Reencuentro

Ilustración: Anabel Aspesi
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Tenía la misma mirada traviesa y transparente que aún recordaba, unas cuantas arrugas de más, unos pocos sueños de menos… A pesar de los más de treinta años transcurridos desde la última vez que nos vimos, creo que hubiera podido reconocerlo entre una multitud. Pero no fue necesario. En medio de aquella calle gris y solitaria estaba él, Matías; bueno, Rodríguez, como lo llamábamos en el colegio, el «amigo del alma», aquel inseparable compañero de la infancia.

Tú y yo

Imagen: Lorraine Cormier

Avísame el día que despiertes, el día que vuelvas a nacer con una sonrisa y un suspiro de por medio. Llámame entonces con la fuerza de tus ojos, sin necesidad de alzar la voz ni de gritar al viento, que al final acabaría por devorar las palabras y conducirlas a lo más profundo de un abismo oscuro. Comunícame el repaso de tu vida, que con seguridad habrá de servir para crear en tu mente y tu deseo la diáfana visión de cada segundo siguiente. Avísame sin reparos, sin miedo ni timidez, con la firme seguridad en ti misma, en mí mismo, que aguardo prendido de mi imperturbable anhelo, sin querer moverme por si la fatalidad hiciera que no me encontraras en el lugar y el momento de siempre. Al pasar, juega a sonreírme y así sabré si, al final, puedo participar en el mismo juego regido por la regla del dos: tú y yo.

Me da que pensar

Me da que pensar,

el silencio me da que pensar.

Me da que pensar el grito,

la lluvia, el aire, el olvido.

Me dan que pensar tus ojos.

Tus pasos me dan que pensar.

Me da que pensar la gente,

el solitario, el viejo,

el ciego, el mudo.

La vida me da que pensar.

Me dan que pensar mis sueños,

mis años, mis sentimientos,

tus sentimientos, tus años,

tus sueños, que no saben andar,

que no quieren cruzarse en una mirada,

en una voz, en una mano,

en un suspiro que no cesa jamás.

Viento

Imagen: Christine Sponchia

El viento quiso ser brisa

y acabó siendo la raíz del aire.

Quiso sumergirse

en una eternidad infinita

y apenas si duró un suspiro de luz,

un suspiro de tiempo, rápido, nervioso,

vertiginoso e inquieto.

De por medio se mezcló la aurora,

el llanto y el silencio,

el recuerdo de un solo instante,

que fugaz apareció

y fugaz escondió su alma

entre el polvo y la niebla.

El viento quiso ser tiempo,

y acabó siendo nada,

cuatro pasos, dos miradas,

olvido perdido

en el mágico laberinto de un solo segundo.

¡Felices sueños!

Dibujo: Sara Molina

Todos los días, hacia las diez de la noche, Emilia, la mujer que cuida de Pablo, lo arropa cariñosamente y le pide, con igual cariño, que por favor cierre los ojos e intente dormir. Pero Pablo se hace de rogar y, sin decir una sola palabra, una y otra vez se niega a cerrarlos, a pesar de la paciente insistencia de Emilia. En realidad, lo único que hace Pablo es mirar a través del tragaluz que hay en el techo de la habitación y, mientras observa con asombro cómo brillan las estrellas, no para de gritar: «¡La mama, la mama, la mama…! Como siempre, Emilia trata dulcemente de calmar su incesante grito diciéndole con toda la ternura del mundo: «Julio, tu madre ahora no puede venir, pero quizá venga mañana».

Canción de sirena

Dibujo: Sergei Tokmakov

Allá en las orillas de un mar embrujado hay pescadores de sueños y caracolas de espuma. Los revuelos del viento de alzan hasta la altura de las alturas, y luego descienden posados en las alas de una gaviota. Hay una ingenua claridad de luces despiertas; sin duda ha comenzado a amanecer en la dorada cuna de la montaña. Se desvelan las aguas enlutadas en la noche, los peces coloreados de tanto contemplar el sol, y una sirena con trenzas de oro entona una llamada de amor en una lágrima huyendo.

Canción de los mares

Ilustración: Denis Azarenko
Imagen: Denis Azarenko

Sobre un velero cargado de dudas desesperada mi alma navega tras sus ansias desnudas. Surca las infernales olas, peinadas con tirabuzones y, cuando llega hasta el último aliento, se descubre flotando en un mar de girasoles. Se despliegan las luminosas velas que la bruma acaricia, se disuelve la niebla que en el aire agoniza. Mi alma se siente libre e inmensa, tan distante de sus baldíos amores, tan lejos de sus terribles pesares.

Canción sentimental

Si no me hablas, te hablo. Con una sola mirada te digo mi mundo, mi pasión y mis sueños. En un solo gesto te brindo silencio, la palabra que no llega y un eco de amor que sin decir nada lo expresa todo. Con una sola mano cuento hasta cinco, hasta cinco caminos que he de recorrer para llegar a este lugar y beberme el amargo milagro de encontrarme enfrente tuya diciendo solo tuya, nunca mía. Con una sola duda te muestro mi recuerdo, imborrable y sentido que, aun sin dejarse rozar, vuelve a penetrar en el sendero de emociones que no atiende a razones ni huidas.

La palabra

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Ilustración: Nile (Pixabay)

La palabra contiene la vida,

consuela la expresión del alma,

comunica con recelo

el agobio, la angustia,

una pasión, un sueño,

sentimiento.

La palabra ama la vida,

suspira bajo su regazo

soledad o compañía,

claridad o tiniebla,

alcanzar la muerte de la noche,

apresar el vértigo del día.

La palabra deslumbra la vida,

la engalana de estrellas,

de arrullos y piropos,

de alegrías y penas,

de baladas y tragedias.

La palabra canta la vida,

entona el silencio de la madrugada,

el sonido infinito del atardecer,

el susurro eterno del viento

que grita la búsqueda de tu mirada.

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Granada la roja

Avatar de palabradeescritor.blogPalabra de escritor

Yo sé que tienes el cuerpo

tendido bajo la nieve,

la mirada erguida,

los pechos ardientes.

Yo sé que tu pelo verde

se enreda entre vagas sombras,

mientras un fino hilo de agua

recorre tu cuerpo a solas.

Yo sé cómo emerges en la bruma,

izada en un barco de piedra,

surcando el alma de las horas

cuando tu torre de la vela se despliega.

Ya sé que tu boca brama

un grito de espuma roja,

como si te abrieras las venas

con alfileres de nácar.

Ya sé, luz de tinieblas,

cómo el brillo de tus huellas

asustado resplandece

cuando el sueño amargo te desvela.

PD

«La Alhambra y Sierra Nevada», el precioso cuadro que ilustra este poema, es de la pintora británica afincada en España Margaret Merry, cuyos dibujos de Granada pueden verse en su magnífico blog https://paintingsofgranada.wordpress.com

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