Relucen en mi lívida memoria las paredes encaladas de sueños del callejón angosto en el que me asomé a la vida un día lejano de otoño con olor a castañas y acerolas.
En su inmaculada blancura florean manojos de geranios verdes ceñidos en tiestos de tierra erguida, claveles reventones echando raíces en macetas ungidas de barro, azucenas enrejadas en balcones.
Por la mañana de luz mañanera desde lo alto se desploman destellos de suspiros celestes tiñendo de vívida alegría el requiebro de su estrecha cintura que zigzaguea de un lado para otro.
En su suelo de alfombra empedrada se trazan dibujos enredados que van y vienen, que vienen y van, mientras a lo lejos se escuchan los ecos ambulantes del traedor de higos chumbos recién cortados.
Por la tarde de siesta y ronquido un sol de justicia divina se desploma en lo alto de la azotea, hasta que un halo de brisa fresca rebrota en las hojas donde sestean ¡moras, moritas, moras!
En las noches preñadas de luna se descuelgan farolillos de estrellas para mirarse a escondidas en un hilo transparente de agua que corre sin miedo callejón abajo buscando un vocerío sin alas.
En el alma del callejón de Aguirre, a la sombra de la calle de Elvira, donde serpentean las Manolas, reverdecen las azucenas y los geranios, revientan a borbotones los claveles, dormitan mis más remotos recuerdos.
«Nos complace anunciar que nuestro querido autor José Molina Melgarejo ha sido elegido “Escritor del mes” en la prestigiosa revista WriterAvenue (edición agosto 2025). Con más de cuarenta años dedicados a la literatura y una veintena de títulos publicados, José Molina representa la pasión, la técnica y la sensibilidad en la poesía contemporánea.
En la entrevista exclusiva, Molina Melgarejo comparte detalles sobre su último poemario, Más que palabras, y nos revela su proceso creativo, sus referentes literarios y las emociones que inspiran su inigualable obra. La edición también ofrece una selección de poemas, recomendaciones de lectura y una mirada al espacio donde nacen sus historias.
Os invitamos a descubrir la entrevista completa y a sumergiros en el universo lírico de un autor imprescindible de nuestro catálogo.
¡Enhorabuena, José, por este merecido reconocimiento!». (Revista Poesía eres tú)
Una puñalada de fuego a traición bastó para herir al monte de muerte. Hoy yace desarbolado e inerte, con sus pastos llorando con desazón.
El fuego de esa voraz puñalada dejó desangrándose sus praderas, a cenizas reducidas sus dehesas, sus frondosas laderas devastadas.
Ya nada puede sofocar el fuego. El viento lo ha arrastrado monte adentro, la lluvia no se descuelga del cielo.
Allí donde brillaban herbazales ya solo quedan restos del incendio, humeantes y desecos pastizales.
Creen aquellos que asestan puñaladas de fuego que eso de matar montes no es más que un juego. Creen aquellos que igual da cuidarlos ahora que luego, que lo montes ardan no ha de producir desasosiego.
Estrambote del estrambote Muy contagiados andan de ignorancia quienes piensan que cuidar la naturaleza comporta una extrema y sofocante pereza, por lo que en atenderla muestran suma inoperancia.
A las tierras devastadas por los incendios, en cualquier tiempo y lugar
Poema incluido en el poemario inédito A cielo abierto
«En el universo de las letras españolas contemporáneas, donde a menudo se confunde la estridencia con la autenticidad, la voz de José Molina Melgarejo emerge como un río sereno que arrastra consigo la sabiduría de quien ha navegado por aguas profundas. Nacido en Granada en 1956, este poeta y editor ha convertido su existencia en un laboratorio donde las experiencias se destilan hasta convertirse en versos que trascienden lo personal para alcanzar lo universal. […]
Su obra poética revela una evolución constante sin rupturas traumáticas. Desde sus primeros versos hasta el reciente MÁS QUE PALABRAS, se percibe una maduración orgánica, un proceso de destilación donde cada nuevo poemario representa un paso más en la búsqueda de esa voz propia e inconfundible que caracteriza a los grandes poetas.
“La poesía no es un adorno de la existencia, sino su médula”, suele repetir Molina Melgarejo, y esta convicción impregna cada verso que escribe. Su poesía no elude los grandes temas de la condición humana: el amor y la pérdida, la soledad y la solidaridad, la belleza y el dolor, la esperanza y la desesperanza. Pero los aborda desde una perspectiva madura, despojada de pose y grandilocuencia, con esa honestidad emocional que solo alcanzan quienes han aprendido a mirarse sin complacencia.
Lo que distingue a este poeta granadino de muchos de sus contemporáneos es su capacidad para integrar lo íntimo y lo social sin estridencias. Sus versos sobre los migrantes que buscan una vida digna nacen del mismo corazón que alumbra sus poemas amorosos. Su indignación ante las injusticias del mundo se expresa con la misma autenticidad que su ternura hacia los seres queridos. Esta unidad de tono, esta coherencia emocional, convierte su obra en un territorio reconocible donde el lector encuentra siempre la misma voz, aunque hable de realidades diversas.
La Granada natal permanece como sustrato geológico de su imaginario poético. No es casualidad que un poeta formado entre las piedras de La Alhambra y los ecos de García Lorca haya desarrollado esa sensibilidad especial para convertir el dolor en belleza, la experiencia en canto. Pero Molina Melgarejo ha sabido universalizar su andalucismo, despojándolo de folclorismo para conservar solo su esencia: esa capacidad de encontrar trascendencia en lo aparentemente cotidiano.
Su presencia en redes sociales y plataformas digitales revela a un escritor consciente de su tiempo, que entiende que la poesía contemporánea debe conquistar nuevos espacios sin renunciar a la profundidad que siempre la ha caracterizado. Sus lecturas públicas, sus encuentros con lectores, su generosidad para compartir reflexiones sobre el oficio poético, lo convierten en una figura querida y respetada en el panorama literario español.
En MÁS QUE PALABRAS, su más reciente entrega, Molina Melgarejo alcanza una síntesis admirable de todos los elementos que han caracterizado su trayectoria: la honestidad emocional, la precisión técnica, la capacidad de conmover sin caer en el sentimentalismo, la habilidad para hablar de lo universal desde lo particular. Es el libro de un poeta en plenitud, de alguien que ha encontrado su voz y la ejerce con la autoridad que otorgan los años de búsqueda sincera.
José Molina Melgarejo representa hoy una de las voces más sólidas y auténticas de la poesía española contemporánea. En tiempos de ruido y banalización, su obra se alza como un refugio donde las palabras recuperan su poder de revelación, donde la poesía cumple su función más noble: la de ayudarnos a comprender qué significa ser humanos en este mundo complejo y hermoso que habitamos.
Su legado no se mide solo en libros publicados sino en corazones tocados, en lectores que han encontrado en sus versos el espejo donde reconocerse, la ventana desde la cual contemplar la realidad con ojos nuevos. Porque, al final, José Molina Melgarejo ha conseguido lo que todo verdadero poeta aspira: que sus palabras sean, efectivamente, mucho más que palabras».
En Viena hay diez muchachas, un hombro donde solloza la muerte y un bosque de palomas disecadas. Hay un fragmento de la mañana en el museo de la escarcha. Hay un salón con mil ventanas. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals, de sí, de muerte y de coñac que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero, con la butaca y el libro muerto, por el melancólico pasillo, en el oscuro desván del lirio, en nuestra cama de la luna y en la danza que sueña la tortuga. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals de quebrada cintura.
En Viena hay cuatro espejos donde juegan tu boca y los ecos. Hay una muerte para piano que pinta de azul a los muchachos. Hay mendigos por los tejados. Hay frescas guirnaldas de llanto. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals que se muere en mis brazos.
Porque te quiero, te quiero, amor mío, en el desván donde juegan los niños, soñando viejas luces de Hungría por los rumores de la tarde tibia, viendo ovejas y lirios de nieve por el silencio oscuro de tu frente. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals del «Te quiero siempre».
En Viena bailaré contigo con un disfraz que tenga cabeza de río. ¡Mira qué orilla tengo de jacintos! Dejaré mi boca entre tus piernas, mi alma en fotografías y azucenas, y en las ondas oscuras de tu andar quiero, amor mío, amor mío, dejar, violín y sepulcro, las cintas del vals.
Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, Granada, 5-6-1898 – Víznar, Granada, 18-8-1936), poeta, dramaturgo y prosista andaluz, adscrito a la Generación del 27.
«Diario de un adolescente en prácticas nos ha sorprendido gratamente. Son relatos divertidos e inteligentes, escritos con habilidad y solvencia. La premisa es curiosa: el interés súbito por saber por qué uno es como es y cuál es nuestro lugar en el mundo, y el convencimiento de que la respuesta se encuentra en esa etapa fabulosa y mítica en la que dejamos de ser chiquillos y empezamos a navegar las aguas de la adultez: la adolescencia. Probablemente no sea así, pero tiene sentido pensarlo. Pero ¿acaso nos acordamos con precisión de todo cuanto aconteció o solo hemos retenido en la memoria aquello que corrobora nuestras ideas preconcebidas? Se establece entonces un curioso juego de realidad y ficción en donde desconocemos qué forma parte de la verdad y cuánto corresponde a la imaginación del narrador y protagonista. Todo lo anterior es meritorio e interesante, pero de nada valdría si no dieran lugar a unos relatos que son siempre divertidos y gratos de leer. La voz narradora es perspicaz e inteligente; una fina ironía y humor se hace siempre presente. Es también, por momentos, tierna y conmovedora, y no resulta difícil sentir una profunda empatía y conexión ante las situaciones descritas. Es una curiosa obra, en definitiva, que funciona perfectamente en más de un nivel: entretiene por medio de una lectura fácil que fluye y puede llegar a un público amplio, pero también provoca alguna que otra reflexión de calado» (Editorial Terra Ignota)
Detrás de una densa cortina de humo se escucha el murmullo de un bosque ardiendo. Un voraz fuego lo está consumiendo, sus troncos se derriten como brumos.
Las llamas han arrasado el paisaje, reduciendo su floresta a cenizas. Por sus verdosas venas se desliza un fuego que calcina su ramaje.
Ya nada queda del bosque frondoso, ni las aves que por él merodeaban, ni los surcos de un terrenal boscoso.
El fuego ha devorado a bocanadas un sutil trozo de naturaleza, que ahora respira yerma y abrasada.
¿Dónde se esconden los que no lo cuidaron, aquellos que para otro sitio miraron cuando un poco de ayuda clamaron las hondas raíces del bosque que abandonaron?
Estrambote del estrambote Como buen estrambote, debió ser este risueño, mas fue mencionar fuego y quitárseme el sueño. De modo que sin fisuras rehúyo y desdeño hacer de un bosque quemado un mordaz leño.
El tiempo de la felicidad se marchó de puntillas y ya no se escucha a lo lejos su alborozado cimbreo, ese que iluminaba cada noche una sonrisa de canela y un beso de raso fino, un déjame que me beba tu vida.
Se fue bajo un palio invisible para que nadie lo viera, sin una despedida, un quizá hasta luego, un tal vez vuelva algún día, dejando millones de versos escurriéndose como sierpes entre los dedos de las manos.
Sonaron tambores de guerra y salió despavorido a la busca de otras esquinas en las que alojar su tiempo, esas sonrisas y esos besos con los que colmaba quebrantos y amarguras, pasiones y desengaños.
La felicidad se marchó despacio, a horas intempestivas, sin que apenas se la oyese, no fuera a soliviantar a quien la cuidaba con celo ciñéndola a su pecho como si fuera un tesoro que no tiene precio.
Las noches de sueños en vela la echan de menos y no hay un solo segundo que no voceen quejidos rogando que vuelva por donde se ha ido, que aún no es momento de entristecer a solas.
El tiempo de la felicidad se detuvo sin permiso tallando en la oquedad del aire rasguños que ya no se curan, un manojo de palabras que se enmarañan en sí mismas dejando la boca y el alma secas y una vida sin vida.