto mundo mágico, que en una décima de segundo es capaz de cambiar cualquier rumbo y aliviar el más extenuante cansancio.

Querría dejar de vivir por mí y para mí, sabiendo que detrás de alguna esquina invisible me esperas impaciente a que llegue, sollozo ligero que sería imposible apaciguar, borrando la cálida turbación que invade hasta en el último rincón de mi cuerpo.

Desearía, imposible razón, que secaras con toda la delicadeza de tus manos el sudor frío de mi frente, mientras un inimitable trasfondo de memoria comienza a renacer confundiendo la edad y el tiempo.

Desearía tenerte siempre junto a mí, obligándome con más fuerza que nunca a seguir manteniendo el persistente inconformismo de hoy para vislumbrar un futuro lejano o no, pero vivido siempre a cada instante, sin miedo a que no acabe llegando o que pueda destruirse con cada obstáculo difícil de salvar.

Querría infinidad de ilusiones hechas realidad, pero solo me resta concebir cientos de preguntas, de las que únicamente tú tienes la respuesta cierta.